Economista por una noche, crónicas de Plaça Catalunya

24 mayo 2011 | Categorías: Moviment 15M | 927 lecturas |

Matteo Guainazzi - ATTAC Madrid

Plaça Catalunya, Barcelona, 22 de mayo 2011

He llegado tarde. Unos poetas y cantantes bastante improvisados cierran la asamblea de la noche. Un globo naranja flota sobre Plaza Cataluña. Sin embargo, ya no es la plaza donde se debate el futuro libre de banqueros codiciosos y políticos corruptos. Los miles y miles de jóvenes acampados se preparan para la noche. En pequeños grupos charlan, juegan a las cartas, devoran los bocadillos y las cervezas que los vendedores paquistaníes ofrecen en cada rincón. La atmósfera, más que a una revolución, me recuerda un happening: un Woodstock de mármol y piedra al ritmo de palmas y guitarra flamenca.

Circulo sin rumbo, un poco decepcionado. Las ganas de hablar, de expresarse, de imaginar un mundo diferente que había obligado los organizadores a cortar la asamblea la noche precedente al filo de las tres de la madrugada … ¿en qué se ha quedado? ¿El cambio social a golpe de naipes y taconazos? Los proclamas desde la carpa anarco-sindicalista en favor de una “multiplicación de las instancias de auto-gestión”, en contra de la “centralización burocrática” y de los “políticos profesionales” que se han apoderado de la Asamblea (con mayúscula)” suenan a cruel ironía.

Me siento otra vez desbordado por la realidad. Sin embargo, al margen del campamento, el debate suma y sigue. La Comisión Teatro se plantea cómo integrar las expresiones artísticas en la dinámica del movimiento. Hacía la Rambla de los turistas, desde un pequeño círculo de jóvenes una chica habla de “impuestos a las transacciones financieras”. Otra recuerda los paraísos fiscales, y las vergonzosa ganancias al reparo de cualquier autoridad fiscal que éstos permiten a las grandes fortunas y empresas transnacionales. He precipitado en otro mundo de esta galaxia: la “sub-Comisión Economía de la Comisión de Contenidos”. Allí me siento.

“Hacer listados de medidas urgentes en el campo económico. Nadie parece sentirse desbordado por la tarea de intentar arreglar en pocas horas lo que el mundo de la política y de las finanzas internacionales ha deshecho en treinta años de neo-liberalismo. No tenemos que decidir nada, solo hacer un catálogo de propuestas concretas para llevarlas a la reunión de la Comisión de Contenido la mañana del mismo día. Esto, quizá, nos quita la presión, nos ayuda a superar la reticencia a hablar. Al final de la noche, la secretaria (“odio tener que escribir también las propuestas sobre las que no estoy de acuerdo, por qué soy muy puntillosa”) lleva quince paginas de propuestas en su grafía pequeña y nerviosa; propuestas que van a la raíz de la crisis y de sus soluciones, en “bloques temáticos” que abarcan todo sobre lo que la gente debería tener control, y que nos ha sido quitado por el tecnicismo del consenso neo-liberal: energía, impuestos, arquitectura financiera, trabajo, puertas giratorias entre cargos públicos y empresa privada.

Todo el mundo se esfuerza por atenerse a las reglas del juego fijadas por la asamblea: concreción, brevedad y respeto de todas las propuestas y opiniones. De vez en cuanto hay quienes intentan llevar el debate sobre el terreno resbaladizo del debate ideológico entre reforma y revolución, y nos llaman a luchar permanentemente tod@s junt@s hacia la abolición del capitalismo. Todo el mundo levanta los brazos (hemos superado el límite horario más allá del cual no se puede aplaudir para no molestar el sueño de l@s acampad@s), pero se sigue hablando de los temas inmediatos que más directamente reflejan la realidad sociológica de estos jóvenes precarios y post-fordistas, que son la abrumadora mayoría en la asamblea. A un militante latino-americano que nos invita a revindicar nuestra identidad de clase antes de cualquier planteamiento reivindicativo, uno de los más activos contesta: “Yo fui obrero, después falso autónomo, ahora soy emprendedor, y tengo 24 años. Me gustaría saber a qué clase pertenezco”. Las propuestas nacen de esta realidad desarticulada socialmente: se habla de ventajas fiscales para jóvenes autónomos que quieran arrancar una empresa, de revalorizar el papel del aprendiz (aún a costa de ganar un sueldo inferior: “a mí 1500 Euros al mes no me sirven”), tanto como de permisos de paternidad, de fomentar las pequeñas y medianas empresas ya que “crean trabajo”. Hacia al sector público la actitud oscila entre la necesidad de que las autoridades públicas garanticen un acceso universal a algunos servicios básicos y la disidencia hacía la burocratización de la actual gestión de los servicios públicos y la ineficiencia de sus trabajadores. Las teclas de los móviles se ponen en movimiento casi al mismo tiempo cuando yo hablo del informe PIQUE (www.pique.at) – que nadie conoce, por supuesto.

