Europa ¿Qué Europa?

10 junio 2012 | Categorías: Unió Europea | 889 lecturas |

Carlos Martínez – Presidente de ATTAC Andalucía

Si hay dos situaciones que nos llenan de esperanza, ante la dura realidad que las personas que de diversas formas estamos viviendo la crisis, es ver cómo, en dos espacios diferentes, pero cercanos, -en el sur de Europa-, hay pueblos, comarcas, trabajadores y un pueblo –el griego- puestos en pie, reclamando su derecho a existir dignamente, en medio de tanta desazón causada por las políticas neoliberales que se están imponiendo, de forma tan acrítica como carente de fundamento científico y democrático.

Desde el comienzo de la crisis sistémica que nos condiciona tanto nuestras vidas, en Attac, al igual que otras muchas organizaciones sociales, movimientos y sindicatos, hemos advertido acerca de las direcciones opuestas al interés de las personas, que conllevaban las medidas políticas y económicas que se estaban implementando. Economistas muy prestigiosos tanto españoles, como de otros continentes han venido advirtiendo que con toda esta falacia caminábamos directos a la gran recesión.

Así es. Pero advertimos con desasosiego, como los causantes de tanto sufrimiento humano siguen siendo los gestores, los llamados a opinar, los que se encargan de “resolver” la catástrofe, encabezados en el caso español por el ministro del ramo, directivo de uno de los primeros bancos en quebrar y en extender la ruina de tantas pequeñas empresas y de tantas personas trabajadoras.

Pero hay una reflexión que nos hacemos muy poco en el conjunto de Europa, y en las regiones mediterráneas menos aún, y es ¿qué le debemos a esta Unión Europea? Qué es, publicidad institucional aparte, lo que nos ha legado la burocracia dirigente de Bruselas y el pacto liberal-socioliberal-conservador y democristiano que ha destruido los estados sociales europeos, sin nada a cambio. Pero es que además ¿qué ha ocurrido con nuestro tejido industrial?

Veamos y hagamos alguna reflexión tranquila y sin miedo al qué dirán los liberales causantes de tantos errores ¿O no?:

-          Con la excusa de que las empresas públicas no debían tener subvenciones estatales, impuesta desde Bruselas, se cerraron minas, astilleros, siderurgias y se prometieron fondos que nunca cumplieron sus objetivos. Ahora comarcas enteras están paradas y sin expectativas.

-          La agricultura y la pesca vivieron una reconversión igualmente brutal, con la condición de su normalización y de acabar con excedentes. Los agricultores fueron subvencionados en parte y encima convertidos en blanco de muchas críticas por ello. Su opción no fue voluntaria.

-          Se construyeron autopistas, sí, muchas, que además permitieron que los productos industriales alemanes llegaran con más rapidez y comodidad al sur de Europa.

-          Se predicó la conversión de Europa en general –excepto Alemania y algún estado centro-europeo más- en zonas de servicios y de gestión financiera. Como si España entera se fuera a convertir en un centro financiero y no en un Estado que solo demanda camareras y camareros. Este paroxismo en el aznarato tuvo su punto álgido, pero no olvidemos a Solchaga y otros ministros y dirigentes similares iniciadores de tanta “reconversión”, que a la postre solo se ha traducido en deslocalización.

Se pueden poner más ejemplos, pero al final llegamos a una conclusión y es que se dejó de invertir fondos públicos en tejido industrial que creaba empleo para hacerlo de forma descarada en bancos, servicios financieros y en infraestructuras para estos sectores. Era ni más ni menos que la aplicación al pie de la letra en el sur de Europa de la globalización neoliberal. Ahora no se ahorran millones en rescatar a la banca, mientras no solo se recortan derechos, sino que no se invierte ni un euro público en crear empleo. Todo es para la banca privada, ojo, privada.

Es impresentable que se dejaran perder minas e industrias en nombre de la competencia y la competividad y la “liberalización” y ahora se gasten muchísimos miles de millones más en salvar a los bancos causantes de la crisis. Ahí sí que ha sido diligente la Unión Europea.

Pero se consiguió otro objetivo aún más importante, y fue destruir toda una cultura obrera, forjada en luchas, compromisos, resistencias, derrotas y victorias. Toda una forma de vida basada en la solidaridad, el apoyo mutuo y el orgullo de poseer un oficio, fue destruida. Las jóvenes generaciones de las comarcas desindustrializadas ya no tienen futuro, pero lo peor ha sido que el paro y el remedio estúpido del ladrillo, han generado cientos de miles de personas jóvenes sin oficio ni beneficio. Con la falta de cultura, la desesperanza, el egoísmo y la pura supervivencia. La destrucción planificada y sistemática de los valores, los principios. Una sociedad sin valores es un caldo de cultivo de resignación y desvertebración social.

