¿Devaluación?

12 junio 2012 | Categorías: Unió Europea | 941 lecturas |

Devaluemos juntos un euro cuya sobrevaloración está bloqueando las economías europeas no alemanas

Manuel Castells La Vanguardia

La crisis financiera se profundiza. El Gobierno se pasó de listo al intentar endosar el rescate de Bankia al Banco Central Europeo mediante bonos del Estado canjeables en el Banco. Ante la negativa del BCE y con una Comisión Europea irritada con las maniobras de Rajoy y que propone crear una agencia presupuestaria independiente fiscalizadora de España, la credibilidad del sistema financiero español y aún más la del Estado están bajo mínimos, la prima de riesgo alcanza niveles del tiempo de la peseta y los intereses de la deuda, rozando el 7%, se hacen impagables. El agujero negro de Bankia supera 23.000 millones y sus activos tóxicos (están en los libros pero sin valor de mercado) se estiman en 40.000. Bankia está nacionalizada de boquilla, pero sin dinero para pagarla. Y sigue el baile de irresponsabilidad y cinismo entre los mandamases. Al inefable gobernador del Banco de España, tras la peor gestión que se recuerda en la historia del Banco, le anticipan su cese en plena tormenta poniéndole mordaza porque ya nadie se fía. De investigar a los responsables de la quiebra, posiblemente fraudulenta, nada de nada, dicen la mayoría de políticos, empezando por Rubalcaba que quizá tema que salga a la luz algo que se hizo durante el mandato socialista. Se acelera la fuga de capitales. Presidente y ministros siguen ocultando información a los ciudadanos sobre la gravísima situación en que nos han metido, como si fuéramos nosotros los irresponsables a los que no hay que alarmar. El rescate e intervención de nuestra economía es altamente probable.

Pero lo peor es que se buscan soluciones financieras a corto plazo sin modificar las pautas de una economía que, como secuela de la austeridad, se instala en la recesión. Mientras los políticos europeos repiten las mágicas palabras “estabilidad y crecimiento” estamos sumidos en la inestabilidad y en el estancamiento. Y mientras no se reactive la actividad económica que cree empleo y renta, no se podrá parar la espiral de destrucción de la que sólo se salvan los que usan la crisis para poner a salvo sus ganancias personales y medrar con nuevas inversiones especulativas. Pero ¿cómo reactivar la economía en una situación así? Históricamente, en situaciones similares se han utilizado dos mecanismos. Por un lado, estimular la demanda mediante gasto público financiándolo si es necesario con emisión monetaria o deuda pública canjeable. En las condiciones del corsé de hierro de la euroeconomía el Gobierno no puede hacerlo sin concierto con los otros países y ya conocemos el nein de la Merkel. Hay una segunda fórmula: una devaluación monetaria que permita fuertes ganancias de competitividad de modo inmediato, tanto en los mercados exteriores como en el interno al incrementar el costo de las importaciones y hacer más competitiva la producción nacional. Esas fueron las positivas experiencias de Rusia tras la crisis de 1998 y de Argentina tras la del 2001. Se suele asimilar devaluación monetaria con salida del euro, con posibles consecuencias negativas en toda la cadena de transacciones: esos son los horrores que se le vaticinan a Grecia cuya salida del euro está cantada. Pero existe, teóricamente, otra posibilidad: devaluar el euro.

Se produciría de inmediato un considerable incremento de competitividad en las exportaciones de la euro-zona en su conjunto. Y aunque la mayor parte del comercio exterior español se hace al interior de la misma, los otros mercados son relevantes (en la actualidad América Latina representa 5,7% de nuestras exportaciones; América del Norte, 4,3%; África, 6,3%; Oriente Medio, 2,6%; Asia, 4,4%; Reino Unido, 6,2%), mientras que Alemania sólo cuenta por 11%, o sea poco más que el conjunto de América. Pero además, la mayor competitividad de las economías alemana, francesa o italiana, ampliaría los mercados intraeuropeos para nuestras empresas. Un efecto particularmente significativo sería el incremento del turismo extraeurozona a precios de ganga en términos de las divisas de origen. Es obvia la importancia del sector exterior en la economía española. Según Juan Tugores, entrevistado por La Vanguardia, “sin la aportación exterior, la bajada de la economía española podría llegar este año al 4% o 5% en lugar del 1,5% previsto”. Por contra, una devaluación del euro del orden del 20% permitiría un relanzamiento que podría crear empleo a corto plazo, sobre todo en las pymes.

Ahora bien, no hay mecanismo institucional ni voluntad política para devaluar el euro. Y es que no hay voluntad política para nada en Europa, excepto encerrarse en reuniones y esperar a que pase la tormenta (peligrosa ilusión, no nos vamos a quedar quietos, ya lo verán). Pero podemos hacer una devaluación popular del euro simplemente cambiando nuestros euros en dólares u otras divisas, en cuentas en el mismo banco o en otro más fiable, procedimiento legal y que no descapitaliza a los bancos, cosa que por el momento no parece aconsejable. De hecho grandes inversores multinacionales ya están desprendiéndose de sus euros, poniéndose a salvo de su depreciación o desintegración. ¿Por qué los ciudadanos tienen de nuevo que sufrir las consecuencias de la crisis por falta de información? Tenemos aún algún derecho, como disponer de nuestros ahorros. Pues cambiemos nuestros euros en divisas más seguras (simplemente porque tienen un Estado detrás, a diferencia del euro), beneficiémonos de la revaluación de estas monedas con respecto al euro y devaluemos todos juntos un euro cuya sobrevaloración está bloqueando las economías europeas no alemanas.

Eso sí, la factura del petróleo aumentaría, lo cual conllevaría inflación. Aunque no es seguro porque junto a la caída del euro está cayendo el precio del petróleo por reducción de la demanda. Pero además resulta que una inflación moderada sería positiva porque devaluaría parte de la deuda. Y para empresas y hogares este es hoy, tras el paro, el problema principal. O sea que, en su conjunto, la devaluación del euro por iniciativa ciudadana podría contribuir a una posible salida de la crisis y constituiría un experimento en democracia económica ante la parálisis e ineptitud de nuestras élites dirigentes.

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