Hay vida (social) más allá de Berlusconi

2 julio 2011 | Categorías: Unió Europea | 889 lecturas |

Matteo Guainazzi – Attac Madrid

Habría sido suficiente el 50% más 1. Sin embargo al final han sido muchos más: el 96% del 55% de los electores transalpinos han dicho “sí” en sendos referendos populares a los bienes comunes, a la prohibición de instalar centrales nucleares (confirmando el resultado de otro referéndum del 1986), y a la igualdad de todas y todos los ciudadanos – incluidos lo más altos cargos del Estado – frente a la ley.

Varias etapas de la construcción de la democracia y de la conquista de derechos sociales en Italia habían ya sido sufragados por un voto popular: desde la proclamación de la Republica en el año 1946, hasta el divorcio y el aborto a lo largo de las décadas del los años 70 y 80, y el abandono de la energía nuclear después del desastre de Chernobyl. Sin embargo, desde el año 1995 un referéndum no conseguía el quórum mínimo para ser válido. La victoria asume entonces el valor de una reválida de la democracia, en un momento en el que el régimen de Berlusconi parece vivir su ocaso.

La victoria en los dos referendos sobre al agua tiene una importancia política extraordinaria, ya que ha sido el coronamiento de más de diez años de lucha popular en contra de la privatización del agua, El referéndum mismo fue promovido por un foro nacional de comités ciudadanos, sin apenas apoyo político y financiero por los partidos y sindicatos mayoritarios. Por primera vez en Europa un movimiento popular logra parar con votación popular un proceso de privatización de un bien común a escala nacional.

La lucha en contra de la privatización del agua (históricamente gestionada por los ayuntamientos) empieza en Italia en 2002 con la primera articulación de conflictos territoriales. Los comienzos del movimiento han vivido una alternancia de éxitos sociales y derrotas institucionales. Hubo un primero intento de parar la privatización en Toscana a través de una ley de iniciativa popular para la que se recogieron 43000 firmas (en una región de alrededor de tres millones y medio de habitantes) Mientras que la asamblea de esta comunidad tumbaba la ley, la red de comités y conflictos territoriales constituyó un Foro Nacional de los Movimientos para el Agua, que en octubre de 2006 decidió perseguir la vía de una ley de iniciativa popular a nivel nacional con el mismo objetivo. A la entrega en el Parlamento de más de 400.000 firmas en julio del 2007, el gobierno Berlusconi respondió con el “Decreto Ronchi”, que blindaba la privatización, obligando las empresas públicas todavía existentes a abrir por lo menos el 40% de su capital al mercado privado, e imponiendo una política de recuperación de los costes (es decir, de las ganancias previstas por los inversores), que permitía un aumento de las tarifas de hasta el 7% para garantizar la “remuneración del capital invertido”. Justo estos dos aspectos de la ley han sido derogados por el referéndum.

En Italia se necesitan 500.000 firmas de electores para convocar un referéndum (previa aceptación de la Corte Constitucional) El movimiento consiguió recoger un millón cuatrocientas mil, en tres meses de iniciativas, debates, mesas informativas a lo largo y a lo ancho del país. Los intentos del gobierno de boicotear el desarrollo del referéndum a través de la censura informativa (los medios están mayoritariamente controlados por el gobierno y su primer ministro), y llamando activamente a la abstención para impedir que se consiguiera el quórum, se han topado con un nivel de movilización popular sin precedentes. Por esta razón el resultado del referéndum, además de un éxito de la lucha popular contra la de gestión privada de los bienes comunes, es también una derrota sin paliativos para Berlusconi y su régimen criminal-circense, solo dos semanas después que otra derrota en elecciones locales llevara a dos políticos del centro-izquierda a conquistar las alcaldías de Milán y Nápoles, fueros berlusconianos por excelencia.

¿Cómo ha podido articularse un movimiento de tal envergadura? A través de una interpretación rigurosa y funcional del principio de democracia directa popular. Las asambleas de los comités territoriales han sido desde el principio las únicas instancias habilitadas para tomar decisiones. Incluso la formulación del texto de los referendos ha sido objeto de debates entre comités de juristas y las asambleas. Rechazando los tiempos comprimidos de la política oficial, y aceptando el riesgo de la lentitud, se ha asumido el consenso como única forma de tomar decisiones, respetando los tiempos de maduración y elaboración política de todos los sujetos. Para todos los temas de organización, una coordinación nacional se reunía una vez al mes en día no laborable, y grupos de trabajo específicos han garantizado la continuidad de un movimiento, cuya amplitud y duración no tiene parangón.

