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La trastienda negra de los supermercados

2 Novembre, 2009 - Opinió

Sebastián Ruiz – Diagonal Paren el mundo que hay que reponer. Aquí y ahora. Pero antes puede elegir usted alguna de las cinco alternativas propuestas para abastecer su cesta de la compra: Carrefour (que también incluye a Día y Champion), Mercadona, Eroski, Alcampo y el Corte Inglés (con Opencor). Además, hay que sumar la distribución […]

Sebastián Ruiz Diagonal
Paren el mundo que hay que reponer. Aquí y ahora. Pero antes puede elegir usted alguna de las cinco alternativas propuestas para abastecer su cesta de la compra: Carrefour (que también incluye a Día y Champion), Mercadona, Eroski, Alcampo y el Corte Inglés (con Opencor). Además, hay que sumar la distribución que llevan a cabo las dos principales centrales de compra, Euromadi e IFA. Oferta del día: flexibilidad de horarios con salarios reducidos, variedad de productos nacionales e internacionales precocinados y congelados, y la venta de alimentos de comercio justo y de agricultura ecológica para limpiar la imagen. Irresistible y no es ficticio. Según el informe Expo Retail 2006, estas cinco grandes empresas y las dos centrales controlan el 75% de la distribución de alimentos en el Estado español. Mucho ha llovido desde que en 1957 abriera las puertas el primer supermercado. ¿Dónde queda el pequeño comercio? Para Esther Vivas, autora del libro Supermercados, no gracias, la respuesta está clara: en la cuerda floja. La activista catalana afirma que con la crisis actual muchas pequeñas empresas se han visto obligadas a colgar el cartel de ‘se vende o alquila’ por la fuerte competencia de las grandes cadenas de distribución de alimentos. Pero la situación ya era familiar. “A finales del año 1998 había 95.000 tiendas en el Estado español. La cifra en 2004 era de 25.000 establecimientos. Hay que hacer algo urgentemente y todo pasa por cambiar la lógica actual de consumo”, declara Vivas.
Cadenas de distribución
Isidro Jiménez, de Ecologistas en Acción y de Consume Hasta Morir, reflexiona sobre un aspecto fundamental y que, según él, queda a menudo en el tintero: la nueva gestión del suelo provocada por la apertura de nuevos centros comerciales. “El actual modelo de crecimiento urbanístico privilegia a las grandes superficies como opción de compra y como centro de ocio, así que el pequeño comercio, con todos los beneficios que éste ofrece al consumidor y a la economía local, se ve amenazado”. Los datos reflejan, y cada vez más, cómo las compras de alimentos por parte del consumidor final están concentradas alrededor de las grandes empresas de distribución alimentaria. Ferrán García, coordinador de la campaña No te Comas el Mundo, impulsada por la plataforma rural en la que convergen colectivos ecologistas y de agricultores, lo explica: “Esta situación nos lleva a describir la cadena de distribución de alimentos como un embudo donde la gran distribución ejerce de cuello de botella en la relación comercial entre campesinos/ productores y consumidores”. Este monopolio tiene graves consecuencias para los diferentes actores que participan en la cadena comercial. “El diferencial entre el precio en origen de un producto (lo que la gran distribución paga al campesino) y el precio en destino (lo que se paga en el supermercado) es de un 400%, siendo esos grandes distribuidores quienes se llevan este beneficio”, recalca Vivas. Por lo tanto, el campesino cada vez recibe menos dinero por aquello que vende, el consumidor paga más por lo que compra y la gran distribución es quien sale ganando. Desde numerosos colectivos ecologistas se insiste en las alternativas a las grandes centrales de compra. Esta línea es la que sigue el economista francés Christian Jacquian, experto en ‘supermercadismo’ y autor del libro Las bambalinas del comercio justo, al confesar que con un 1% o 2% de consumidores que digan ‘así no quiero consumir’, el crecimiento de los grandes grupos agroalimentarios se retraería afectando a los grandes distribuidores. Xavier Montagut, economista especializado en comercio internacional, consumo responsable y comercio justo, y presidente de la Red de Consumo Solidario, confía en volver a controlar la cadena de alimentación empezando por comprar en los pequeños establecimientos y cambiar la legislación. “La administración es responsable de que no se potencie lo suficiente la agricultura ecológica de proximidad y que, por el contrario, no haya impuestos para productos que vienen de lejos”, apostilla Montagut.

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