¿El petróleo ataca de nuevo?

30 marzo 2011 | Categorías: Internacional | 1.182 lecturas |

Javier AlvaredoRevista Debate

La dinámica del precio del crudo podría representar un riesgo para el escenario de crecimiento de la economía global

Luego de un poco más de dos años de relativa calma la inestabilidad política en la zona del Magreb, sumado al desastre provocado por el terremoto en el noroeste de Japón, han alimentado una nueva escalada en el precio del petróleo, que perforó la barrera de los 100 dólares el 3 de febrero pasado. Habida cuenta de la importancia que tiene el hidrocarburo como insumo de la producción global, resulta relevante repasar los desarrollos recientes de este mercado, así como también trazar algunas perspectivas para lo que viene. Al mismo tiempo, se evalúa el impacto de estos escenarios sobre la economía local.

El último pico alcanzado por la cotización del crudo había sido registrado durante julio de 2008, cuando el desacople entre el crecimiento de la oferta y demanda habían provocado que el precio del barril superara los 145 dólares, el máximo en términos históricos, tanto en términos nominales como reales. Este nivel resultó un 15 por ciento superior al récord anterior, alcanzado en 1980, fruto de la zaga que prosiguió a la caída del Sha de Persia, a fines de 1978. Esta dinámica alcista no resultó repentina en tanto el valor del crudo venía registrando un incremento anual promedio superior al 20 por ciento desde 2003. Sin embargo, el advenimiento del crack internacional impulsó un retroceso incluso más vertiginoso que su anterior ascenso. De esta manera, para fines de 2008, el precio del barril había caído más de un 75 por ciento, hasta 40 dólares.

Entre los antecedentes históricos de shocks petroleros se destaca la crisis desatada en 1973, con inicio en octubre de ese año. Todo comenzó con la decisión de la Organización de los Países Árabes Exportadores de Petróleo (agrupaba a los países miembros árabes de la OPEP más Egipto y Siria) de detener la producción de crudo y establecer un embargo para los envíos petrolíferos hacia Occidente, como parte de la estrategia política derivada del enfrentamiento armado que se estaba llevando adelante entre Israel y Egipto y Siria (más conocido como guerra del Yom Kippur).

En términos económicos, los efectos del embargo fueron inmediatos, generando que el precio del petróleo se cuadruplicara hasta llegar a casi 12 dólares por barril (1974), lo que impulsó que los países industrializados importadores asistieran a una repentina inflación seguida de una recesión económica. El otro antecedente histórico relevante se relaciona con la escalada de mediados de 1978 hasta 1981. La conjunción de la revolución iraní y de la guerra entre Irán-Irak provocó renovadas restricciones en el abastecimiento de crudo, generando un incremento del precio del barril del orden del 170 por ciento. El resultado, en términos de inflación y actividad económica fue similar al anterior, con un nítido impacto financiero a nivel global.

La historia reciente cuenta que las revueltas sociales de Túnez, Egipto y Libia desataron una oleada de incertidumbre que catapultó el precio del petróleo hasta un 17 por ciento en relación con diciembre de 2010, superando los 105 dólares el barril. Si bien estos episodios no son comparables a los anteriores, ya que estos países dan cuenta de apenas el 3 por ciento de la producción global de crudo, el temor de un eventual contagio al resto de las economías de la región disparó el ascenso en los valores. En este sentido, los países de Oriente Medio y el norte de África dan cuenta de aproximadamente el 34 por ciento de la producción global de petróleo, al tiempo que conservan el 60 por ciento del total de las reservas probadas.

Más precisamente, el temor de contagio tiene nombre propio y es Arabia Saudita. Segundo productor mundial en 2010, dio cuenta del 11,7 por ciento de la producción global, por detrás de Rusia y cuenta con el reservorio de petróleo más importante del mundo, acumulando el 19,7 por ciento del total de las reservas. De esta manera, su relevancia estratégica como proveedor de crudo resulta fundamental para el desarrollo de la economía global. Tal es así, que hasta el momento, los 1,8 millones de barriles diarios que aportaba Libia al mercado mundial han sido reemplazados por un mayor aporte de Arabia.

De este modo, se evitaron disrupciones en la oferta de crudo que potenciaran una mayor escasez relativa, y con eso una mayor escalada de los precios. Si bien en los últimos días el descontento social también se hizo escuchar en Arabia Saudita, éste estaría concentrado en una minoría, contando además el gobierno con importantes recursos que le permitirían sortear con éxito, en principio, una eventual escalada de descontento social.

Sin embargo, sobre llovido mojado. El desastre natural ocurrido el pasado 11 de marzo en Japón, que no ha sido todavía puesto bajo control, volvió a generar tensión en este mercado. El canal de propagación de este hecho, como comentamos en parte en nuestra nota de la semana anterior, es el energético. En este sentido, el riesgo nuclear originado por el desastre en la central de Fukushima ya ha generado que gobiernos como el de Alemania detengan la generación de energía en siete de sus reactores, para intensificar la revisión de sus condiciones de seguridad. Sin embargo, se estima improbable que estos acontecimientos desencadenen en una sustitución masiva de la generación nuclear de energía -representa un 13 por ciento de la energía eléctrica a nivel global y un 24 por ciento en Japón-. Ahora bien, esta menor disponibilidad temporal de energía podría fogonear los ya elevados precios del petróleo y sus derivados. Adicionalmente, estos factores potenciarían la sustitución energética a través de biocombustibles, generando presiones al alza en la cotización del maíz y de la soja.

