Espacio de conflicto

23 julio 2012 | Categorías: Opinió | 753 lecturas |

Manuel Calderon – Página/12

Cuando los Estados Unidos invadieron Irak en marzo de 2003, en nombre de la democracia y la libertad de Occidente, revelaron en realidad que el territorio comenzaría a ser un espacio de conflicto. El petróleo no es de quien vive sobre él sino de quien lo necesita, y quien lo necesita es el mercado. Todo aquel que interfiera con el mercado puede ser demandado y desposeído. Todo aquel que interfiera con la democracia occidental, puede ser encarcelado o invadido.

Esta democracia occidental (el “Imperio” según Hardt y Negri) es la expresión de algunas pocas naciones poderosas, articuladas sobre un ideario y un interés comunes, sobre muchas otras que no lo son (que no lo supieron ser, que no lo pudieron ser a tiempo), y que han sido y deben seguir siendo desarticuladas. Para el Imperio, los Estados-nación que no son el Imperio, son peligrosos. Conviene que no haya Estados, ni naciones. Conviene que haya una democracia, una nación, un mercado, un mundo. Cuando la libertad y la democracia imperen en todo el Mundo, no habrá más guerras entre Estados caprichosos y naciones bárbaras, se promoverá el bienestar general, la prosperidad y la felicidad de la población. No habrá más conflictos por los territorios, porque ya no habrá territorios sino un territorio común a todos los ciudadanos del mundo; que habrá sido apropiado, legalizado y normado por los principios y valores de la democracia, y que todas las corporaciones del mundo podrán comercializar en el mercado; pudiéndose incluso demostrar que esto es lo mejor y más eficiente para el medio ambiente y toda la naturaleza.

Paradójicamente o no, justo cuando parecía más verdadero, más obvio, más indiscutible que nunca, el clímax del largo ciclo histórico englobador que comenzó con la modernidad europea y su expansión colonial está siendo contenido por la oposición, desde fuera de las fronteras, de otros territorios, otras poblaciones, y otras voluntades.

El resurgimiento de los Estados-nación exteriores al Imperio está implicando ahora mismo una resignificación de la idea de territorio. Los territorios recobran, para los Estados-nación, su valor estratégico y simbólico. Se pone en juego una nueva economía política de la territorialidad a nivel global, caracterizada por un despertar de la nacionalidad territorial y de la búsqueda del control y la regulación económica por parte de los Estados-nación de sus espacios físicos de soberanía.

Las conflictividades postimperiales que nos esperan parecen bien inciertas, pero la irreversibilidad del proceso que se inició, no.

Profesor de Historia del Pensamiento Económico.

 

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