Vulnerabilidad frente al poder fáctico del ‘offshore’

28 octubre 2008 | Categorías: Paradisos fiscals | 1.498 lecturas |

Juan Hdez. ViguerasCuadernos para el diálogo

La opacidad con que operan las entidades financieras en los mercados globales, como hemos analizado, viene ya siendo ampliamente aceptada como la causa última de la acusada inestabilidad bursátil iniciada en agosto de 2007 por la acumulación de impagos de las hipotecas subprime o del alto riesgo en los EEUU, que contagia la incertidumbre por el desconocimiento del volumen de las carteras de fondos respaldados por esos créditos hipotecarios en poder de grandes bancos e instituciones financieras. Y cada vez se generaliza más la conciencia de la amenaza de los fondos de inversión de alto riesgo o hedge funds como actores de crisis que las autoridades financieras de los países no controlan, porque las regulaciones nacionales no pueden suplir la ausencia de una regulación internacional; como subraya un estudio crítico de expertos europeos, las implicaciones negativas para la economía real de estas modalidades de fondos de inversión junto con las firmas de capital riesgo, gestionados casi siempre desde los centros offshore, que representan un peligro para el mantenimiento del acervo social comunitario y del estado de bienestar en Europa.

Porque es manifiesta la vulnerabilidad de los Estados europeos integrados en la Unión por su incapacidad para afrontar los riesgos que crea el sistema financiero globalizado para sus economías y para sus sociedades, teniendo en cuenta el marco establecido por la propia UE, que prohíbe las restricciones a las entradas y salidas de capitales, incluidas las derivadas de las adquisiciones empresariales de fondos soberanos propiedad de Estados extracomunitarios como China, Rusia y algunas monarquías petroleras. Unos riesgos planteados por las propias entidades financieras que, por su posible magnitud, sobrepasan las capacidades actuales de los Estados, como ponía de relieve la propuesta llevada a la reunión del ECOFIN de septiembre de 2006 en Helsinki sobre un posible plan de rescate (bail out) de entidades financieras de alcance europeo en casos de crisis financieras; un proyecto de socialización europea de riesgos y de pérdidas que en aquella coyuntura no obtuvo el acuerdo. Y como ejemplo de transmisión de los riesgos potenciales de la interconexión financiera, en el informe del ECOFIN referido en el capítulo tercero, la Comisión europea señalaba al sector de los seguros, en el cual Europa es un receptor neto de riesgos principales y extraordinarios derivados del terrorismo internacional y de los desastres naturales en otros lugares del planeta; algo que dependerá de la calidad de la gestión de riesgos por las compañías aseguradoras y de su adecuada monitorización y supervisión, decían los expertos de Bruselas.

El mundo de las finanzas representa un reto para los Estados miembros frente al cual no cuentan con el apoyo de una estructura institucional europea. “La UE es un actor principal en los mercados financieros globales, comparable a los EEUU”, con una cuota del mercado global entre el 20 y el 40 por ciento según los diferentes mercados, sobresaliendo en la banca comercial, afirma el documento técnico de la Comisión sobre la situación de la integración financiera europea de julio de 2006, que referimos en el capítulo tercero; y que destaca el crecimiento de su “posición inversora internacional”. Pero en ese análisis del avance de la integración europea en los mercados globales, los expertos de la Comisión advierten también que es “cada vez más importante la cooperación reguladora internacional”; sobre todo, por el doble efecto que este hecho puede tener sobre la estabilidad financiera, que es la preocupación prioritaria en los análisis macro de las finanzas.

Esta globalización -dicen- puede suponer efectos de signo negativo, como sería ofrecer canales potenciales para el contagio financiero en caso de crisis sistémicas, con sus secuelas de quiebras en cadena y aumento del paro. Recordemos que ese informe citado es muy anterior a la experiencia de inestabilidad financiera surgida de la crisis hipotecaria estadounidense de 2007″.

“Durante la ceremonia de Washington para la firma del acuerdo fiscal entre los EEUU y el Reino Unido referido a Islas Caimán, el entonces Secretario del Tesoro de los EEUU reconocía a estas islas como “el centro financiero más importante del Caribe y clasificado entre los mayores y más importantes centros financieros del mundo”. Y, asimismo, es un territorio muy influyente como reveló la convocatoria del United Nations Offshore Forum, que tuvo lugar en las Caimán en marzo de 2000, reuniendo a un amplio espectro de expertos de cuarenta y cinco jurisdicciones para lograr compromisos políticos sobre el antiblanqueo en la financiación offshore, que en realidad solamente sirvió para reforzar este sector de los mercados mundiales liderado por estas islas.

