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Un país para ricos

1 Abril, 2010 - Paradisos fiscals

Íñigo Gurruchaga – El Diario Montañés Reino Unido podría eliminar el déficit fiscal del último año simplemente recaudando los impuestos que no se pagan. Lo mismo ocurriría en Grecia, dicen los expertos: el Gobierno de Atenas, ahora convertido en la oveja negra de los países del euro porque ha gastado mucho más de lo que […]

Íñigo GurruchagaEl Diario Montañés
Reino Unido podría eliminar el déficit fiscal del último año simplemente recaudando los impuestos que no se pagan. Lo mismo ocurriría en Grecia, dicen los expertos: el Gobierno de Atenas, ahora convertido en la oveja negra de los países del euro porque ha gastado mucho más de lo que tiene y ha engañado con las cifras, podría pagar buena parte de su deuda si cobrara los impuestos de la economía sumergida, nada menos que una cuarta parte del total.
Según Richard Murphy, un especialista en contabilidad y paraísos fiscales que forma parte de la Red de Justicia en Impuestos, la Hacienda británica deja de ingresar unos 115.000 millones de euros cada año: 30.000 personas que evitan el pago por medios legales -que Murphy considera un «inaceptable abuso de la ley»-, y otros 85.000 ciudadanos que simplemente defraudan al fisco.
Uno de los pies en los que se apoya este enorme fraude es la red de paraísos fiscales en islas y pequeños enclaves de todo el mundo, en los que el secreto bancario protege a quienes ocultan su capital y sus rentas. Reino Unido ha sido un promotor histórico de ese tipo de enclaves, desde las islas Caimán hasta Gibraltar. El propio Reino Unido fue calificado en 2007 por el Fondo Monetario Internacional (FMI) como paraíso fiscal.
¿Por qué lo incluyó en la misma lista que Mónaco o Liechtenstein? El FMI consideraba que en Londres se concentraban servicios especiales de asesoramiento para quienes evaden impuestos. Y esa inclusión se basaba en el tratamiento fiscal a los ‘non doms’, ricos residentes británicos con sus ingresos repartidos por paraísos fiscales.
Las primeras regulaciones especiales de la Hacienda británica para las personas que tienen sus negocios en diferentes lugares del mundo se remonta a finales del siglo XVIII. Se trataba entonces de crear un estatus especial para los colonos, que tenían tierras y propiedades en los países por los que se había extendido el imperio.
En la actualidad se ha convertido en una estrategia de los sucesivos gobiernos para atraer, especialmente a su capital, Londres, a multimillonarios de todo el mundo. Se trata de que gasten su dinero y enriquezcan el país. A cambio, Hacienda les ofrece un trato de favor: no pagan por las rentas que consiguen con sus negocios en otros países si no las introducen en Reino Unido.
‘Non dom’ es una contracción de ‘no domiciliado’ y un régimen fiscal especial, que diferencia el domicilio y la residencia de las personas. Domicilio es el lugar de origen, la casa de los padres, allí donde, en lenguaje de los abogados, se expresa el ‘animus manendi’, la intención de permanecer. Si uno tiene allí su tumba puede argumentar ante Hacienda que ése es realmente su domicilio, aunque viva en otro lugar (su residencia). Los hijos británicos de los extranjeros que viven en Reino Unido también pueden tener su domicilio donde nacieron sus padres.
Un pequeño ‘castigo’
El multimillonario Lord Ashcroft, que ha puesto de actualidad el asunto de los ‘non dom’, es hijo de un diplomático que fue embajador en Belice, un enclave vecino de Guatemala. Crecido allí, ostenta la doble nacionalidad. Es vicepresidente del Partido Conservador, también uno de sus principales benefactores y aspirante a miembro del Gabinete de David Cameron; pero ahora se ha descubierto que, a pesar de que hace años prometió pagar todos sus impuestos en Reino Unido, sigue siendo un ‘non dom’. Su defensa es que otros donantes de fondos del Partido Laborista hacen lo mismo.
