All you need is… ¡money!

11 agosto 2010 | Categorías: Sanitat, Serveis Públics | 1.564 lecturas |

Víctor MeseguerLa Verdad

Este artículo está basado en hechos reales y cuenta la historia de un joven que viaja a Estados Unidos a estudiar inglés pero que acaba en un hospital aprendiendo latín. EE UU es el referente mundial en tecnomedicina y cuenta con unos profesionales excelentes, a la altura de los españoles, diría yo. No obstante, detrás de las bambalinas hay otro mundo…

Tras recibir los primeros cuidados en el área de emergencias del hospital, una empleada del Departamento Financiero del mismo le dio la bienvenida: hola joven, tienes que hacer un depósito de 1.290,21 €, le espetó la buena señora en un perfecto inglés. Es lo que tiene hablar idiomas aunque el chaval se quedó mudo.

En EE UU la salud está en manos de las aseguradoras privadas, que anteponen los beneficios económicos a la salud. La industria de la salud consiguió en 2005 más de 10.000 millones de euros en beneficios, en lo que viene siendo una burbuja especulativa con mayor poderío que el pelotazo urbanístico ‘made in Spain’. Algunos datos que sustentan esta afirmación:

En EE UU la sanidad supone el 16% del PIB. Más de 94 millones de norteamericanos, uno de cada tres ciudadanos, no tiene cobertura sanitaria en algún período del año. La mayoría son trabajadores de pymes, donde los sindicatos son muy ‘flojitos’ o, simplemente, ni están, ni se les espera. Si pierdes el empleo (o la salud con carácter irreversible), tú y tu familia perdéis el seguro. Más de 100.000 enfermos mueren todos los años por falta de atención, tal y como afirma David Himmelstein, profesor de Harvard.

En España, el gasto sanitario público supone el 5,8 % del PIB. Con el 36,25% del gasto en USA, la asistencia sanitaria es universal y gratuita.

La reforma sanitaria impulsada por el presidente Obama se centra en ayudar económicamente a las familias que no pueden pagar las primas de los seguros y en frenar los abusos de las aseguradoras. Un gesto quizás insuficiente, pero valiente en un país donde la industria de la salud es uno de los mayores financiadores de las campañas electorales.

«No te preocupes por la factura, hijo, lo importante es tu salud», le dijo al joven paciente su padre. El precio de los servicios por entrada de emergencia y estadía en habitación, bajo observación y pruebas para, por ejemplo, una gastroenteritis, puede llegar a costar entre 3.794,61 €/día y 11.383,18 €/día, o más, dependiendo de las pruebas. No se alarme, los hospitales tienen redes de cobros en casi todo el mundo. Hay una muy grande en Suiza, que se encarga del nutrido colectivo parroquial integrado por pacientes europeos.

«Hello, hello, I would like to talk with 274 room». Repitió el padre una y mil veces con la angustia propia de quien no sabe qué está pasando a miles de kilómetros. Hablar con el médico era imposible, había que violar la HIPAA, dada la mayoría de edad del chaval. Se trata de una ley federal de 1996, que protege la confidencialidad de los pacientes, a la vez que ayuda a la poderosa industria del cuidado de la salud a cobrar sus facturas, convenientemente alimentadas, por las participaciones societarias de buena parte de los más honorables profesionales del sistema.

Una vez controlada la enfermedad, tocaba cerrar el coste total. Es la única forma de relajar el estómago bulímico (o quizás su ausencia) de los mercaderes de la salud. Por los cuatro días de hospitalización: 22.767,84 €. Tras una acertada negociación, llevada a cabo por un amigo de la familia con saber experto acumulado en la materia, el hospital hizo dos propuestas: 30% de descuento si suscribía un plan de pago a plazos o 50% de descuento si se pagaba a tocateja. Llegado a este punto, el padre de la criatura tuvo serias dudas de si hablaba de salud o regateaba el precio de un animalico en una subasta de ganado.

¿Punto y final? Pues iba a ser que no… «No obstante, debe Vd. esperar de 3 a 5 días para que el médico emita factura desde su oficina privada. No le puedo decir al momento de cuánto será», afirmó la consejera financiera del hospital. Las aseguradoras privadas contratan con los distintos proveedores de servicios sanitarios (médicos, centros sanitarios, hospitales, etc.), pagándoles a cada uno por diagnóstico y/o tipo de intervención profesional.

Vicenç Navarro, catedrático de la UPF y miembro del grupo de trabajo que presidió la señora Clinton para la reforma sanitaria, afirma que… «cada treinta segundos, una familia estadounidense se declara en bancarrota, como consecuencia de su incapacidad de poder pagar las facturas médicas y las pólizas de aseguramiento privadas». De los afectados extranjeros, no se dispone de datos.

¡Vaya tela! Y nos quejamos de nuestra sanidad. ¿Nuestro sistema es mejorable? Sí; es fácil confundir el uso con el abuso.

Cuidémoslo, la salud no es un lujo elegible. Dejarla en manos del mercado, sin competencia pública, convierte a las personas en víctimas cautivas de la avaricia.

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