Otra guerra por petróleo

29 agosto 2008 | Categorías: Articles, Internacional | 1.477 lecturas |

Juan Rodríguez - ATTAC Mallorca

Antes del ataque contra Osetia del Sur, el presidente georgiano, Mijaíl Saakashvili, estaba siendo cuestionado por sectores de la opinión pública de su país que ponían en duda la victoria conseguida en las elecciones de finales de 2007. El 7 de agosto pasado decidió atacar Tsijinvali, con el objetivo de recuperar el control sobre la república “rebelde” y de paso desviar la atención de la población. Ante la evidente inferioridad de su ejército, trató de aprovechar la ausencia del presidente y primer ministro rusos, que se encontraban de vacaciones el primero y en Pekín para asistir a la inauguración de los Juegos Olímpicos el segundo, para lanzar un ataque relámpago que le llevase a una rápida toma del enclave antes de la reacción rusa, con la confianza puesta en que pudiese mantenerla para cuando el ejército enemigo reaccionase.

Sin embargo sus cálculos fallaron. La respuesta de Rusia fue rápida y contundente y no se limitó a la recuperación de los territorios anteriores a la guerra, sino que se adentró en territorio georgiano para destruir posiciones estratégicas. Además Abjasia también aprovechó para recobrar, con el apoyo ruso, el valle Kodori que había sido recuperado por Georgia en 2006. La comunidad internacional criticó rápidamente este contraataque por entender que se inmiscuía en los problemas internos del país caucásico y EE.UU. brindó ayuda humanitaria con rapidez para paliar los efectos del conflicto. La escalada de acontecimientos llevó al reconocimiento por parte de Rusia de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia.

Hasta aquí está expuesta la crónica habitual de la mayoría de los medios de comunicación, pero un análisis más riguroso y profundo de los hechos nos muestra que en su exposición parecen haberse omitido varias datos que son de interés para la comprensión de las causas del conflicto.

En primer lugar, resulta impactante la temeridad del ataque georgiano. Ya se ha comentado que esperaban ganar posiciones rápidamente, aprovechando la sorpresa del ataque y confiando en una lenta reacción rusa, pero esto sólo podía servirle en una primera fase de la guerra. Es evidente que habría una respuesta que, dado el historial de Moscú, sería probablemente militar, como también lo es que Saakashvili conocía la inferior capacidad técnica y numérica de su ejército.

Por otro lado, Georgia es uno de los más firmes aliados de EE.UU. en la zona del Cáucaso, como demostró claramente en la Cumbre de Bucarest del mes de abril y su intento de incorporación a la OTAN o con las presiones de Washington para que se produzca un acercamiento entre Georgia y la U.E. Otro detalle que se ha omitido en muchas informaciones, es que este ataque hubiese comportado unas desastrosas consecuencias en el caso de que la adhesión de Georgia a la OTAN se hubiese hecho efectiva, ya que todos los países de la organización, entre los que se incluye España, hubiesen tenido que apoyar militarmente a Georgia para repeler el ataque ruso provocando un conflicto de impredecibles consecuencias. Este hecho debiera hacer como mínimo reflexionar a los responsables de la OTAN, pero sobre todo de la U.E., de la conveniencia de las ampliaciones a cualquier precio, incluyendo nuevos miembros que no cumplan unos requisitos mínimos.

Volviendo al hilo de la argumentación, es improbable que Georgia se hubiese atrevido a realizar este ataque sin calcular sus consecuencias, por lo que es de suponer que hubo algún contacto previo con EE.UU. en el que éstos le expresasen su intención de apoyarles después del ataque, como de hecho ha sucedido, aunque seguramente con mayor tibieza de la que hubiese deseado y previsto Tiflis. De hecho en la segunda quincena de julio se produjeron maniobras militares conjuntas, en las que participaron mil soldados estadounidenses.

Una vez planteada esta primera cuestión, surge otra inmediatamente: por qué tanto interés de dos potencias mundiales por este pequeño enclave, con escasa población, y situado en una república caucásica. El interés ruso podría basarse en la condición de país fronterizo con Georgia y con Osetia del Sur, pero no parece un motivo suficiente para intervenir en los asuntos internos de éste país militarmente y desde luego no es una justificación para el interés estadounidense.

Mucho más importante parece el hecho de que el oleoducto “Bakú – Tiflis – Ceyhan” atraviese el territorio georgiano. Este oleoducto es el único en el mundo que permite transportar petróleo del Mar Caspio y Asia Central sin atravesar países en conflicto o “enemigos” de EE.UU., como puedan ser Armenia, Irán o Afganistán.

Para Washington resulta de vital importancia el control del mismo, ya que es una forma de asegurar una salida directa al mediterráneo de unas de las mayores reservas mundiales de petróleo y disminuye la dependencia energética frente a Rusia, que es el país que controla los únicos oleoductos alternativos en la actualidad. Por otro lado, para Moscú representa una pérdida de influencia, ya que el transporte de crudo ha resultado una excelente herramienta de intervención en la política de terceros países, además de un lucrativo negocio.

Como conclusión, frente a las declaraciones de ambos bandos, en las que justifican sus acciones como de defensa frente a un intento de limpieza étnica, del derecho de autodeterminación de Osetia del Sur o de la integridad territorial de Georgia, las causas reales del conflicto son muy diferentes y, tal y como ya ocurrió en Afganistán e Irak, nos encontramos ante otra guerra por petróleo.

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