426 razones para no detenerse: caminad solos hasta que llegue el momento

12 diciembre 2010 | Categorías: Opinió | 718 lecturas |

José Antonio Pérez – ATTAC Madrid

La turbulencias financieras y políticas, las ‘huelgas’ emprendidas por sectores privilegiados y las filtraciones de Wikileaks son otras tantas muestras del creciente desorden que amenaza la estabilidad social. Los coros mediáticos del turbocapitalismo no dan abasto a la hora de colocar horrendas novedades en el primer plano de la actualidad. El último horror tapa al penúltimo y éste al antepenúltimo. Pronto, nadie se acordará de que el Gobierno ha decretado agudizar la pobreza de miles de ciudadanos privándoles del misérrimo subsidio de 426 euros. Su mayor problema será el aislamiento.

Tengo invocado en este blog el viejo adagio que afirma que los dioses vuelven locos a quienes quieren perder. Y creo que una de las hipótesis más plausibles por las que Zapatero ha decidido suprimir la ayuda de 426 euros a los desempleados de larga duración se debe a un trastorno mental, transitorio o no. Porque, poniéndose en la piel del otro, se podría hasta cierto punto entender que un gobernante asediado por la crisis, por los poderes económicos y por una derecha nacional sin el menor sentido de Estado, tenga que improvisar medidas para capear el día a día frente al imparable acoso de eso que llaman mercados. Se podría hasta entender -que no compartir- la venta de algunas de las escasas joyas que aún le quedan al patrimonio público.

Pero suprimir de un plumazo la prestación de esos 426 euros que constituyen la única fuente de subsistencia de unas 700.000 personas sin empleo constituye, además de una gran felonía, un suicidio político si quien toma la medida es un gobernante socialdemócrata. Máxime si es de los que, como José Luis Rodríguez Zapatero, prometió en su primer discurso de investidura, en 2004, que su acción estaría guiada por el ideario legado por su abuelo, el capitán republicano Rodríguez Lozano, fusilado por el bando franquista en 1936. “Ese ideario es breve: un ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes”, dijo entonces Rodríguez Zapatero.

En la durísima situación de desempleo estructural que atraviesa la economía española (dos de cada cinco parados viven en un hogar con todos sus miembros sin empleo) nadie con un mínimo decoro moral se atreverá a sostener la falacia de que se suprime el subsidio porque hay a la vuelta de la esquina 700.000 empleos esperando ser ocupados. Nadie, claro está, salvo las tres o cuatro docenas de miserables escribidores que cobran por acusar de holgazanería a los perceptores de un subsidio de paupérrima cuantía basado en la insoportable levedad del Iprem.

Sólo dejando de estar en sus cabales se atrevería un socialista a purgar las cuentas públicas arrojando a miles de personas a la pobreza absoluta, mientras dedica cantidades astronómicas a socorrer a los banqueros. En cualquier caso, a estas alturas no me importa ZP ni milito en el partido al que arrastrará en su desmesura. Me preocupa la desolación de las personas que llevan largo tiempo en el desempleo y con esta medida verán agravada todavía más su situación de aislamiento.

Dada la centralidad que el trabajo ha tenido hasta ahora en la sociedad, el desempleo supone una forma de muerte civil que se traduce en aislamiento social. El desempleado pierde los contactos con las personas con las que se relacionaba profesionalmente. Al tiempo que el hecho de no desarrollar ninguna función laboral le impide tener un rol social con el que identificarse.

Por otro lado, la disminución de ingresos consecuencia de la pérdida de empleo contribuye a fomentar ese aislamiento. Al no haber tanta disponibilidad para llevar una vida social al uso: salir a cenar, ir de copas, frecuentar actos culturales o de ocio, actividades todas ellas que suponen un gasto, se pierden los contactos sociales. Es sorprendente la rapidez con la que mucha de esa gente que alardeaba de su amistad con el caído en desgracia se evapora. El silencio es ahora el señor absoluto de su teléfono y de su correo electrónico antaño saturados de invitaciones y mensajes. La adversidad es un buen observatorio de la hipocresía social siempre, claro está, que el observador posea la imperturbabilidad de un diablillo de Maxwell y no sucumba él mismo a la desesperación.

Llevo tiempo escribiendo sobre la crisis del trabajo en el modelo capitalista actual, lo cual no significa que mi análisis de la situación sea siempre acertado. Un hombre ni puede saberlo todo ni sería aconsejable que lo supiera todo. Si algo sobra en el entorno son los dogmáticos. Por tanto, lo único que pretendo hoy con estas líneas es enviar un mensaje solidario a esas 700.000 personas cuyo aislamiento se va a agudizar a partir de esa decisión del gobierno del PSOE tan cruel como disparatada. Para eso sí me considero legitimado, pues, por haberlo sufrido en carne propia, conozco de primera mano las diversas formas que adopta ese aislamiento.

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Acabo de regresar de los astures montes de Somiedo, cuyas veredas he transitado en un hermosísimo ambiente preinvernal camino de las brañas de altura. Cada vez que piso el monte me enfrento a un debate interior: ser un buen ciudadano o un buen salvaje. Y aunque el cuerpo me pide más lo segundo, reconozco mis limitaciones y donde intento sobrevivir es en la jungla urbana. Aquí, las alimañas son mucho más dañinas que las que, por derecho natural, habitan en la floresta. No sabiendo demasiadas cosas me abstengo hoy de hacer un discurso teórico. Prefiero reproducir el poema de Rabindranath Tagore Êkla Chôlo Re, que era el favorito del Mahatma Gandhi:

Si no responden a tu llamada, camina solo.

Si tienen miedo y se esconden silenciosamente, la cara contra la pared,

desgraciado de ti,

abre tu espíritu y habla alto y fuerte.

Si se dan media vuelta y te abandonan en medio de la travesía del desierto,

desgraciado de ti,

pisotea los cardos bajo tus pasos

y viaja solo por el camino ensangrentado.

Si no te alumbran mientras la tormenta rasga la noche,

desgraciado de ti,

cuando la chispa del dolor queme tu corazón,

que tu corazón flamee en soledad.

Romanizando la fonética bengalí:

Jodi tor dak shune keu na ashe tôbe êkla chôlo re,

Êkla chôlo, êkla chôlo, êkla chôlo, êkla chôlo re.

Jodi keu kôtha na kôe, ore ore o ôbhaga,

Jodi shôbai thake mukh firaee shôbai kôre bhôe

Tôbe pôran khule

O tui mukh fute tor moner kôtha êkla bôlo re.

Jodi shôbai fire jae, ore ore o ôbhaga,

Jodi gôhon pôthe jabar kale keu fire na chae

Tôbe pôther kãta

O tui rôktomakha chôrontôle êkla dôlo re.

Jodi alo na dhôre, ore ore o ôbhaga,

Jodi jhôr-badole ãdhar rate duar dêe ghôre

Tôbe bojranôle

Apon buker pãjor jalie nie êkla jôlo re.

Os han quitado esos 426 euros elementales para la supervivencia. Considerad que tenéis otras tantas razones para no perder vuestra dignidad. No os detengáis. Aunque estéis desempleados no debéis permanecer parados. Sacad energía del bosque y caminad solos por la selva urbana hasta que llegue el momento en que todos los desahuciados por el Establecimiento se unan para devolver el golpe.

Que nadie olvide que, según doctrina aceptada en el Preámbulo de la Declaración de los Derechos Humanos, promulgada el 10 de diciembre de 1948, la situación de necesidad extrema legitima el derecho a la rebelión.

Carnet de Paro.

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