El desaguisado neoliberal

3 septiembre 2008 | Categorías: Crisi sistémica | 863 lecturas |

Francisco Morote Costa - ATTAC Canarias

Los resultados están a la vista: quiebras y pérdidas bancarias multimillonarias, inyecciones de dineros públicos al rescate de los bancos privados, gobiernos, como el británico, recurriendo, en flagrante y vergonzosa contradicción con lo predicado durante décadas, al expediente salvador de la estatalización o nacionalización… Todo antes que dejar que la crisis, con el fantasma del 29 al fondo, pase de la más o menos temida o admitida recesión a la pura y dura depresión económica capitalista. Ese es el panorama cierto del indisimulable desaguisado neoliberal.

¿Desaguisado?, Sí, porque la catástrofe financiera se traduce ahora, con la pérdida de actividad económica real, en desempleo para cientos de miles, tal vez para millones de trabajadores. Así es que la pregunta resulta inevitable, ¿cuál es la razón de este desaguisado neoliberal?

La respuesta más sencilla alude a la falta de control de los mercados, a la desreglamentación financiera que es la que ha permitido, de acuerdo con el pensamiento ortodoxo neoliberal, jugar a la ruleta rusa de la especulación, en busca siempre de las máximas ganancias posibles.

El desaguisado, según J. Fernández-Armesto, ex-Presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, tiene unos responsables, los gestores bancarios, “cuya ansia de enriquecimiento” fue la “causa de esta crisis”.

Ahora bien, por mucha responsabilidad que esos gestores hayan contraído en la presente crisis financiera, la responsabilidad no se agota en ellos porque, ¿cómo es posible que estos irresponsables pudieran actuar a su antojo creando un entramado de productos incomprensibles e insensatos sin que las autoridades gubernamentales intervinieran para frenar o corregir esas actuaciones?

Simplemente porque la palabra “intervenir” no figuró, porque fue borrada, en el diccionario económico y político del capitalismo globalizador y neoliberal de los últimos treinta años. Esa es la pura realidad, en esos largos años los gobiernos, de casi cualquier signo, del mundo capitalista (instituciones reguladoras bancarias, financieras y monetarias de carácter internacional brillaron por su ausencia), se abstuvieron de adoptar la menor medida que obstaculizase los movimientos especulativos del capital financiero, como la Tasa Tobin, o sus aventuras descabelladas en la búsqueda del mayor lucro posible.

Así es que no hay que culpar sólo a los mentados gestores, sino a los gobiernos y, por consiguiente, a los numerosos partidos políticos y a las instituciones internacionales neoliberales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que aceptaron y propagaron la dictadura de los mercados con todas sus consecuencias.

Especialmente triste y doloroso fue (y es), además, el papel de algunos partidos socialistas y socialdemócratas que no opusieron ninguna resistencia al pensamiento de ese signo, transigiendo con desregulaciones, privatizaciones y ataques al “estado del bienestar” recomendados por la ideología neoliberal.

En suma, bajo la presión de los poderosos intereses financieros y empresariales de los bancos, de las corporaciones transnacionales, etcétera, los Estados consintieron la vuelta a un verdadero dejar hacer decimonónico, que le permitió al capital privado campar a sus anchas por el mundo globalizado, con la promesa de que además de hacer más ricos a los ricos, como ha sucedido, se haría menos pobres a los pobres, como la realidad se está encargando de desmentir.

La idea de Maquiavelo de que “gobernar es hacer creer” triunfó una vez más. Desde que a principios de los años ochenta del siglo pasado: M. Thatcher, en el Reino Unido y R. Reagan en Estados Unidos, abrazaron la doctrina económica neoliberal, como la panacea capaz de resolver todos los problemas económicos, la mayor parte de los gobiernos del mundo, aún antes de la desaparición de la Unión Soviética, se dejaron arrastrar de forma acrítica por la teoría que condujo primero a los desastres económicos del sureste asiático, de Rusia y de numerosos países latinoamericanos, y que finalmente ha alcanzado también al corazón del sistema, Estados Unidos, Europa y Japón.

El desaguisado neoliberal acaba su ciclo en los mismos lugares donde se inició hace más de veinticinco años, en la City londinense y en el neoyorquino barrio de Wall Street. Por una vez el presidente Bush dijo la verdad: “No hay dudas sobre eso Wall Street se emborrachó. Se emborrachó y ahora tiene la resaca. La pregunta es por cuánto tiempo se mantendrá sobria, sin intentar hacer todos esos instrumentos financieros sofisticados”.

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