Centro y periferia

23 junio 2012 | Categorías: Opinió | 814 lecturas |

Esteban ActisPágina/12

La globalización y el caso europeo

Las categorías “Centro y Periferia” fueron uno de los mayores aportes del pensamiento estructuralista latinoamericano. Desde los años sesenta, a diferencia de los enfoques anglosajones que veían la principal fractura del sistema internacional en la división Este-Oeste, algunos intelectuales latinoamericanos comprendieron que la principal fractura del sistema, que afectaba el desarrollo de la región, era la Norte-Sur.

Desde entonces, y a pesar de la utopía globalizadora del fin de las divisiones, los conceptos de centro y periferia tienen una clara referencia a la división entre un mundo desarrollado y otro en desarrollo. No obstante, desde fines de los años setenta, tanto el centro como la periferia se vieron atravesados por una nueva modalidad que adquirió el capitalismo: la liberalización y desregulación financiera que conllevó la primacía de un capitalismo de base financiera sobre otro de tipo productivo.

Sin embargo, este fenómeno impactó de diferentes maneras en el centro y en la periferia debido a que una de las características nodales que hacen a la división es que mientras el centro crea y difunde las normas y reglas del sistema (rules makers), la periferia las recibe y las acepta (rules takers). Desde los años ochenta, la aceptación y adscripción por parte de la periferia (Latinoamérica y parte de Asia) de los beneficios de la globalización financiera concluyó con recurrente crisis (México 1995, Sudeste asiático 1997, Rusia 1998, Brasil 1999, Argentina y Turquía 2001) que llevaron a un profundo cuestionamiento sobre dichas estrategias y a una apuesta a la globalización comercial a partir del pilar exportador.

En este contexto, la expansión financiera encontró nuevos mercados – y nuevos instrumentos – donde expandirse. La profundización de la integración europea a partir de la creación de la unión monetaria fue el nuevo escenario neurálgico donde se jugó la globalización financiera. En ese supuesto espacio integrado y homogéneo (la Europa de los 15 países desarrollados) visualizado como un “centro” del poder mundial, se comenzó a configurar un centro y una periferia europea en términos económicos y políticos. La crisis iniciada en 2008 desnudó y puso en evidencia dicha división.

En el aspecto económico, la Unión Económica creó su propia división internacional del trabajo. Algunos países como España, Grecia, Portugal, Italia e Irlanda basaron su crecimiento en el ingreso de capitales especulativos o dirigidos a sectores proclives a burbujas (el superávit de la cuenta financiera cerraba la brecha externa de la balanza de pagos) debido a un problema de competitividad estructural agravado por las políticas macroeconómicas de la unión. Por su parte, países como Alemania, Francia, Holanda, Bélgica y Austria mantuvieron sus superávit de cuenta corriente como eje de sus estrategias de desarrollo producto de su exitoso desempeño productivo.

Esta dinámica de crecimiento compartido pero diferenciado eclosionó en 2008. Transcurrida la crisis, al desfasaje económico se le adicionó el político. La mentada homogeneidad europea y solidaridad regional mostró no ser tal. El centro europeo dictó las normas/políticas (de ajuste) y la periferia no tuvo más remedio que aceptarla. Al igual que en los años noventa, cuando desde Washington y desde los organismos multilaterales de créditos se les exigía e imponía políticas a los países latinoamericanos y asiáticos, la periferia europea parece resignada al rol de rule taker, ahora desde Bruselas.

Pasada la primera década del siglo XXI, los conceptos de centro y periferia mantienen su capacidad explicativa y no han perdido vigencia para analizar las relaciones internacionales. Las transformaciones del orden internacional producto de, entre otras cosas, la emergencia de nuevos poderes hace que debamos sofisticar y ajustar su aplicabilidad. En el mundo actual la “periferia tiene su centro” y “el centro, su periferia”

Licenciado en Relaciones Internacionales. Becario Doctoral del CONICET. Docente de la Universidad Nacional de Rosario.

 

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