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¿192 es menos que 20? Los países ricos parecen creerlo

24 juny, 2009 - Organismes internacionals, Portada

asamblea-onuRicardo García Zaldívar – Delegado de Attac España en la Conferencia de la ONU
La actual presidencia de la Asamblea General de Naciones Unidas (AG de NU) por el Padre Miguel, en ese puesto desde septiembre de 2008, es un hecho que quedará en el recuerdo de la Organización internacional asentada desde 1952 junto al East River de Manhattan. Y no tanto por la particular forma de comportarse de este sacerdote nicaragüense, que trata de hermano a todas las personas a las que se dirige, sean ordenanzas o embajadores, sino por haber conseguido, gracias a su tenacidad y empeño, que las NU celebren del 24 al 26 de junio en Nueva York una Conferencia sobre la crisis financiera y económica mundial y sus efectos sobre el desarrollo, con la participación de sus 192 países miembros.
Llegar a la realización de esta Cumbre no ha sido sencillo. Aunque la gran cobertura mediática otorgada a la primera reunión del G20 en Washington eclipsó prácticamente la Conferencia sobre Financiación del Desarrollo realizada en Doha dos semanas después, en la Declaración final de este encuentro internacional se consiguió introducir un artículo que instaba al Presidente de la Asamblea General (PAG) a convocar antes de abril de 2009 la Cumbre de Naciones Unidas sobre la crisis. El retraso sufrido en la convocatoria, que implicó incluso el aplazamiento de las fechas inicialmente fijadas a primeros de junio, refleja las dificultades que el PAG ha encontrado para llevar a buen puerto la iniciativa.
¿Por qué tales dificultades? Por una razón bien sencilla: los países más ricos no ven con buenos ojos que la AG de NU aborde los temas de finanzas internacionales ya que prefieren que se traten en espacios más controlados por sus gobiernos, como son las reuniones del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) o la Organización Mundial de Comercio (OMC). De hecho, la propia convocatoria realizada en Doha ha sido incluso utilizada para tratar de que la Conferencia de Nueva York se circunscriba a los efectos de la crisis sobre el desarrollo y renuncie a un tratamiento más amplio del tema.
Miguel D’Escoto ha conseguido a medias lo que buscaba. Ha dado desde luego un gran paso en la inclusividad democrática, que es como el mismo define el que la batalla por una nueva arquitectura financiera, económica, monetaria y comercial mundial se de en las Naciones Unidas -el G192- y no sea el G8 o el G20 quien decida. Pero, a la vista de las delegaciones que los países ricos han mandado a la Conferencia, encabezados por Secretarios de Estado en casi todos los casos, no se puede decir que el PAG haya conseguido que los debates se realicen al más alto nivel como se perseguía: los únicos jefes de estado o presidentes de gobierno que asistirán pertenecen todos a países del Sur.
¿Se puede esperar a pesar de todo resultados transcendentes de la Conferencia de Nueva York?. Partiendo de que la celebración de la misma ya es un hecho que puede ser considerado bueno para la mayoría del planeta, para valorarlo habrá que estar muy atento a los avances y retrocesos de las posiciones políticas e ideológicas defendidas por los distintos grupos de intereses presentes en la Cumbre de Nueva York.
Así pues, habrá que ver si salen triunfantes los que defienden que lo que hay que hacer es poner coto a la codicia de los agentes financieros, pero sólo para tratar de regresar a la situación existente antes de la crisis, sin que ello suponga poner en cuestión para nada las finanzas internacionales y el funcionamiento “autorregulado” de sus mercados. O si por el contrario se producen avances significativos en lo propuesto por los que propugnan limitar fuertemente la autonomía de estos mercados mediante normas estrictas y permanentes. Claro que para éstos tampoco se trataría de acosar demasiado a la industria financiera sino de limitar en parte sus excesos y evitar nuevas crisis.
Esta última posición sería grosso modo la incorporada en el informe de la Comisión de Expertos que ha coordinado Stiglitz, a petición del PAG, y que servirá de base a los debates de la Conferencia. Partiendo de una descripción muy crítica del sistema financiero actual, desilusiona bastante al final del informe la timidez de las propuestas. ¿O se trata más bien de un calculado posibilismo preñado de pragmatismo?.
Son previsibles por tanto algunos rifi-rafes en el desarrollo de la Cumbre de la ONU. Pero es importante que los que como en Attac defendemos que lo que se precisa es ir quebrando desde la ciudadanía el inmenso poder de las finanzas y sus mercados, vamos a tener al menos voz en la Conferencia de Nueva York. Y la usaremos para tratar de hacer ver a los allí reunidos que son prioritarios cambios radicales en el mundo, como modificar los modelos de desarrollo en el planeta para hacerlos mas justos y sostenibles.

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