Hay una deficiencia de memoria histórica y política enorme. Nadie en una asamblea de más de cincuenta personas parece saber que España tenía una banca pública que fomentaba la pequeña economía productiva. Cuando se introduce el tema de la renta básica de ciudadanía, la secretaria pide deletrear la expresión para estar segura de haberla entendida bien. La asamblea vota (!) por unanimidad (!) pedirme que explique de qué va eso. Me convierto en economista por una noche, ¡vaya faena!

Hemos decidido hablar hasta que el cuerpo aguante. EL cuerpo sí que aguanta, pero la cabeza de much@s empieza a fallar a lo largo de las cuatro de la madrugada. Para algún@s hablar es más la expresión de la necesidad de decirnos cuán content@s están que de estar allí compartiendo este momento de la historia, que para aportar propuestas concretas. Entre el cansancio general los moderadores hacen esfuerzos gigantes para mantener la discusión en cauces temporales y temáticos realistas. Son los héroes del día, lo logran estupendamente, con enorme dispendio de energías físicas y emotivas. Se lo agradecerán a ellos mismos para siempre. Yo se lo agradezco hoy.

Me alejo de la plaza, mientras el usual ejército de limpiadores arroja agua sobre las pocas aceras libres de acampad@s. A los lejos, las palmas y las guitarras siguen tocando. Mañana a las 12:00 las quince páginas de escritura nerviosa empezarán a convertirse en un manifiesto económico. Pero no tenemos prisa: “nuestros tiempos no son los tiempos de los políticos y de los medios”.

El granjero de Siberia

Matteo Guainazzi – ATTAC Madrid

Plaça Catalunya, Barcelona, 22-23 de mayo 2011

¿Puede existir una rutina de la revolución? El campamento de Plaça Catalunya asume cada día más el aspecto de una comunidad rigurosa y perfectamente auto-gestionada. La pizarra con el calendario de actividades cubre ya toda la próxima semana (la asamblea de esta noche acaba de aprobar seguir ocupando la plaza hasta el próximo domingo, después ya se verá). Las alrededor de 15 comisiones, cada una con un amplio abanico de sub-comisiones, tienen su propio calendario de trabajo diario. Cada noche desde las 21:00 a las 21:30 se llama a la gente a una cacerolada. Llego siempre con un día de retraso – ¡hoy tenía solo mis manos mudas y sordas para hacer ruido! Pero es emocionante, los confines de la plaza se invisibilizan detrás de un muro sin fin de gente tocando el instrumento de las revueltas del siglo XXI. El horario se respeta a pié de letra, estamos en Cataluña.

La plaza se llena de infraestructuras. El espacio para los niños es una parafernalia de dibujos, colores y llantos. Ya existe una biblioteca – engaño al tiempo antes de las actividades de la noche leyendo un curioso libro de Borón sobre el Socialismo del Siglo XXI en el único sillón disponible. Así sentado con un texto de rebelión socialdemócrata en las manos y las gafas à la Sartre soy fácil diana de la nueva forma de turismo que se desarrolla entre los transeúntes. La Comisión Medio Ambiente ha instalado puntos limpios de reciclaje en todas las entradas de la plaza. Se aprueba en asamblea adoptar como nuestra una huerta que van a instalar en los jardines alrededor de la plaza. La Comisión Salud nos recuerda que no tenemos que matarnos en el intento revolucionario, y ofrece ayuda sanitaria y psicológica para l@s mucha@s que llevan desde días el peso de la presencia constante en el campamento. La Comisión Comunicación comunica, la Comisión Difusión, difunde, la Comisión Cocina cocina, y se lleva el aplauso más convencido después de la medianoche. “El tiempo nos ha acompañado hasta ahora” – nos comenta el portavoz – “, pero si hubiesen tres días de lluvia …”. Y sale la propuesta de ocupar el inmueble público abandonado más grande de Barcelona – una ovación inigualable impide escuchar el final de la propuesta. En mi mente se agitan imágenes de palacios de nobles decaídos como los que hay en mi ciudad natal, entre salas de los espejos cubiertas de telarañas y techos afrescados por dibujos indescifrables. Me despierto con la Presidenta comentando que se trabajará en esta propuesta.

