La crisis vuelve locos los relojes

17 enero 2011 | Categorías: Crisi sistémica | 989 lecturas |

Isaac Rosa – Comité de Apoyo de ATTAC España

“La crisis nos ha puesto un calendario distinto, ha impuesto la urgencia. El debate sobre las reformas no se puede sostener en el tiempo.” -Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente del Gobierno-.

Aproveché las navidades para leerme el libro de Hawking que tanto cabrea al Papa, ése que presume de probar la no existencia de Dios. Leí El gran diseño, y al final no sólo no me dejó clara la respuesta sobre el origen de todo, sino que además me perdí varias veces intentando entender una de las premisas de la física actual que más nos cuesta asimilar a los de letras: el espacio-tiempo, la teorización por la que el tiempo no es una entidad absoluta e invariable, sino que puede deformarse.

Lo de que el tiempo pueda modificarse me tuvo varios días despistado hasta que observé otro campo donde también está sometido a transformaciones: la crisis económica. Desde que se produjo el Big Bang financiero los días, meses y años se han vuelto elásticos, y los relojes y calendarios parecen dalinianos a merced de las fuerzas económicas, más decisivas que la gravedad.

Vean por ejemplo la salida de la crisis: se diría que el reloj se nos ha parado, tipo ‘día de la marmota’, y vivimos un presente interminable. Nos dijeron que 2010 sería el año de la recuperación, y estamos en 2011 sin saber si 2012 será el bueno. O la recuperación del empleo, que en cada nuevo informe se aplaza a dentro de tres o cuatro años, sin que el plazo se modifique aunque haya pasado otro año.

Lo mismo con el calendario de reformas: llevamos tiempo oyendo decir que harán falta cinco años de reformas, pero nadie sabe cuándo empiezan a contar esos cinco años y cuándo terminarán, pues hoy siguen siendo cinco como la primera vez que nos lo dijeron. No sabemos si es la relatividad, o que son como los típicos “cinco minutos” españoles, que siempre acaban siendo quince.

La crisis no sólo congela el tiempo: también lo dilata, contrae, acelera o frena. Así, acorta los plazos para las reformas, reduce los días de indemnización por despido pero a la vez alarga los años para la pensión. Otras veces hace que el reloj vaya hacia atrás, como un fantástico viaje en el tiempo que nos retrotrae décadas, perdiendo por el camino las conquistas sociales como si volviésemos al origen del capitalismo. Qué mareo.

Artículo publicado en Público.

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