Agua

25 mayo 2011 | Categorías: Moviment 15M | 1.811 lecturas |

Matteo Guainazzi – ATTAC Madrid

Plaça Catalunya, Barcelona, 23 de mayo 2011

Comisión … cacerolada … asamblea, comisión .. cacerolada .. asamblea, comisión . cacerolada . asamblea, comisioncaceroladaasamblea, comiscacerasamb, comcacasa ……… la acampada de Plaza Cataluña es un tren.

No, la imagen del tren no es la correcta. De un tren se sabe exactamente desde dónde viene, y a dónde va.

Intentamos interpretar las entrañas del futuro del movimiento al comienzo de la asamblea de la noche. Cuarenta minutos, dos minutos por intervención, veinte voces que asumen la responsabilidad de expresar la respuesta colectiva a una pregunta que nadie quiere hacerse: ¿adónde vamos ahora? ¿qué acciones concretas nos planteamos para seguir adelante? Salen un par de espontáneos al micrófono, la presidencia de la asamblea intenta contenerlos. La responsabilidad aplasta las voces. Un sorprendente vacío de ideas nos deja un poco helad@s a tod@s. Voces de “¡Huelga general!, se propone crear una ágora permanente cada domingo … es todo lo que se nos ocurre.

Tod@s sabemos que el futuro a largo plazo nos es aquí, en esta plaza. Tod@s lo sabemos, ya qué muchas intervenciones empiezan con una captation benevolentiae no pedida: “¡Es muy guay estar aquí!”, “¡Estamos haciendo algo grande”, o el – un poco incongruente- “¡Bona nit, Barcelona!. Muchas intervenciones coinciden: el futuro es que desde esta plaza se encienda la chispa de una movilización que arrase los barrios, las fabricas, las universidades. “Afortunadamente” hay una situación de especial ebullición social en Cataluña que puede dar alas a la movilización. Aprendo rápidamente la palabra “retallada” – la usan también l@s poc@s que intervienen en castellano, muchos con acentos del Sur del Sur: el 26 movilización sobre educación, el 27 sobre sanidad, los trabajadores de Alström en lucha en contra de sus patrones … pero estas movilizaciones ya existían antes; el movimiento puede darles fuerza y nuevo aire. Sin embargo, ¿cómo plasmamos nuestra voluntad de cambio global? ¿Encauzamos o nos expandimos?

Entre tanto el campamento sigue trabajando como si no debiera terminar nunca. Cada día surgen nuevas  Comisiones, la última sobre “Diferencias y habilidades diferentes”, por ejemplo (cito de memoria, podría equivocarme). La biblioteca cuenta ahora con un par de centenares de libros, y se puede leer a la sombra de una carpa. En la carpa de la Comisión de Difusión hay listas de barrio para apuntarse, que habrían hecho felices a los grises de otra época. Es increíble la facilidad con la que una hoja que circula sin saber desde dónde, se convierte en un listado de nombres y correos electrónicos.

Gran parte de la asamblea de la noche discute temas de organización interna. No puedo negarlo: me aburro un poco, y los participantes de mi generación lentamente abandonan la plaza. El debate sobre si la asamblea tiene que votar solo temas de interés general, dejando a las comisiones y grupos más pequeños los temas de gestión más cotidiana lleva más tiempo que el debate sobre las acciones futuras, incluidos un cuarto de hora de suspensión de la asamblea para reflexionar mejor. Al final se devuelve a la comisión proponente (“Participación y Democracia Directa”). Es que – creo – hablar de nosotr@s mism@s nos da confianza, nos da la fuerza para no pensar en el día en que este campamento tiene que convertirse en una ágora global, o en nada. El demonio del desalojo aparece bajo la formas más insospechables y sutiles: en dos días los responsables de una cadena de televisión quieren hablar con el movimiento para saber si pueden utilizar la plaza para retransmitir la final de la Liga de Campeones de fútbol, donde el F.C.Barcelona se juega su lugar en la historia de este deporte. El compañero que – con mucha racionalidad y honestidad – pone el problema recibe pitos inmerecidos de la asamblea. No queremos despertar.

Y cada día se consiguen pequeñas victorias. Ya los “paki” – como los llaman aquí – no venden cerveza en el medio de la plaza, solo agua y refrescos. A los que todavía lo intentan (y que, de alguna forma, hacen su personal agosto), se les invita a volver al día siguiente con zumos. Pretenden no entender, pero mañana se venderá zumo en la plaza, estoy seguro.

La Plaza funciona a miles de velocidades distintas, y madura a cada hora. La reunión de hoy de la sub-comisión “Economía” de la Comisión de Contenidos ha sido radicalmente diferente a la de hace dos noches. Ya no se trata de un grupo de jóvenes que quieren dibujar los principios generales de una economía basada sobre los personas. Somos un centenar de personas en un círculo cerrado, en el medio del caos, del tráfico y de los borrachos polacos. Nos intercambiamos el megáfono para articular un programa de medidas concretas sobre la reforma fiscal y la banca. Hay familias directamente afectadas por los desahucios y las trampas de los contratos de adquisición de una vivienda, junto a estudiantes y maduros militantes de ATTAC. Hay una distribución de edades casi plana entre veinte y sesenta años; una señora de una edad que no traicionaré por ser caballero, se despierta cada vez que se habla de pagar menos tasas. Hay cosas que ya no hace falta ni mencionar, ya que son patrimonio común: la abolición de las SICAV, de los productos financieros derivados sobre alimentos, la reforma fiscal en sentido progresivo, el impuesto a las transacciones financieras, la abolición de los paraísos fiscales. Ya no hablamos del qué sino del cómo conseguir esta ultimo objetivo sin limitar la soberanía de otros países, de lo que el Estado Español podría hacer ya y ahora pare evitar el gigante fraude que ellos suponen. Un par de horas más tardes una intervención en la asamblea propone los paraísos fiscales como uno de los dos temas en lo que deberíamos concentrar todos nuestros esfuerzos. Los brazos se levantan.

Ningún académico de izquierda está entre nosotr@s: ¿les molesta sentarse en el suelo en vez que detrás de de una cátedra? No los echamos muchos en falta, de verdad: entre nosotr@s tenemos gente que ha vivido en primera persona de lo que habla , y entra en detalles técnicos que la mayoría de nosotr@s afortunadamente no conoce: la “cláusula suelo”, o artículos de leyes que suenan irrealmente misteriosos. Hablamos de cómo hacer que la fiscalidad sea un instrumento para construir una economía más a medida del individuo, fomentando buenas practicas empresariales y penalizando el fraude, las deslocalizaciones. Y también hay propuestas imaginativas: en Noruega las multas de tráfico se pagan en función del nivel de la renta, ¿por qué no en España? ¿Por qué el I.V.A. sobre bienes de primera necesidad como el agua es la misma en los barrios populares y en las urbanizaciones de los ricos?” Estábamos hablando de la banca pública cuando el ruido de la cacerolada de las 21:00 nos interrumpe. Miramos tod@s hacía “El Corte Inglés” en mi lado de la plaza, (me he olvidado otra vez la cacerola en casa, pero me hago un tambor con el material de la Comisión de Infraestructura, que espera pacientemente a que yo acabe para hacer algo con él).

Al filo de la una de la madrugada los informes de la Comisiones – menos extendidos y más concretos que en otras ocasiones – dejan paso al turno de intervenciones libres. Escucho muchos aplausos al alejarme. En un rincón de la plaza, injustamente ocultado, la frase con la que me quedo para hoy: “El capitalismo es una bonita utopía: pero en la práctica no funciona.”.

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