Menos caridad y más justicia

12 junio 2012 | Categorías: Estatal | 672 lecturas |

Xavier Caño Tamayo - ATTAC-Acordem

Aumenta la pobreza, consecuencia directa de la crisis, y en algunos lugares se organizan Telemaratones: largos programas televisivos en los que actúan gratis et amore artistas varios, aparecen mediáticas figuras y se pide dinero a la ciudadanía para nuevos o viejos pobres. Recientemente se han conseguido así en Barcelona 4 millones de euros.

Es la caridad o limosna de siempre, pero presentada como un vistoso espectáculo. Lo malo es que no resuelve la pobreza ni de lejos. La pobreza tiene causas conocidas, así como responsables, directos o indirectos y, si no se atacan las causas, lo que se diga hacer contra la pobreza no deja de ser un brindis al sol. Como tratar con analgésicos un tumor cerebral que produce terribles dolores de cabeza, pero sin plantearse extirpar el tumor. Veamos por donde van los tiros.

En España, como en toda Europa, los ingresos del estado disminuyen porque desde hace un par de décadas largas (en estricta aplicación del dogma neoliberal)  los ricos pagan menos impuestos. Cada vez menos. Unos con gubernamental complacencia, permitiendo legalmente a quienes más tienen que paguen lo menos posible (utilizando los recovecos de la ley perpetrados para tal fin) y otros sencillamente evaden impuestos. No pagan. El dinero evadido del fraude fiscal español (destacando ahí los ricos y muy ricos, tanto personas como empresas) suma 88.000 millones de euros al año. Una pasta.

Entonces, al entrar menos dinero en las arcas públicas, los gobiernos se endeudan. ¿Para atender a la ciudadanía? Cada vez menos. ¿Para qué ese endeudamiento entonces?

El aumento de la deuda pública en los últimos cuatro años tiene relación directa con la sangría de dinero fresco que los gobiernos han dedicado a salvar bancos. Y ahora las nuevas medidas exigidas por la Unión Europea para continuar salvando bancos europeos probablemente incrementarán aún más las deudas públicas estatales. Lo que se traducirá en nuevas histerias para controlar el déficit, más recortes, más agresiones contra derechos sociales, más despidos, más pobreza… ¡Qué les voy a contar!

Pero además, el aumento de la deuda pública tiene también mucho que ver con el aumento de la desigualdad y de la pobreza, como ha documentado Juan Torres López: menor capacidad adquisitiva de la ciudadanía  (por incesante reducción de la renta salarial desde hace años) y, por tanto, menos ingresos públicos. Y sobre todo tiene que ver con el hecho demostrado de que la minoría rica, cuando no evade capitales a los paraísos fiscales, especula cada vez más y abandona la economía productiva; la llamada economía real, la que crea empleo, mantiene la demanda y aporta ingresos al Estado.

Un ejemplo del desmadre millonario de la banca, la crisis y el déficit es el caso de Bankia, cuarto grupo financiero español. Aseguraba tener beneficios, pero de repente interviene el gobierno porque el grupo está podrido y pierde miles de millones. Se inyectan miles de millones para sanear el grupo, mientras, por ejemplo, un alto directivo del grupo abandona el barco llevándose como indemnización 14 millones de euros. ¿Es o no es esto Chicago en los años 30?

Esa “nacionalización” de Bankia costará mucho más de los veinte mil millones de euros que se ha dicho por ahí. Entre dinero fresco inyectado y avalado, el Estado ya ha comprometido o comprometerá más del doble. Y Bankia solo es una parte del sistema financiero español. El caso es que el agujero de la banca española oscila entre 100.000 y 300.000 millones de euros. El problema no es la deuda pública, salvo cuando aumenta por atarse a la salvación de los bancos.

Sinceramente, cada vez soy más partidario de la solución islandesa: los bancos tóxicos que se hundan (¡para lo que nos sirven!). Y sus directivos responsables, a los tribunales.

En ese baile de miles de millones para la banca, los ajustes y recortes de los presupuestos públicos para 2012 ascienden a algo más de 43.000 millones de euros. Eso es lo que el gobierno neoliberal de Rajoy recorta y reduce en aras de mantener el déficit exigido por Europa. Ni qué decir tiene que esa reducción es de graves consecuencias para la ciudadanía, para el empleo y para la economía española. Pues bien, el fraude fiscal en España, calculado por organizaciones de técnicos e inspectores de Hacienda, es de 88.000 millones de euros anuales. Si se recuperara sólo la mitad del dinero evadido fraudulentamente (y no con generosas amnistías fiscales precisamente), no habría ajustes ni congelación ni reducción de salarios ni despidos ni otros recortes de derechos humanos de la ciudadanía.

Si un tipo con navaja o pistola te dice: “dame todo lo que lleves de valor o te rajo” y luego te fuerza a ir a un cajero para sacar el máximo que permita su tarjeta de crédito o débito, ¿qué pensar? Que ese sujeto es un ladrón, un delincuente que ha de ser arrestado, juzgado y encarcelado. Pero ese tipo sólo te quitará unos cientos de euros.

¿Por qué somos tan complacientes o pasivos con quienes nos roban todo o casi todo (aunque por ahora no sea a punta de pistola) con su desmedida codicia, evidente incompetencia e ilegítimo poder? ¿Por qué somos tan complacientes con la minoría rica que perpetra esa estafa y robo de nuestros derechos con la repugnante y evidente complicidad de los gobiernos?

Menos caridad y más justicia, ya.

 

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