La respuesta más simple

29 junio 2008 | Categorías: Unió Europea | 1.163 lecturas |

Susana Merino – ATTAC Argentina

Europa se pregunta si la opinión de un millón y medio de irlandeses deberá prevalecer sobre la de 500 millones de europeos. Desde luego que no si el resto de Europa tuviera el coraje de convocar a sus ciudadanos a una consulta como la realizada en Irlanda y los resultados fueran favorables a la aceptación del Tratado.

Pero no solo se trata de convocar a una consulta, como en rigor correspondería en oportunidad de comprometer la vida y el futuro de la comunidad casi más importante del planeta, sino de informar adecuadamente a su población de las ventajas (si las hubiere) y de las desventajas que generaría su aprobación.

El Tratado de Lisboa firmado por los 27 países de la UE en diciembre pasado trata en rigor de establecer por otras vías los principios constitucionales que fueran masivamente rechazados por los franceses y los holandeses hace ya tres años

En tal sentido Irlanda está dando una muestra de democracia que bien debieran envidiar los demás pueblos de Europa dado que al decir de la europarlamentaria irlandesa Mary Lou Mc Donald: “El pueblo es soberano en estas cuestiones. No son los partidos políticos los que tienen que decidir, ésta es una oportunidad única para que la ciudadanía ejerza sus derechos democráticos”,

Un rápido enunciado de algunos de sus objetivos deja bien en claro que este tratado es una nueva vuelta de tuerca dispuesta a garantizar el crecimiento económico de la Unión sobre la base de la profundización de las políticas liberales vigentes, lo que en modo alguno significa un desarrollo equitativo y una más justa distribución de la riqueza. Aspectos estos absolutamente ignorados en su texto.

Por el contrario, la reafirmación de los principios de competencia, de libre comercio, de libre circulación de capitales, de intensificación de la expansión empresaria a terceros países (léase Tercer Mundo), el genérico “derecho a trabajar” que en modo alguno asegura el derecho a “tener un empleo” ni garantiza el acceso a las prestaciones sociales, la opción de cerrar las fronteras a la inmigración, (lease nuevamente del Tercer Mundo) el incremento del poderío militar, además del apoyo a los ataques preventivos en todo el planeta etc. constituyen un conjunto de prescripciones que solo responden a los intereses de las grandes corporaciones en desmedro de las aspiraciones de la mayor parte de sus habitantes.

Este Tratado ya ha sido aprobado por 18 países por la vía parlamentaria, vía que por experiencia bien se sabe hace ya mucho tiempo que dejo de ser representativa de los intereses populares para pasar a formar parte del establishment que maneja en favor de unas pocas corporaciones las economías nacionales y mundiales y que carece por consiguiente de toda legitimidad.

En consecuencia, los resultados de la votación irlandesa ponen de manifiesto que duda cabe, que cuando se consulta al pueblo, los resultados son otros. Es de esperar que los demás países de la UE tomen debida nota de esta experiencia irlandesa, único país que ha respetado el derecho de su ciudadanía a expresarse libremente y decida encarar la democrática redacción de un nuevo tratado con la participación directa de sus ciudadanos y el objeto de que sean ellos mismos los artífices de su propio futuro sobre la base de una respetuosa relación con los demás pueblos del mundo.

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