El fin de la crisis

11 septiembre 2009 | Categorías: Crisi sistémica | 722 lecturas |

Manuel Martínez Llaneza - Rebelión

¡La operación ha sido un éxito: hemos conseguido que parezca crisis lo que fue un saqueo! – El Roto

Parece que las autoridades competentes están considerando la conveniencia de decretar el final de la crisis. No está muy claro qué es la crisis ni quién es competente para decidir su finalización, pero se empiezan a lanzar globos­-sonda y en el momento oportuno ya se encargará la prensa de convencer al personal de que el mundo de la libertad, la riqueza y la felicidad se ha instalado de nuevo entre nosotros.

La formulación más extendida es que la crisis ha tocado fondo y empieza la recuperación, aunque el paro seguirá subiendo y se mantendrá en niveles altos algunos años más. Dicho así, sin el más mínimo rubor. Y uno se queda perplejo, no por el descaro, al que está acostumbrado, sino porque le parece innecesario y de mal gusto añadir el escarnio al robo. Pero debe haber algo más porque esta gente no se deja llevar de impulsos en sus manifestaciones públicas, aunque privadamente se estén partiendo de risa al ver la oposición de clase con la que se enfrentan.

Nadie se cree que síntomas como la evolución a corto plazo de la Bolsa o el valor de la derivada segunda del PIB puedan por sí solos servir de base para una predicción fiable: la historia de anteriores crisis muestra cómo se producen rebotes y cambios inesperados de estos indicadores; sólo un análisis serio de la economía real, que no se ve por ningún lado, podría fundamentar algunas conclusiones. Por el contrario, si algo ha puesto en evidencia la crisis, aunque ya fuera conocido, es que se puede ‘crecer’ y generar muchos beneficios produciendo cosas inútiles o excesivas, o incluso especulando sin producir nada, y que este modelo pasa factura en el momento menos pensado.

Y ¿a quién pasa la factura? Como también se ha visto claramente, lo hace a los más débiles, como siempre. Una crisis es la reorganización de un sistema, el capitalista, que no puede funcionar sin la explotación, el robo, la destrucción y la guerra, aunque sea capaz de destinar algunas migajas a algunos trabajadores del ‘primer mundo’, migajas que reclamará en cuanto su evolución natural, con el añadido de torpezas y latrocinios, también consustanciales, lo ponga en dificultades.

Hemos presenciado sin mayor escándalo la aportación de todos los recursos públicos posibles a los responsables inmediatos del desastre con la falaz justificación de que ‘ellos’ los distribuirían en forma de créditos y puestos de trabajo, lo que se ha revelado ilusorio. Por eso, ahora, cuando se han llevado todo lo posible, tienen interés en terminar la crisis, aprovechando la situación para sacar nuevos beneficios de la situación creada. El paro –como la explotación o el hambre- no son ya, para ‘ellos’, la crisis.

Probablemente algunos personajes, incluido el siniestro Díaz Ferrán, se ruborizarán al recordar su ingenuidad cuando estaban presos del terror al darse cuenta de que se les había ido la mano: algunos de ellos llegaron incluso a plantear la necesidad de refundar el capitalismo. Ahora, pasado el pánico inicial y recibidas las subvenciones, ven las cosas con claridad y optimismo: nadie, incluidos los sindicatos y partidos de izquierda, ha hecho nada por tocar sus intereses ni limitar su poder destructivo: la fiesta puede continuar, incluso la situación es propicia para una vuelta de tuerca más. Se ha vuelto a tratar de la sempiterna reforma laboral cuando es más que evidente que lo necesario es una reforma empresarial.

El gobierno español dice que va a subir impuestos para ayudar a los parados y el sistema pone el grito en cielo (tiene suerte, porque a Obama le ponen la hoz y el martillo los teocons para combatir su tímida reforma de la Seguridad Social). También es cierto que el gobierno español no tuvo el valor de plantear la subida de impuestos cuando estaba dando dinero a manos llenas a empresas y bancos, no fueran a asociarse ambas cuestiones.

Y aún dicen que lo de Estado de clase es un invento de Marx y Lenin.

Nota: Aunque he titulado el artículo El fin de la crisis, me he referido exclusivamente a su final. La finalidad está tan claramente expresada en el comentario de El Roto que lo abre que es innecesario añadir ningún comentario.

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