Pobreza: no una prioridad para la Unión Europea

20 septiembre 2008 | Categorías: Unió Europea | 745 lecturas |

Menos de la mitad de la ayuda al desarrollo aprobada por la Comisión Europea está explícitamente destinada a los objetivos internacionales de reducir la pobreza, reveló un nuevo estudio.

David Cronin - IPS Noticias

La salud y la educación tienen un papel central en los Objetivos de Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el Milenio, aprobados en 2000. Estos incluyen reducir sustancialmente para 2015 el analfabetismo, la muerte materna e infantil y la incidencia de enfermedades como el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), la tuberculosis y la malaria.

Aunque la Unión Europea (UE) se ha comprometido a financiar los esfuerzos para alcanzar estas metas, la Comisión (su órgano ejecutivo) parece darle menos importancia ahora a la educación primaria en países pobres que a comienzos de la década, según Alliance2015, una coalición de grupos de la sociedad civil contra la pobreza.

En su informe presentado este martes, Alliance2015 señaló que la proporción de toda la ayuda para el desarrollo destinada por la Comisión a la educación en el Sur en desarrollo cayó de cuatro por ciento en 2000 a 1,6 por ciento en 2006, año del que se tiene la última información disponible.

Mientras, la proporción de ayuda destinada a la salud creció de 1,5 por ciento a 2,8 por ciento en el mismo periodo. Pero el informe indica que se necesitará mucho más si la Comisión quiere cumplir su promesa de destinar un quinto de toda su asistencia a programas sanitarios y educativos en determinadas regiones.

“Si bien descubrimos avances estimulantes, todavía hay un largo camino para garantizar que la ayuda de la Comisión Europea funcione para alcanzar los Objetivos”, dijo el presidente de Alliance2015, Vagn Berthelsen.

“Tenemos miedo de que la salud y la educación sean olvidadas porque los donantes están más dispuestos a trabajar en sectores donde pueden beneficiar a sus negocios. La educación y la salud pueden no ser tan atractivos”, añadió.

Los compromisos totales de ayuda de la Comisión para 2006 fueron de casi 12.000 millones de dólares, alrededor de 20 por ciento de toda la asistencia al desarrollo financiada por la UE (que incluye a 25 países) ese año.

El informe también puso en duda si la ayuda de la UE estaba concentrada en los países más pobres. La proporción de la asistencia que destinaba en 2000 a las naciones consideradas “menos avanzadas” era de 34 por ciento, pero cayó a 27 por ciento en 2006.

Y, si bien los Objetivos incluyen un compromiso para reducir a la mitad el número de personas que padecen hambre, ninguno de los 123 “programas indicativos” que la Comisión elaboró como guía para las actividades de ayuda lo tiene como una meta específica.

La última evaluación de la ONU sobre la lucha internacional contra la pobreza concluyó que, aunque la proporción de niñas y niños desnutridos en los países pobres disminuyó de 33 por ciento en 1990 a 26 por ciento en 2006, esta tendencia no sería suficiente para reducir a la mitad el número de personas con hambre para 2015. Más de 140 millones de niños siguen desnutridos, según la ONU.

El foro mundial también informó que unos 38 millones de niñas y niños en edad escolar en África subsahariana no van a los centros educativos, a pesar de los sustanciales progresos en el incremento de las tasas de matriculación desde 2000. Otros 16 millones de niños no asisten a la escuela en Asia, aun cuando la tasa de matriculación llega a 90 por ciento.

Simon Stocker, director del grupo contra la pobreza Eurostep, con sede en Bruselas, sugirió que algunos funcionarios de la UE creían que los Objetivos podrían ser alcanzados simplemente ayudando a las economías de los países pobres. Es esencial que los resultados de la ayuda sean seguidos de cerca cuidadosamente, sostuvo.

“Quizás el crecimiento económico y de la infraestructura son una parte importante que contribuye a los Objetivos. Pero también hay que darse cuenta de que esto no necesariamente lleva a la reducción de la pobreza”, dijo.

El europarlamentario irlandés Gay Mitchell se quejó de que la ayuda a África no estaba siendo objeto de un examen democrático adecuado. Bajo un sistema creado por los gobiernos de la UE, la ayuda es primero canalizada a través del Fondo Europeo para el Desarrollo. Al ser éste administrado en forma separada del principal presupuesto del bloque, el Parlamento Europeo no tiene poderes para examinar cómo es usado.

Koos Richelle, presidente de EuropeAid, el departamento de asistencia exterior de la Comisión, coincidió en la importancia de seguir el rastro de la ayuda internacional del bloque.

La Comisión estuvo a favor de incorporar la asistencia a África en el presupuesto general de la UE por 15 años, pero esto fue rechazado por los gobiernos del bloque.

Richelle se preguntó si era correcto que activistas contra la pobreza insistan en aumentos en el financiamiento a escuelas primarias. “La educación básica es el evangelio de los donantes ahora, y es bueno poner la atención en esto. Pero vemos que la tasa de matriculación en algunos países es de casi 100 por ciento, y los jóvenes no tienen educación secundaria”, señaló.

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