Queremos tod@s convencern@s que tenemos tiempo, y la paciencia para aprovecharlo. En asamblea llegan muchísimas (¿demasiadas?) propuestas de las sub-comisiones de la Comisión de Contenidos para ser aprobadas. Comenta un compañero off-line que son ya más de 200. La metodología de votación es muy atrevida. Son suficientes veinte personas que se manifiesten en contra o se abstengan en la votación para que la propuesta se devuelva a la Comisión proponente para que sea re formulada. Hago un rápido calculo de cuantos somos. ¿1000? ¿2000? ¿Dónde hay un sistema político donde el 1% de la población tiene el derecho de veto absoluto? Estoy aprendiendo mucho. Sin embargo nos arriesgamos, ya que debemos tener tiempo y la paciencia para aprovecharlo. La sub-Comisión Vivienda se lleva la peor parte con casi el 50% de su más de treinta propuestas devueltas. Desde las últimas filas se tiene la impresión de que es por el enfoque muy técnico de algunas propuestas, que no cuestionan radicalmente la idea de propiedad sino pretenden imponer, por ejemplo, impuestos fuertemente progresivos sobre la segunda, la tercera, la cuarta … vivienda. Algun@s hacen pequeñas trampas, votan en contra y se abstienen al mismo tiempo, así votan dos veces y tumban propuestas que si no serían aprobadas por abrumadora mayoría. Salen voces de “infiltrados”, pero no pasa nada. Se hará otra ronda, para concensuar mejor. En algunos casos se descuenta una cierta ingenuidad en los planteamientos, como en el caso de la propuesta que vincula la abolición de la monarquía con la elección directa del jefe del Estado. La tumbo junto con otro compañero de ATTAC que veo en las primeras filas. Pero no importa: hemos ganado otra semana, tenemos tiempo y la paciencia de aprovecharlo, ¿no?.

Sol marca la pauta. Votamos entusiastamente una movilización el día 15 de junio, ya que nos dicen desde la Presidencia que Madrid va a hacerla en aquel día. Luego, la Presidenta de la asamblea se disculpa: parece que Madrid ha decidido manifestarse el fin de semana siguiente para garantizar más participación. Cambiamos la fecha en un voto igualmente entusiasta. Sabemos que no podemos descolgarnos del lugar adonde están puestas las miradas de todo el mundo. Hasta hoy.

En la asamblea el futuro se vive más con preocupación que con entusiasmo. Sabemos que, pasadas las elecciones, la atención de lo medios va a disminuir, y que va a ser aún más difícil compatibilizar una presencia masiva con la vida fuera del campamento – en una Barcelona donde ya gobierna CiU, “cansancio” es una palabra que aparece en varias intervenciones. La solución es salir de sí mismos, relanzar el desafío, expandirnos hacia fuera: en los barrios, en las fábricas. Se oyen gritos de “huelga general”. Entiendo nombres que localizo de mala manera en mi mapa mental, Hospitalet, por ejemplo. Mi barrio tendrá su asamblea el sábado, a 700 kilómetros de aquí. Suerte, compañer@s.

La asamblea sigue, las comisiones desfilan. Los portavoces irradian un entusiasmo que me contagia, y me sacude de la tentación de abandonarme al sueño envuelto por el calor de la plaza. El día ha sido agotador para quienes lo han pasado integramente en el campamento. Hay carteles por todos los lados invitando la gente a cubrirse, a utilizar crema solar, a beber. El tiempo ha acompañado l@s acampad@s, pero con un abrazo agotador. Es difícil animarnos al filo de la una de la madrugada – la Comisión Internacional lo intenta hablándonos de los quinientos que han ocupado una plaza en Londres y no piensan abandonarla antes que nosotr@s, y de la manifestación de los maestros en Oaxaca que quieren llevar mañana carteles en solidaridad con l@s acampad@s de Barcelona. Se lo agradecemos, pero los brazos se levantan con fatiga.

El ultimo aplauso se lo lleva el granjero de Siberia, que ha salido a la plaza de su pueblo, solo, con un cartel colgado al cuello. Parece que el vídeo de esta proeza esta colgado en You Tube; lo he buscado, pero no lo encuentro. Se queda la más grande incógnita de mi cuarta nuita. Al final de los informes de las Comisiones, empieza un turno de palabras. A mi alrededor la gente se desanima. Son las una y media, ya mi cuerpo no aguanta, dejo al campo al pueblo de la acampada que sigue atento, pero ya levanta los brazos con floja energía. “No somos flores en maceta, sino toda una primavera” – estas palabras me rondan por la cabeza mientras dejo detrás de mí la plaza iluminada a pleno día.

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