Erika B.

1 diciembre 2009 | Categorías: Articles, Entitats financeres | 1.257 lecturas |

Daniel Mansilla – ATTAC Mallorca

Erika B, detrás de este nombre hay una delincuente o una heroína, que cada uno decida. De 62 años, Erika era la directora de una sucursal bancaria en un pequeño pueblo de unos 1.500 habitantes en Alemania (Bornheim). Erika, realizó en el transcurso de 5 años unas 117 transferencias ilegales por el valor de unos 7.300.000 €. Fue condenada a 22 meses de prisión y a pagar unos 1.100.000 €.

En estos días en los que por culpa de las entidades financieras han ido a la ruina tantas familias y pequeñas empresas, la primera idea que nos asalta es que al fin algún responsable va a pagar.

Pero no, nos equivocamos, Erika B, es llamada la “Robin Hood” alemana. Su delito fue sacar dinero de las cuentas de los clientes más ricos, de esos que durante años no sacan ni un céntimo de sus cuentas, las que no hacen mas que crecer y crecer. Ella sacaba ese dinero de las cuentas y lo daba en créditos encubiertos sin interés a los clientes del banco que no obtenían préstamos del mismo por carecer de los avales necesarios. Se los daba a esos vecinos (hay que recordar que el pueblo tiene unos 1.500 habitantes) que veía que tenían serias dificultades económicas. Luego cuando esos préstamos eran devueltos, ella volvía a ingresar el dinero en las cuentas de los clientes ricos.

El gran problema de Erika vino con la crisis económica creada por los bancos, sus clientes no pudieron pagar las cuotas de los préstamos y el banco detectó las maniobras de Erika y la denunció.

Erika fue denunciada y juzgada.

La jueza Susann Ulbert, que la condenó, le pidió una explicación de su proceder, Erika dijo: “Quizá sin darme cuenta, caí en la manía de ayudar”, su abogado Thomas Ohm insistió a la hora de pronunciar su disertación: “Mi cliente no ha sacado ninguna ventaja personal de su acción, lo hizo nada más que por piedad”. Los investigadores comprobaron que Erika, no se aprovechó de ninguna de esas transferencias para beneficio propio, ni un céntimo de ese dinero fue a parar a sus manos.

La jueza, del tribunal de Bonn, reconoció haber tenido dificultades en juzgar su caso: “Por un lado con su actitud ha procurado un daño económico grave. Por otro, sin embargo, hay que destacar que su actitud fue sin fines personales. Por esto se trata de un caso radicalmente distinto de los usuales”.

Erika no irá a la cárcel, se ha tomado como atenuante el hecho de que confesara en cuanto se descubrieron sus maniobras, pero tendrá que pagar los aproximadamente 1.100.000 € de la condena.

Erika fue despedida del banco, vive actualmente de un subsidio de 1.000 €, y comparte un apartamento con su madre enferma a la que debe cuidar, ya que puso en venta todos sus bienes (incluida su casa).

Está claro que las leyes no están hechas para impartir justicia, si no para defender los intereses de los poderosos y que las palabras piedad y solidaridad, no están en el diccionario del banco que la denunció.

Miles de personas en Alemania le están dando su apoyo y seguramente unos cuantos banqueros estarán comenzando a controlar mas de cerca de sus empleados, por miedo al contagio de “esa manía de ayudar“.

Ahora mi decisión: para mi Erika B, es una heroína.

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