De lo que no se habla en la crisis financiera

1 noviembre 2008 | Categorías: Crisi sistémica | 1.226 lecturas |

Vicenç NavarroSistema Digital

La mayoría de artículos que han aparecido en los medios más importantes de información españoles explicando la crisis financiera actual iniciada en EE.UU. se han centrado en el comportamiento bancario que, al no estar sujeto a una regulación y supervisión rigurosas, ha realizado prácticas que, siendo muy beneficiosas y rentables para sus dirigentes y accionistas, han llevado a la economía mundial al borde de una depresión.

Tal énfasis, sin embargo, es insuficiente para entender la crisis actual, puesto que ésta está relacionada con una gran escasez de la demanda que antecede a la crisis financiera y que contribuye a la falta de resolución de la crisis financiera. Me explicaré.

Las políticas públicas llevadas a cabo durante los últimos treinta años (que incluyeron la desregulación de los mercados laborales y la reducción de los salarios y de la protección social) han producido una enorme polarización de las rentas a nivel mundial. Las desigualdades sociales entre los países y dentro de cada país han aumentado enormemente. Nunca desde los años veinte, al principio de la Gran Depresión, había existido tal polarización. En EE.UU., donde se inició la crisis, los salarios han ido descendiendo desde mediados de los años setenta de manera que el salario promedio de una persona de unos treinta años es un 12% más bajo hoy que hace treinta años, y ello a pesar de tener mayor nivel de educación y haber crecido su productividad un 68% durante tal periodo. Este descenso salarial ha sido particularmente acentuado desde el año 2000 para el 80% que no son empleados públicos. Este descenso salarial se intentó compensar, a fin de mantener el nivel de renta familiar, primero con un aumento de los miembros de las familias que trabajan (mediante la integración de la mujer al mercado de trabajo), y después con el alargamiento del tiempo de trabajo, siendo EE.UU. el país en el que el empleado trabaja más horas al año (350 horas más al año que el promedio en la UE). Así y todo, llegó un momento en que las familias comenzaron a ver descender su renta familiar, pudiendo mantener su nivel de vida gracias al endeudamiento, pidiendo préstamos a los bancos y agencias de crédito, que podían conseguir utilizando sus viviendas como avales. Su estándar de vida pasó así a depender de un gran endeudamiento familiar, avalado por el elevado precio de su vivienda.

Este descenso de los salarios se hizo a costa de un incremento espectacular de los beneficios empresariales. El enorme crecimiento de la productividad pasó a enriquecer primordialmente las plusvalías del capital. Como consecuencia, hubo un gran incremento de tales rentas, comparable al que ocurrió a principios de la Gran Depresión en EE.UU. El 1% de renta superior que tenía en 1980 el 8% de renta, pasó a tener un 20% de la renta total en 2007. Los ricos pasaron a ser mucho más ricos. Y esto puede crear un problema económico, puesto que los ricos, por mucho que consuman, tienen mucho más dinero de lo que necesitan, con lo cual invierten en aquellas actividades que producen mayores beneficios. Y es ahí donde entra la banca. Invirtieron en la banca en aquellas actividades, la mayoría especulativas, como las inmobiliarias, creando burbujas (es decir, situaciones de precios artificialmente altos) que les daba una gran rentabilidad. Tal burbuja benefició también a aquellos sectores de las clases populares en EE.UU. que tenían una casa, pues el precio creciente de su propiedad le permitía tener un aval mayor para conseguir un mayor préstamo del banco y cajas de crédito. Y para los que querían comprar una casa, tenían acceso fácil a hipotecas (debido a la baratura del dinero, pero también resultado de prácticas frecuentemente deshonestas de las compañías promotoras).

Ahora bien, toda burbuja explota. Y la inmobiliaria no fue una excepción. El precio de la vivienda era más de un 30% superior al que correspondía por las condiciones de oferta y demanda, y cayó en picado en EE.UU. Y de pronto, las familias que se apoyaban en el aval de su casa para conseguir crédito se encuentran con que tal aval no les sirve, que los bancos no se la aceptan y que tienen que depender sólo de su renta, sin contar con su crédito. Y ahí está el gran problema, que se está ignorando. Las ayudas se están dando a los bancos pero no a los ciudadanos que tenían su vivienda como el único aval con que conseguir un crédito. Y la familia estadounidense (no sólo la que debe una hipoteca, sino todas las familias) tiene un enorme problema de endeudamiento. No sólo no pueden pagar sus deudas con sus ingresos, sino que tampoco pueden endeudarse más. Y esta es la causa mayor del descenso tan notable del consumo interno y de la demanda, un problema mayor que se ignora pero que clama por una rápida respuesta, pues de no resolverse, las otras medidas de regulación e incluso nacionalización de la banca, tendrán poco impacto. De ahí que comience a haber una cierta concienciación en algunos sectores políticos de que no es suficiente la ayuda a la banca. Se necesita un nuevo New Deal como ocurrió durante la Gran Depresión con un programa de inversiones y gasto público que estimule tal demanda. Así, el Partido Demócrata ha pedido un nuevo New Deal de 150.000 millones de dólares en nuevas inversiones, no sólo en infraestructura física, sino también en transferencias y servicios públicos como sanidad (que crean mucho más empleo que en inversiones físicas, además de resolver los enormes problemas de la sanidad estadounidense). Lo mismo en Gran Bretaña, en la que el gobierno laboralista dirigido por Gordon Brown, además de gastarse 46.000 millones de euros en nacionalizar parcialmente los tres bancos principales del país ha propuesto una inversión semejante en los servicios públicos como sanidad, a fin de crear empleo.

A la luz de esta situación, es sorprendente que en España, el gobierno socialista se haya limitado a ayudar a la banca, sin que haya habido un plan de incremento de inversiones semejante al de aquellos países en actividades que creen empleo, como pueda ser en los servicios públicos. Antes al contrario, el gobierno ha indicado que la creación de un nuevo empleo público descenderá una tercera parte, manteniendo gran austeridad -excepto en el seguro de desempleo- en los presupuestos públicos que aumentará muy notablemente el déficit público social de las CC.AA. que alcanza la cifra de 85.000 millones de euros. Si Zapatero desea convertirse en un punto de influencia del socialismo internacional, debería prestar más atención a lo que otros partidos de centro izquierda hacen para poder satisfacer sus necesidades y resolver su crisis, no sólo financiera, sino también económica.

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