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Democracia real frente a Real democracia

20 Maig, 2011 - Moviment 15M

José Antonio Pérez – ATTAC Madrid Un movimiento ciudadano ha irrumpido con fuerza en medio de la aburrida campaña electoral. Democracia Real Ya es la plataforma que ha salido a la calle para cuestionar la falta de representatividad de la clase política anidada en los distintos niveles de la Real democracia española. Mientras la Casa […]

José Antonio Pérez – ATTAC Madrid
Un movimiento ciudadano ha irrumpido con fuerza en medio de la aburrida campaña electoral. Democracia Real Ya es la plataforma que ha salido a la calle para cuestionar la falta de representatividad de la clase política anidada en los distintos niveles de la Real democracia española. Mientras la Casa Real se divierte, una infinidad de parlamentarios de primera, segunda y tercera regional disfruta de privilegios de toda índole. Cinco millones de desempleados, la mitad de ellos jóvenes, no puede permitirse el lujo de seguir alimentando esta clase ociosa.
Salvando las distancias, y sin ánimo de molestar a nadie, siempre he pensado que la democracia viene a ser algo parecido a la higiene: hay quien se ducha todos los días y quien se ducha sólo una vez al mes, aunque no le haga falta, según se ufana algún partidario del lavatorio mensual. La española es una democracia bastante deficiente desde el momento en que los presuntos representantes del pueblo son elegidos a través de un juego sucio que beneficia a los dos grandes partidos que se alternan en el Gobierno.
El hecho de que los electores hayan de elegir a sus representantes a través de las listas cerradas que elaboran las burocracias de los partidos, unido a la estafa ontológica o, para decirlo a lo claro, a la trampa legal implícita en la Ley Electoral española, evidencian ese juego sucio. la combinación del método D’Hont con la escasa magnitud de algunos distritos electorales resulta excesiva. Premia descaradamente al partido que obtiene más votos, tratando menos generosamente a los partidos menos votados y desanimando por tanto la formación de grupos disidentes.
Otro aspecto poco higiénico de nuestro sistema político es que el único cargo público que no es elegible es precisamente la Jefatura del Estado, al que sólo pueden acceder miembros de la familia privada que ostenta su monopolio. A esto llaman algunos democracia coronada, lo cual es una contradicción en sus términos, parangonable con otras especies imposibles como el triángulo de cuatro lados o el biciclo de tres ruedas. Mientras persista esta situación, habrá que decir que nos hallamos bajo los efectos de una Real democracia.
Para acabar de ensuciar la cosa, el resto de la clase política de nuestro país, la elegible, se ha convertido en una casta que se asigna a sí misma todo tipo de privilegios con cargo al contribuyente. Una casta hipertrofiada sobre todo por las estructuras autonómicas. La plantilla de profesionales de la política incluye 8.112 alcaldes, 65.896 concejales, 1.206 parlamentarios autonómicos, 1.031 diputados provinciales, 650 diputados y senadores, 139 responsables de Cabildos y Consejos insulares y 13 consejeros del Valle de Arán. A los envidiables salarios y pensiones futuras que ellos mismos se autoadjudican, hay que añadir lo que perciben por dietas, complementos, uso de coches oficiales. En un país donde ser mileurista es casi un premio, un miembro de la clase política como la “popular” María Dolores de Cospedal puede acumular tres sueldos que sumaron 223.597 euros en 2010.
Privilegios que no impiden que muchos de los miembros de la casta muestren actitudes deleznables como el tráfico de influencias, la prevaricación, el nepotismo y la corrupción, mejor o peor juzgada en los tribunales de justicia. Todo ello ha ido mermando la opinión de los ciudadanos respecto a la honradez de sus representantes.
Una sociedad como la española, que ha avanzado mucho en cuestiones de higiene, convirtiendo la ducha diaria en un estándar, se ha mostrado mucho menos exigente en materia democrática. Y ha venido haciendo la vista gorda ante este déficit democrático mientras el “sistema” ha sido capaz, mediante una huída hacia adelante -endeudamiento público y privado, privatización de empresas públicas, desastres medioambientales- de mover la máquina del dinero y sostener el artefacto del empleo. Pero ahora, la tramoya ha quedado al descubierto y la gente se cabrea. Especialmente esos millones de jóvenes sin casa, sin trabajo, sin pensión (si prospera la actual reforma de las pensiones) que integran lo que el conformismo social considera una generación perdida.
