Prohibido saber la verdad

11 diciembre 2010 | Categorías: Opinió | 823 lecturas |

Lina Gálvez – Consejo Científico de ATTAC España

WikiLeaks sigue desvelando lo que siempre nos imaginamos y sus responsables empiezan a pagarlo.

En el caso de España se comenzó por casos muy feos como la vista gorda del gobierno en el uso de aeropuertos españoles para el traslado ilegal de presos a Guantánamo, el silenciar la responsabilidad del ejército norteamericano en el asesinato del periodista José Couso o los intentos de apartar al juez Garzón de algunos casos, sobre todo, los que tuvieran que ver con el principio de justicia universal. Y, por si eso sabía a poco, se hacen públicos documentos que indican que a los ojos de los norteamericanos Rajoy no convence ni a los suyos, que Rubalcaba es astuto o que Blanco es poco de fiar porque no mira a los ojos de sus interlocutores.

Los escándalos políticos de los gobiernos en connivencia con Estados Unidos y los cotilleos sobre la personalidad y forma de actuar de los políticos más representativos se han repetido a escala planetaria, poniendo en la mayoría de los casos negro sobre blanco actitudes y actuaciones que ya se conocían parcialmente o se sospechaban. Los poderes que dominan el mundo desde la opacidad y al margen de las instituciones representativas no han digerido muy bien las filtraciones de Julian Assange y han respondido como saben: haciendo que INTERPOL lo declare en busca y captura, logrando que la entidad financiera suiza PostFinance le cierre la cuenta abierta para recaudar donaciones de los seguidores de su página para su futura defensa y la de sus colaboradores o cerrándole el paso a los servidores donde aloja su página web.

Es realmente sintomático y llama la atención el distinto trato que reciben de los bancos suizos Assange, por publicar verdades como puños, y los mayores traficantes de armas, de personas o drogas, los líderes corruptos de países cuyas poblaciones se mueren de hambre o los evasores fiscales de todo el planeta que utilizan sus cuentas sin que merezcan la más mínima censura ni tengan dificultad alguna para ello.

El caso WikiLeaks es verdaderamente grave porque ha demostrado que si hay algo a lo que temen los poderes es a la verdad. Es una verdadera vergüenza que en este mundo en el que nos ha tocado vivir no se pague por cometer fechorías sino por hacerlas públicas. Para la inmensa mayoría de ciudadanos que nos creemos con derecho a saber la verdad de lo que ocurre con nuestros impuestos y con los líderes que elegimos, ver transcritas y entrecomillados los hechos que Assange ha revelado es algo de un valor extraordinario porque nos ayuda a comprender cómo funciona el mundo y cómo son de verdad los que nos gobiernan. Pero ocurre lo contrario con los que están detrás de la tramoya. En lugar de condenar y combatir la infamia que ahora se ha puesto de manifiesto, condenan al mensajero y lejos de comprometerse a evitar que vuelvan a ocurrir lo que dicen es que procurarán que filtraciones como las WikiLeaks no vuelvan a repetirse. Perseguir a Assange y tratar de ocultar las revelaciones de WikiLeaks es sencillamente combatir la verdad que nos hace libres. Y lo esperpéntico es que quienes tratan de acabar con ella, se presentan ante los demás como paladines de la libertad.

http://linagalvez.com

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