No es que sea un industrialista, defensor de industrias contaminantes e insostenibles. No. Pero si enumero un hecho. Si advierto que en la construcción de la Unión Europea que sufrimos han ido parejas el desmoche de las industrias de las regiones periféricas, la pérdida de empleos dignos, el debilitamiento de los sectores y servicios públicos y la pérdida de la cultura solidaria, de clase y de ideas.

Nada de lo ocurrido ha sido casualidad. Por eso las comarcas mineras en lucha, desde Asturias, León o Aragón entre otras, no solo defienden sus minas, defienden su cultura y la vida en sus pueblos y ciudades. Defienden las cuencas, pero en realidad nos defienden a todas y a todos los demás.  Solo la defensa de la supervivencia de la cultura minera ya debería movernos a todas y todos, no solo a sentir simpatía, sino a ser más activos en nuestras movilizaciones.

Por eso todas y todos debemos ser mineros y enfrentarnos con decisión a la aniquilación, no solo de nuestro carbón, nuestro empleo o el suyo, sino de los valores políticos, la historia social, las raíces de la reivindicación social. La creencia en que se puede crear otro mundo.

Pero también el pueblo griego, al que por mor de extender la incuria de sus oligarquías políticas y económicas, sus trampas y robos,- en el que por cierto el resto de Europa y en especial el Reino de España, no le van a la zaga,- ha sido insultado, despreciado y humillado.

Pero los griegos han reaccionado y le han propinado ya un primer bofetón a la Unión Europea, a los mercados, a los bancos franceses, alemanes y anglosajones que les ahogan sin piedad. Ahora ante le excelente noticia de que SYRIZA pudiera ganar las elecciones, sufren un duro chantaje y amenazas sin cuento. El objetivo es que las viejas oligarquías políticas se vuelvan a poner de acuerdo y gobiernen a Grecia según los intereses de la banca centroeuropea.

También en la resistencia del pueblo griego hay mucho de cultural. La lucha de una cultura mediterránea que ha defendido siempre su patria de ocupaciones, colonizaciones y agresiones bélicas. Pero la cultura mediterránea, también le estorba a la gris y corrupta burocracia de Bruselas, tanto como a Alemania, la resistencia de los griegos a ser invadidos y que todavía muchos mayores alemanes deben recordar, incluso alguno en sus carnes.

Es desalentador que la entrada del verano provoque a tanta gente con responsabilidades, esperar al otoño, para reiniciar las movilizaciones, o a tantas y tantos dirigentes, sestear, ahora que precisamente corre el rumor de que el gobierno del PP y la UE van a imponer al Estado Español más recortes y que estos pueden ser en pensiones y en prestaciones.

Por eso que los griegos puedan propiciar un segundo bofetón a Europa neoliberal y conservadora, así como que los mineros del norte del estado español, sigan luchando con valor, mucho valor por sus valores y su vida digna es un consuelo, pero también una esperanza.

Desde el sur del Reino de España, desde una Andalucía con su escasa industria casi desmantelada y en la que solo la economía social y las cooperativas hacen tener confianza en el futuro, hay que buscar también la vertebración con estos focos de resistencia. Aquí también existió una cultura minera, ya desmantelada casi en su totalidad. Grandes centros metalúrgicos desmantelados, des-localizados y encima estafando al gobierno andaluz de turno. Nosotras y nosotros  también somos mediterráneos y al igual que los griegos hemos sufrido dominaciones y humillaciones.

Hace poco desde Attac Andalucía se llamó a que esta tierra se convirtiera en un bastión antineoliberal. Todavía estamos a tiempo de rectificar y hacerlo. Pero para eso deberemos estar dispuestos a batallar y a arriesgarnos a ser intervenidos por el gobierno central del PP y si lo hicieran, responder. Por eso mientras a estas orillas del mediterráneo llega nuestra SYRIZA, al menos seamos capaces de ser solidarios con los hermanos griegos y a no olvidar que a los nietos de los mineros andaluces, no les espera más futuro que el trabajo precario, el ser camareras y camareros o la vuelta a la emigración.

En las cuencas mineras y en Grecia se está defendiendo nuestra dignidad. Yo solo me contento con recuperar los valores, las ideas y la voluntad de forjarnos nuestro propio futuro. Por eso la reciente visita del embajador de Venezuela a Andalucía, reuniéndose con la economía social, ha sido tan importante. El mundo es muy grande y hay otras gentes con las que buscar la vida, comerciar, ser solidarios y cooperar mutuamente.

Que no nos sigan engañando, porque fuera de Europa, también hay vida. En cualquier caso, otra Europa, es posible, es imprescindible. Mientras tanto, hoy todas y todos somos mineros, o griegos, pues son los que ahora están recordando que las personas tenemos dignidad y valores.

Carlos Martínez es politólogo

 

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