Más allá de estas cuestiones, lo cierto es que toda vez que se consolida un aumento sostenido en el precio del petróleo, este fenómeno funciona como un impuesto al consumo de los países importadores, lo que podría llegar a erosionar el crecimiento de la actividad global. Más precisamente, se estima que un incremento del orden del 10 por ciento en el precio del crudo recorta la tasa de aumento de la economía entre un 0,2-0,3 por ciento. No obstante, vale destacar que aun en un escenario de mayor escasez de crudo, las consecuencias serían menores a las registradas en el pasado.

En efecto, el mundo desarrollado se presenta menos vulnerable en tanto ha reducido la cantidad de petróleo por unidad de producto. En este sentido, el indicador que elabora la Agencia Internacional de Energía -sobre la intensidad del consumo de energía primaria por dólar de PBI- cayó para el período 1980-2009 un 44 por ciento en Estados Unidos, y un 64% por ciento en Europa, lo que da cuenta también de una fuerte ganancia en eficiencia en el uso de energía. De esta manera, la economía estadounidense se multiplicó por dos durante el período 1980-2009, mientras el consumo diario de petróleo pasó de 17,4 millones de barriles diarios a 17,8 millones. Europa, por su parte, usa menos petróleo, en la actualidad, de lo que lo hacía en 1980, cuando el bloque creció 75 por ciento durante este período. La menor dependencia relativa de petróleo ha respondido también a la acción gubernamental para diversificar sus matrices energéticas. De hecho, en 1980, Estados Unidos generaba el 77 por ciento de la energía eléctrica a través del uso de hidrocarburos, en tanto que en Europa esa relación alcanzaba al 73 por ciento. Durante 2008, la generación de electricidad a través de centrales térmicas fue del 70 por ciento y 54 por ciento, respectivamente.

Para el mundo emergente, la nueva escalada de precios podría presentar mayores problemas en relación a los países avanzados, a partir del uso más intensivo de crudo en su producción. En este sentido, el bloque de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) consume una cantidad de energía primaria por dólar de PBI casi dos veces más que en Estados Unidos y más de tres veces en relación a Europa. Sin embargo, los procesos productivos en estos países también han ganado en eficiencia en relación al pasado. De hecho, la intensidad en el uso de energía cayó más de un 30 por ciento en los últimos veinte años, por lo que también estas economías se presentan menos vulnerables a los shocks con relación al pasado.

Tampoco debe pasarse por alto que los gobiernos cuentan con mecanismos de estabilización de los precios, a través del manejo de los stocks de crudo que se encuentran bajo su control. En efecto, los stocks manejados por los gobiernos en 1980 alcanzaban apenas al 7 por ciento del total, mientras que, para 2010, ese ratio estaría cercano al 40 por ciento, lo que da muestra del mayor “poder de fuego” con el que se cuenta para hacer frente una eventual escalada de precios.

Estos acontecimientos también presentan algunas disyuntivas para los diferentes estados, que frente a un shock de estas características se enfrentan con una demanda agregada más deprimida, producto de la escalada en el precio del petróleo, pero también con mayores presiones inflacionarias. Esta encrucijada tampoco se presenta homogénea entre los países avanzados y emergentes, no sólo por las cuestiones estructurales antes comentadas, sino por las diferentes fases del ciclo económico por el que atraviesan. Esto es, mientras que el mundo desarrollado muestra un crecimiento moderado, en los emergentes los desafíos son opuestos.

Si se analiza el caso argentino, la evolución del precio del petróleo también tiene consecuencias sobre la economía. Entre los efectos directos más importantes se destacan: el aumento en los precios internos, la mayor recaudación tributaria (por el cobro de derechos de exportación) y mayores erogaciones (a través del incremento en los subsidios a los sectores de energía y transporte), y sobre el saldo de la balanza comercial, a partir de que el país resulta exportador neto de petróleo y sus derivados. En este sentido, durante 2010 el excedente comercial de este rubro totalizó 1.700 millones de dólares, aunque en franco descenso luego de que el promedio de los tres años anteriores promediaran 3.400 millones. Incluso, para 2011, la dinámica de las importaciones podría redundar en una reversión del excedente comercial del sector.

En suma, la dinámica del valor del petróleo representa un riesgo para el escenario de crecimiento de la economía global, que ya mostraba importantes signos de pregunta en relación al equilibrio geopolítico en Medio Oriente. Si bien la coyuntura se presenta muy fluida, en la medida en que la inestabilidad quede encapsulada en productores de crudo periféricos, la escalada en los precios podría verse acotada y, con ella, los canales de transmisión sobre el crecimiento de la economía global.

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