Calentamiento global: clamor por acuerdos

13 octubre 2010 | Categorías: Internacional | 681 lecturas |

Iván RestrepoLa Jornada

En dos meses más dejarán Cancún, Quintana Roo, miles de delegados de casi doscientos países, organismos internacionales, científicos y organizaciones que luchan en favor del medio ambiente. Allí se celebrará durante dos semanas una nueva cumbre del clima. Quizá con la esperanza de que no sea un fracaso como la anterior en Copenhague, Dinamarca, abundan las declaraciones de jefes de Estado y funcionarios responsables de los asuntos ambientales, en las que claman por que esta vez haya acuerdos para evitar el calentamiento global, pues los daños que causa son visibles y costosísimos para el planeta, y en especial para los más pobres. Un aspecto central tiene que ver con el uso racional de los energéticos.

Pero de la declaración a los hechos hay un enorme paso. Los datos más recientes de los organismos internacionales muestran cómo aumenta el consumo de petróleo. Si hoy es de 85 millones de barriles diarios, en 2020 será de 105. Solamente China exige para sostener su actual crecimiento económico aumentar diario en 5 millones su consumo de crudo y por eso lo busca donde sea. La primera petrolera china acaba de aliarse con la española Repsol para explotar algunos de los ricos yacimientos que posee Brasil.

La realidad es que el mundo consume y derrocha petróleo, carbón y gas como si fueran eternos, mientras van muy lentos los planes para obtener energía de fuentes alternas. Si hace 100 años una persona necesitaba el equivalente a entre un cuarto y medio litro de petróleo al día para cubrir todas sus necesidades, quienes hoy viven en el mundo industrializado consumen entre 20 y 40 veces más, casi 10 litros de petróleo al día. México no es la excepción. Se calcula que nuestras reservas probadas de petróleo suman 14 mil millones de barriles y que decae la producción. Si para exportar y cubrir la demanda interna se extraen cada día entre dos y medio y 3 millones de barriles, esas reservas alcanzan apenas para 12 años más. Pero en vez de hacer más racional y eficiente el consumo energético, crece 5 por ciento al año. Es notable el aumento del parque vehicular, que se duplicó la última década y hoy es de más de 16 millones de vehículos. La inmensa mayoría, unidades derrochadoras de gasolina, como las que usan los funcionarios, los legisladores y sus guaruras. Por eso, entre otras cosas, no se cumplen los programas oficiales para reducir el aporte de gases que ocasionan el calentamiento global.

Por eso mismo en transporte eficiente y menos contaminante vamos a la cola del primer mundo. Mientras Europa, India, Japón, Estados Unidos y China invierten en trenes modernos y rápidos, nosotros abandonamos el ferrocarril como sistema de transporte de mercancías y personas a escala nacional. En las ciudades, igual. La zona conurbana de la de México, donde viven más de 20 millones de habitantes, es una de las menos eficientes en transporte del planeta: las líneas del Metro y del Metrobus son insuficientes, no existe un sistema de trenes para comunicar los municipios de la metrópoli con el Distrito Federal, que sigue siendo el corazón del país; el servicio de autobuses (pésimo y anticuado ambiental y energéticamente) está en manos de grupos de presión; el uso de vehículos particulares no deja de crecer (aunque aumente el precio de la gasolina), con lo que el tránsito es lento y hay más contaminación y gasto energético. Todo esto se repite en las zonas metropolitanas de Guadalajara, Monterrey, Tijuana y Puebla y en las ciudades de más de un millón de habitantes. Incluyendo Cancún y la Riviera Maya, donde el transporte se basa fundamentalmente en taxis, combis y microbuses propiedad de la clase política priísta y grupos que le son afines.

De los daños que ocasiona todo lo anterior saben bien los funcionarios gracias a los estudios de diversas dependencias gubernamentales y los aportes de los centros de investigación. Pero la realidad muestra que quienes toman las decisiones en materia energética y de transporte alientan modelos desastrosos en cuanto a los recursos naturales y al medio ambiente y que benefician especialmente a la industria automotriz, no a la ciudadanía y al país en general. Pero en Cancún seguramente presumirán logros inexistentes.

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