Y es sabido que las islas de Jersey y Guernesey-Alderney- Sark, así como la isla de Man, están muy ligadas a la City de Londres y al capitalismo anglosajón que contribuyó a su desarrollo como parte del mercado de los eurodólares en los sesenta y setenta. En particular, Jersey ejerce como un referente en las finanzas internacionales hasta el punto que durante la convención europea para la elaboración del non nato Tratado-Constitucional, sus defensores derrotaron la propuesta holandesa que pretendía modificar las bases jurídicas de su estatus europeo. Y desde hace más de veinticinco años, el presidente de la Jersey Financial Services Commission (JFSC) preside también el Grupo Extraterritorial de Supervisores Bancarios u Offshore Group of Banking Supervisors (OGBS), que actúa en realidad como grupo de presión sofisticada de estos centros offshore, asesorando el Comité de Supervisores bancarios del Banco Internacional de Pagos (BIS) en Basilea.

Además, desde antiguo la influencia europea del enclave alpino de Liechtenstein va unida sin duda a grupo bancario LGT, propiedad de la familia reinante, y con representaciones en “centros financieros bien regulados” como Hong Kong, Singapur, Bahrein y hasta veintiocho plazas financieras de Europa, Asia y América. Por no mencionar, la influencia social mundial que representan las competiciones del TT motor de Man y de los premios automovilísticos de Mónaco y San Marino, con los millones en juego en este tipo de eventos que reflejan su capacidad financiera y su influencia sobre centros de decisión en el plano europeo. Más el poder que representan los propios operadores globales que se benefician directamente de estos centros financieros para no residentes.

El hecho de que dos territorios del Caribe, como las Islas Vírgenes Británicas y las Antillas Holandesas, aún no hayan penalizado como delito la financiación del terrorismo, solo resulta explicable por el poder autónomo y soterrado en las finanzas, que se refleja en la red de centros offshore del Caribe y del Pacífico. Además del potencial financiero de estos microestados caribeños de iure o de facto, no se puede seguir ignorando la sociología política de las finanzas, porque sus minorías dirigentes y las grandes consultoras-auditoras representadas en esas jurisdicciones mantienen estrechas relaciones con la gran banca y las grandes entidades financieras junto a su acción externa como lobby en centros de decisión político-financiera. Más aún, en los procesos de las decisiones europeas que han llevado a la situación actual de la Unión, no resulta descabellado intuir la intervención de poderosos grupos de intereses bancarios y de compañías aseguradoras como beneficiarios directos de la disponibilidad de esos paraísos fiscales europeos; sobre todo, si tenemos en cuenta que actualmente en Bruselas habita una fuerza laboral de 15.000 profesionales “lobbystas” entre las 2.700 entidades internacionales y de defensa de intereses específicos radicados en esa capital dedicados a la presión sobre altos funcionarios y miembros de las instituciones europeas, en particular sobre la Comisión, según cuenta, entre otras fuentes, la ONG estadounidense Corpwatch.

¿Es posible otra Europa? ¿Por qué se mantiene el singular estatus para estos países y territorios europeos mencionados, que les permite obtener pingües beneficios de las economías europeas sin estar sometidos a las obligaciones comunitarias? ¿Por qué en lugar de la armonización fiscal se acepta la competencia entre los socios europeos que condiciona las políticas de sus gobiernos? ¿Por qué la UE es solo un espacio financiero sin supervisor común y sin fronteras exteriores para el capital? Son interrogantes que hay que plantear desde una nueva perspectiva europea de futuro. Desde luego, una de las primeras respuestas posibles es porque las relaciones privilegiadas que les ha otorgado, la CE primero y la Unión después, han suplido su incorporación formal en la práctica, dado su disfrute de los beneficios de la Unión sin pérdida de su autonomía política para explotar la posición relevante alcanzada en las finanzas”.

Juan Hdez. Vigueras es miembro del Comité Científico de ATTAC España.

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