Efectivamente, los dos partidos británicos han permanecido unidos a la hora de recaudar fondos de los ‘non doms’ y de mantener un estatuto especial para los ricos que deciden vivir en el país, pero con algún matiz. En otoño de 2007, Gordon Brown había sustituido a Tony Blair y tal era su popularidad que algunos asesores le animaron a convocar rápidamente elecciones. Preocupados los conservadores por la inminencia de unos comicios que prometían una cuarta victoria consecutiva de los laboristas, presentaron una propuesta legislativa que se reveló muy popular.
El espectacular aumento de los precios de las viviendas en el boom de lo que algunos economistas llamaban la ‘era de la gran moderación’ había metido a muchas familias dentro del umbral a partir del cual se paga el impuesto de sucesiones. Así, los herederos de cualquier persona que dejaba un legado por encima de los 335.000 euros tenían que pagar el 40%. El responsable conservador de Hacienda, George Osborne, anunció que elevaría ese umbral por encima del millón de euros, lo que permitía legar libres de impuestos muchas viviendas familiares cuyo precio se había disparado en los últimos años.
Osborne anunció también que compensaría la pérdida de ingresos fiscales con un cambio en la regulación de los ‘non doms’, a los que obligaría a pagar algo más de 25.000 euros anuales por el derecho a registrarse como tales y no abonar impuestos sobre sus rentas en el extranjero. Los laboristas no convocaron elecciones, subieron un poco el umbral del impuesto de sucesiones, copiaron el ‘castigo’ diseñado por los ‘tories’ para los ‘non doms’ y lo elevaron en 5.000 euros.
Desde entonces, una persona que solicita el estatuto de ‘non dom’ no paga nada durante los siete primeros años de residencia en Reino Unido. A partir de ahí tiene ante sí un cálculo sencillo. Como se supone que tiene unos ingresos británicos altos y que abona por ellos al menos el tipo intermedio de impuesto sobre la renta, el 40%, sólo con que gane 75.000 euros en el extranjero ya le compensa pagar los 30.000 por registrarse como ‘non dom’.
Un negocio muy rentable
En la realidad, los ‘non doms’ británicos son los grandes magnates del acero, los oligarcas rusos y los banqueros de la City financiera para los que ese cálculo básico no tiene importancia porque sus beneficios en el extranjero son muy superiores. Reino Unido les ofrece la posibilidad de una residencia fiscal que no investiga sus negocios allende los mares ni las estructuras tras las que protegen u ocultan sus ingresos. No lo hacen otros países. En España o en Estados Unidos un residente fiscal paga impuestos por sus ganancias en todo el mundo, aunque en España hay exenciones reguladas por un ‘régimen de impatriados’.
Según un documento publicado por el Tesoro de Su Majestad -equivalente al Ministerio de Hacienda-, en el camino hacia el cambio en la regulación de 2007, los 111.000 ‘non doms’ registrados declaraban unos ingresos en suelo británico de unos 13.000 millones de euros. Las mismas personas habían introducido en Reino Unido 220 millones obtenidos en el extranjero. Sus obligaciones con el Gobierno de Londres terminaron al pagar los impuestos por esas rentas.
El 37% de estos ‘non doms’ estaban vinculados a la banca; el 17% a la industria; el 13% a otros servicios, que incluye artistas, profesionales liberales, futbolistas; el 11% al petróleo y al gas… Estudios recientes dicen que el 5% de estos multimillonarios se han marchado en los últimos años, especialmente a Suiza, al percibir un ambiente más hostil y una política fiscal más incierta, según explican sus contables.
La firma de gestores financieros Stonehage asegura que los ‘non doms’ son un buen negocio para los británicos. En 2009 habrían gastado más de 20.000 millones en el país y entre impuestos sobre la renta e IVA ingresado otros 10.000 millones a las arcas de Hacienda. Es un argumento que tiene éxito entre sus proveedores: los agentes inmobiliarios de Chelsea y Knightsbridge, las boutiques de lujo de Old Bond Street o los concesionarios de coches de Park Lane.

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