Romper con la Omertá

3 octubre 2008 | Categorías: Unió Europea | 1.035 lecturas |

Bernard Cassen – Presidente de Honor de ATTAC Francia

El “no” irlandés al Tratado de Lisboa del 12 de junio de 2008 ha sido un verdadero mazazo para todos aquellos que pretendían relegar al olvido los “no” francés y neerlandés al tratado constitucional europeo (TCE) de la primavera de 2005. Se trataba en realidad del mismo texto remaquillado para la ocasión. Los electores de la República de Irlanda le dieron ciertamente la razón al señor Nicolás Sarkozy que en realidad no pretendía tanto… Declaraciones en “off” recogidas por el cotidiano británico The Daily Telegraph de fecha 15 de noviembre de 2007 (y no desmentidas por el Elíseo) había afirmado en efecto que “otros referendos sobre el nuevo tratado europeo serían peligrosos y en Francia uno similar, perdido, lo mismo que en el Reino Unido y en otros países”.

Según un proverbio chino, un mazazo genera lucidez. Al señor Sarkozy no le había hecho falta para predecir el “no” del 12 de junio… No obstante, como su secretario de Estado para los Asuntos europeos Jean-Pierre Jouyet que declaró hallarse “abatido” por los resultados, ni él ni sus colegas europeos, en un acceso de lucidez postraumática, dudaron un instante en encarar un cambio de rumbo. Aunque desde un punto de vista jurídico, el tratado de Lisboa está muerto, debido a la falta de unanimidad de los 27 firmantes, que sin embargo han llamado a continuar con el proceso de ratificación -por la vía parlamentaria, va de suyo- en los países que aún no se habían pronunciado, con la esperanza de hacerles cambiar su decisión a los irlandeses. Como lo señalaba un cronista del Financial Times analizando este encarnizamiento terapéutico, el Establishmen europeo “respondió al problema del mismo modo como lo había creado”: ¡el tratado debe entrar en vigor contra viento, marea…y también pueblos!

La apuesta no es menor: se trata de mantener y en lo posible fortalecer en el estado, la máquina europea de liberalizar. Los neoliberales – ya se consideren de izquierda o de derecha – han comprendido desde hace largo tiempo que solo vía Bruselas e invocando a Europa, podrían, hacer convalidar más fácilmente a sus conciudadanos país por país, medidas sistemáticamente favorables a las finanzas y de igual modo sistemáticamente desfavorables para los trabajadores.

La cuestión europea domina más que nunca a las demás. Debería por lo tanto ser tratada con carácter previo a cualquier proyecto o programa político de transformación social. Día a día, se ve que no es el caso, en el seno de la mayor parte de las fuerzas que en Francia, contribuyeron a la victoria del “no” el 29 de mayo de 2005.

La reticencia a plantear cuestiones iconoclastas, evidentemente lo explica puesto que tocan a la naturaleza misma de la construcción europea, no soñada sino realmente existente. La Unión europea (UE) ¿es todavía reformable en sentido democrático, social y sustentada en la soberanía popular? De modo que ¿no existe contradicción entre por un lado un marco jurídico e institucional calibrado desde sus orígenes para producir políticas neoliberales y por el otro, la puesta en marcha de políticas progresistas? ¿Podría este marco, mediante el simple juego de los procedimientos internos, engendrar otro radicalmente diferente? En plazos históricamente previsibles y en ausencia de un proyecto político ¿se puede contar tan solo con las luchas sociales, cuya dimensión paneuropea es todavía embrionaria, para frenar la liberal fuga hacia adelante de la UE? Finalmente, ¿se debe esperar lo que sea de la Comisión de Bruselas, de la Corte de Justicia de Luxemburgo, del Parlamento europeo y del Consejo, tomados en conjunto en materia de defensa de los servicios públicos, del rechazo al dumping social, fiscal y ecológico, de independencia de los EEUU, etc.?

Cuando enfrentan estos interrogantes la mayor parte de los responsables políticos que se dicen de izquierda sostienen implícitamente y a veces también explícitamente, falsas expectativas. Mientras que los que se dicen de derecha, se felicitan por contar con un dispositivo confeccionado para ellos a medida y aprecian en su justo valor la contribución espontánea de sus presuntos “adversarios”.

Esas confesiones o esos silencios no impiden sin embargo que la duda se instale entre algunos dirigentes. Pero están, en tal sentido, considerablemente retrasados en relación a una opinión pública que en su gran mayoría ya no se hace más ilusiones con las políticas europeas – y por lo tanto con las instituciones que se les impone – ya que cotidianamente sufre en forma directa sus aplicaciones nacionales. Pero ninguno de esos dirigentes osa prácticamente romper con la omertá, por un miedo pánico, alimentado por los medios, de ser catalogado como “antieuropeo”, “irresponsable” y obligado a renunciar en consecuencia a toda ambición gubernamental.

Sin preocuparse por el qué dirán de los “eurobeats” y alentando la libertad de palabra, la asociación Mémoire des Luttes y la revista Utopíe Crítique organizaron el 7 de junio de 2008 el coloquio Terminar con el euroliberalismo en la Universidad París-8. Dicho coloquio fue apoyado por el Instituto de estudios europeos de dicha universidad y en primer lugar por su directora la señora Mireille Azzoug. Los organizadores decidieron convocar no solo a destacados especialistas sino también a jóvenes investigadores y militantes de asociaciones que hubieren publicado aún muy poco. La edición de sus intervenciones destinadas a conformar una obra de educación popular es lo que contiene este libro.

La coyuntura ha querido que este encuentro se realice tres semanas antes del comienzo de la presidencia francesa de la UE (julio-diciembre de 2008). Se sabe que el señor Sarkozy había decidido iniciarla bajo el signo de una “Europa protectora” soberbio ejemplo de oximoron, de conjunción de palabras incompatibles, habituales en el presidente francés. Los siete primeros capítulos -respectivamente consagrados a la democracia, a lo social, a la ecología, al libre comercio, al euro, a la independencia con relación a los EEUU y a la ciudadanía – ponen de relieve el carácter absolutamente falaz de las promesas de la Unión en estos campos. Debido a que “otra Europa” es imposible en el marco institucional actual los dos capítulos siguientes exploran qué medios pueden ponerse en marcha para reemplazarlo.

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