Entonces, ¿quién es el “pueblo del agua”? Escapa a una definición clásica, y quizá, para eso, la palabra “pueblo” es la que más puede servir para, de alguna forma, identificarlo. Se trata de la condensación de una red de conflictos locales que ha sabido mantener viva su capacidad de lucha y de movilización durante el largo invierno del berlusconismo en un sin fin de luchas locales: contra los trenes de alta velocidad, las bases militares, las incineradoras, y por la educación pública, la separación entre intereses empresariales y funciones públicas y la dignidad de la política. A pesar del papel que indudablemente algunos sujetos organizados han jugado en el movimiento para el agua (ARCI – la asociación cultural del antiguo Partido Comunista -, ATTAC, sindicatos minoritarios así como la Función Pública de la CGIL), el movimiento se ha nutrido de luchas auto-organizadas desde abajo que, sin embargo, raramente antes habían tenido una capacidad de coordinación tan amplia en el tiempo o en el espacio (el ejemplo quizá más parecido en la historia reciente de Italia es el movimiento en contra de las instalaciones de los misiles nucleares de la OTAN en los años 80) También ha sido importante la contribución de las red de asociaciones católicas de base y de muchas parroquias comprometidas en contra de la marginalización social, a duras penas toleradas por la jerarquía eclesiástica oficial. Sin embargo, ninguno de estos sujetos habría podido conseguir por sí mismos un éxito de tal envergadura.

Creo que los ingredientes fundamentales de este éxito son tres:

1) la lucha para la defensa de los bienes comunes como elemento aglutinador del malestar popular en contra de la crisis. Paradójicamente, la crisis económica ha golpeado la clase trabajadora en Italia menos que en otros países, ya que Italia se encuentra en un proceso de desindustrialización y empobrecimiento de la clase media y trabajadora desde ya hace quince años. En una situación de precariedad estructural para las nuevas generaciones y de erosión constante del poder adquisitivo de las familias, la lucha para los bienes comunes naturales (agua, aire, territorio y energía) es una forma concreta en la que el malestar hacia los estragos de las globalización capitalista ha tomado forma política. El movimiento para al agua ha sabido poner este tema en el centro de su pedagogía y de su propuesta. Ha centrado el objetivo en entrar en resonancia con la exigencia popular de proteger los niveles de bienestar material y social conquistados también a través de luchas que han conformado la identidad social y política del país a lo largo de la segunda postguerra. También fundamental ha sido la estrategia de unir en un mismo frente la ciudadanía-usuaria del servicios, las y los trabajadores de las empresas amenazadas por la privatización y los administradores de las comunidades locales, que ven claramente en la privatización el “pan para hoy, hambre para mañana” de las administraciones públicas

2) la autoorganización y la horizontalidad del movimiento. El éxito del referéndum es también una derrota para los partidos de la izquierda institucional, que ya no saben interpretar las exigencias de su base social tradicional. Esta separación se manifiesta en grado máximo en la persona del actual secretario del Partido Democrático (lejano heredero del Partido Comunista) Bersani, conocido en Italia como “Mr. privatizaciones” por el papel jugado cuanto ejercía el cargo de presidente de la Regione (Comunidad) Emilia-Romagna. Los partidos de izquierda han sido incapaces de ser protagonistas de la lucha social en contra de la derecha y el berlusconismo. Han sido víctimas por un lado de la teoría del “partito ligero”, el partido de opinión que no necesita ni ideología, ni militancia, ni movilización social (si no en pocos momentos concretos para avalar las políticas decididas por los lideres); y por otro de una actitud conspirativa, que busca los cambios políticos como resultados de alianzas entre cúpulas de partidos, en vez que como el producto de la lucha social. Con su democracia radical, el movimiento para el agua ha demostrado que este modelo de partido “moderno” es sin embargo antiguo y anacrónico, y no sabe expresar el deseo de protagonismo social de un pueblo que no se contenta con mirar los debates televisados a gritos en prime time

3) hay vida social más allá de la televisión. “Se escribe agua, se lee democracia”. La imagen de un pueblo manipulado por la propaganda oficialista, feliz del (poco) pan y (mucho) circo que el gobierno le proporciona a través de sus órganos de manipulación y desinformación está más lejos de la realidad de lo que pensamos en Europa. El pueblo italiano no ha olvidado la tradición de lucha que hizo de Italia el país a la vanguardia de la izquierda radical política y cultural durante las décadas de los sesenta y de los setenta. Pero, como toda ciudadanía en los países occidentales, ha sido pillado por sorpresa por el vaciamiento de la democracia real causada por la dictadura de los mercados financieros y de su brazo armado (el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea), y el mazazo del ataque capitalista a los derechos sociales y laborales y a las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora. Aturdidas y aturdidos por el golpe, los trabajadores y ciudadanos de Italia necesitaban un objetivo político claro y una victoria posible para recuperar su papel en la historia de la luchas para los derechos sociales y políticos. El agua (y la ceguera política de la derecha) se lo ha proporcionado.

Es difícil no ponerse patriótico o lírico después de una victoria tan contundente. Una compañera histórica escribía en su pagina Facebook: “Hemos ganado. Hombre, ¡es una sensación muy extraña!”. A pesar de las mafias, del monopolio informativo, de la violencia neo-fascista de la Lega Nord, y del bunga-bunga, la democracia en Italia está viva y con buena salud. Es una muy buena noticia para la ciudadanía de Europa, y quizá un empujón de ánimo también para el 15-M de nuestra casa.

Artículo publicado en Viento Sur

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