Por fortuna, para ellos y para el resto del país, esa generación parece que ha comenzado a despertar y tomar en sus manos las riendas de su destino. Al menos, así lo atestigua la intensidad de las manifestaciones promovidas desde Democracia Real, Ya, plataforma que ha sorprendido por su capacidad movilizadora tanto a la clase política como a los medios de comunicación, que inicialmente ignoraron el fenómeno. Luego, los medios de intoxicación masiva de la extrema derecha española tratan de criminalizar el movimiento de los “indignados” tachándolos de “antisistema”.
Por ahora, este movimiento -al que se han acercado varios tipos de oportunistas, empezando por el presidente de Coca Cola, al que su chófer llevó en coche hasta la manifestación del 15-M en Madrid– no tiene unas líneas de acción muy definidas. Desde sus campamentos (decir filas supondría una organización definida) han surgido voces que llaman a no participar en las próximas elecciones. O en todo caso a votar en blanco. Si bien, el núcleo convocante afirma en un comunicado que eso es “totalmente falso, ya que la plataforma se mantiene neutral en este aspecto.”
Los partidarios del voto en blanco lo defienden con el argumento de que se trata de una forma de ejercer la democracia directa, emitiendo un voto de castigo o de condena a todo el sistema político. Mientras que la abstención pura y dura significa el no ejercicio de un derecho de ciudadanía, el voto en blanco es una rotunda expresión de ese derecho. Una forma de protesta o de denuncia política.
¿Qué sucedería ante un crecimiento sensible del voto en blanco? El escritor José Saramago, en su novela Ensayo sobre la lucidez, presenta la ficción de unas elecciones en las que una aplastante mayoría de los votos emitidos son en blanco. Como aviso para navegantes, en el libro el sistema político reacciona con la represión en todos los sentidos como forma de huida de cualquier crítica y análisis del resultado electoral. No obstante, Saramago piensa que una mayoría de votos en blanco constituiría «una revolución silenciosa»
El voto en blanco, que el autor de estas líneas ha ejercido en varias ocasiones, sería una buena opción para visibilizar la protesta social siempre que hubiera contado con una campaña previa de activismo en este sentido. Sin embargo, aquí y ahora, ante la grave situación de emergencia social producida por la crisis financiera lo que se impone es aprovechar el voto para castigar a las formaciones políticas que, en lugar de meter en cintura a los financieros, han introducido recortes en las instituciones del Estado del Bienestar.
Recortes que desprotegen a muchas personas sumiéndolas en la inseguridad social. Para empezar, debería castigarse al PSOE que, vergonzosamente secundado por los sindicatos mayoritarios, ha emprendido una reforma de las pensiones públicas que perjudicará gravemente a los futuros jubilados. Es decir a esos jóvenes que hoy se manifiestan.
Estas elecciones son locales y autonómicas. Pero los dirigentes regionales de los gobiernos autonómicos gobernados por el PSOE pertenecen a la cúpula del partido que recorta prestaciones desde el Gobierno central. ¿Por qué no se indignaron como es debido y permitieron que el Gobierno presidido por Rodríguez Zapatero llevase a cabo esos recortes? “Díselo a Zapatero, que me ha quitado de la pensión 42 euros y eso no se lo perdono.” Era lo que explicaba un vecino de Horche (Guadalajara) a los periodistas.
Un serio castigo al PSOE en las urnas tendría efectos salutíferos. Este partido tendría así una ocasión de oro para rectificar sus medidas más regresivas de cara a las próximas elecciones. Acometiendo, en el tiempo que le queda de estar en el Gobierno central una serie de medidas urgentes destinadas a paliar la situación de emergencia social que plantea la crisis económica. Por ejemplo, equiparando las pensiones mínimas por Decreto, que es como hasta ahora se fija su cuantía, al Salario Mínimo Interprofesional. Que no es una propuesta disparatada, dado que ya el Gobierno del País Vasco las complementa hasta el 88% del SMI.
Naturalmente, el castigo a los socialistas no debe valer para servirle en bandeja el triunfo al otro término del binomio bipartidista nacional. El Partido Popular debería asimismo recibir un severo castigo en las comunidades donde gobierna. En concreto, en la Comunidad de Madrid, la presidenta Esperanza Aguirre lleva años aplicando las políticas más duras de la doctrina neoliberal. Con fatales consecuencias para la Sanidad, la Enseñanza pública y pronto también para el agua que beben los madrileños, cuya gestión pretende privatizar.
Moraleja: Aunque no es descartable que también algunos candidatos de Izquierda Unida pertenezcan al mundo friki, es de esperar que muchos votantes de izquierda elijan esta formación como forma de visibilizar su descontento con la democracia real o la Real democracia. Es decir, la que existe en la cruda y triste realidad.
Carnet de Paro.

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