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No seré yo quien se tatúe un 2010

2 Gener, 2011 - Opinió

Isaac Rosa – Comité de Apoyo de ATTAC España “Ha sido un año difícil. Queda trabajo y esfuerzo por delante, pero con seguridad les digo que éste es el camino y el rumbo.” -José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno-. El año que despedimos no ha sido precisamente como para grabarlo con letras de oro […]

Isaac Rosa – Comité de Apoyo de ATTAC España
“Ha sido un año difícil. Queda trabajo y esfuerzo por delante, pero con seguridad les digo que éste es el camino y el rumbo.” -José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno-.
El año que despedimos no ha sido precisamente como para grabarlo con letras de oro en los anales. Vale, recordaremos durante siglos que la selección ganó el Mundial, pero quitando eso ha sido un año para olvidar. Todo lo bueno que esperábamos de 2010 ha quedado pendiente para mejor ocasión, o directamente abandonado. Y a cambio, todo lo que nos prometieron que no pasaría, pasó.
Uno lee los buenos propósitos, deseos y previsiones que se publicaron hace un año por estas fechas, y se ríe para no llorar. Al margen de pronósticos fantasiosos como los que hizo la revista Newsweek (la muerte de Castro, el deshielo entre Estados Unidos y Cuba, el derrocamiento de Chávez, el colapso de la economía china o el éxito de Obama en Afganistán, entre otras), y del optimismo con que saludó Zapatero el nuevo año, las previsiones que parecían más realistas también se incumplieron.
He recuperado la columna que escribí hace justo un año, para comprobar el desfase entre expectativas y resultados. En ella enumeraba asuntos que quedaron pendientes en 2009, y que según los analistas se resolverían en 2010: la salida de la crisis (ja), el cierre de Guantánamo (ja, ja), un acuerdo vinculante de reducción de emisiones (ja, ja, ja), el fin de la guerra en Afganistán (ja, ja, ja, ja). Por no tener, no hemos tenido ni el esperado adiós de ETA, que queda para el año que viene.
En cuanto a aquello que nos prometieron que no sucedería, sucedió: la crisis empeoró en Europa (y se llevó por delante a Grecia e Irlanda), el paro siguió por las nubes, y el gobierno recortó derechos laborales y sociales, pese a las promesas en sentido contrario.
El balance para los trabajadores tampoco es como para estar orgullosos: una huelga general mal planteada y sin continuidad, unas pocas manifestaciones, y para de contar. Entre lo más desolador del año está la poca resistencia que hemos mostrado ante los recortes y reformas. Por todo, no creo que nadie tenga pensado hacerse un tatuaje con este 2010. Aunque quién sabe: tal como pinta el próximo, igual lo acabamos recordando con cariño. Feliz 2011.
Artículo publicado en Público.

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