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Sí, el 99%. Los de arriba y los de abajo, sí.

4 Gener, 2013 - Crisi sistémica

Hugo Abarca – Quién mucho abarca De un tiempo a esta parte, desde la aparición de movimientos como el 15-M, Occupy Wall Street, etc. están cuajando nuevas denominaciones identitarias en torno a un eje de conflicto social que llevaba mucho tiempo ahí. Marcelino Camacho solía hablar de “el gran Capital”: en 1988 ya avisaba de […]

Hugo AbarcaQuién mucho abarca
De un tiempo a esta parte, desde la aparición de movimientos como el 15-M, Occupy Wall Street, etc. están cuajando nuevas denominaciones identitarias en torno a un eje de conflicto social que llevaba mucho tiempo ahí. Marcelino Camacho solía hablar de “el gran Capital”: en 1988 ya avisaba de que se estaba construyendo “la Europa del gran Capital” (hay múltiples referencias de Marcelino Camacho al gran capital, como esta en la que lo identificaba como el verdadero enemigo de Comisiones Obreras: “el gran capital y las multinacionales“, en concreto). Mucho más recientemente, hace poco más de un mes, Cayo Lara llamaba a la huelga generalno solo a la clase trabajadora “clásica o tradicional”, sino a otros sectores de la sociedad, entre los que ha mencionado a autónomos, pequeños comercios“. Pasada la huelga Cayo Lara valorómuy positivamente el seguimiento de la huelga celebrada este miércoles, destacando particularmente el apoyo entre los autónomos y las pymes”.
¿Era Marcelino Camacho y es Cayo Lara unos posmodernos líquidos desclasados ignorantes tontos útiles de la derecha? Uno diría que no (aunque probablemente Cebrián, Felipe González y Rodríguez Ibarra dijeran que sí). Ninguno de los dos niega la lucha de clases ni por tanto la contradicción capital trabajo pero ambos interpretan (correctamente) que en esta fase del capitalismo -el neoliberalismo- las grandes decisiones de política económica no se toman a favor de todo el capital sino de una oligarquía económica y financiera muy reducida que controla al poder político. Y que por tanto es eficaz una alianza en la lucha contra la agresión dirigida por ese pequeño grupo contra una amplísima mayoría social dado que esa amplia mayoría social es víctima (aunque en grados muy distintos) de las agresiones de esa pequeña élite criminal. No es una negación del conflicto, sino la correcta localización de la trinchera en la fase neoliberal del conflicto. Frente al fascismo, que negaba la existencia de conflicto social vertical (en España incluso estuvo prohibida la lucha de clases durante el franquismo), no hablamos del 100% de la sociedad, del esto lo arreglamos entre todos, del anuncio de Campofrío ni de la política grande que reclama unidad, sino de afrontar que existe conflicto, un conflicto durísimo, entre una oligarquía y el país.
¿99%? Es una forma de llamarlo, una forma eficaz, que está cuajando y que consigue que mucha gente que carecía por completo de conciencia de clase se sienta apelada. Lo mismo que la diferenciación “los de arriba y los de abajo“, que no sería más que otra forma de decir “opresores y oprimidos“: el capitalismo consiguió renombrar a las clases para desdibujar el conflicto, para negarlo: así en vez de un mapa dialéctico dibujó un mapa lleno de clases: alta, media-alta, media, media-baja, media… en el que fuera imposible identificar un enemigo. La reacción de los oprimidos tenía que ser conseguir que el mapa volviera a ser dialéctico y lo que importa  es la  conciencia de clase, no la conciencia de la palabra que define a la clase. Si se pregunta a la gente de qué clase social es probablemente den respuestas variopintas; si se les pregunta si son de los de abajo o de los de arriba la infinita mayoría responderá que son de los de abajo, que hay una élite arriba que les están jodiendo. Es decir, tendrán conciencia de oprimidos. Y no sólo lo responden, sino que aciertan. Y muchos ya se movilizan como oprimidos. Muchos que no se movían antes. Son nuevos nombres para lo de siempre muy eficaces: por primera vez en mucho tiempo, en vez de ser el poder el que nombraba las cosas para anular la lucha somos los oprimidos los que renombramos para avivar las llamas del conflicto.
Las identidades colectivas son construcciones útiles para afrontar el conflicto: tanto desde un punto de vista reaccionario como si son para la emancipación. En estos casos, tanto el 99% como la identidad de “los de abajo” establecen una identidad frente a la élite opresora y por tanto son construcciones sociales útiles para la emancipación.
Da igual si cuantitativamente esa élite es el 1% (o si es el0.5% o el 5%) y por tanto el resto, los que podemos aspirar a derrotarlos, somos el 99%. Evidentemente la cifra es simbólica. Pero además algo parecido a un 1% hay. Hay pocas formas de llamar a la élite social. Una es la “clase alta”: un mito que define el sentimiento de pertenencia a una élite, a un grupo muy pequeño pues esa redefinición de las clases busca que todo el mundo se sienta “clase media” para anular el conflicto (para que no nos sintamos abajo, sino en medio: eso es lo que busca la ideología dominante que se derrumba). Pues bien, en prácticamente todas las sociedades desarrolladas hay alrededor de un 1% de la población que se autoubica en esa élite, un 1% al que si le preguntan se sitúa sin problemas como “clase alta”. No es más que una sensación de pertenencia, un sentimiento de identidad subjetivo, pero es muy llamativo. En España es un 1.23% de varones y un 1.10% de mujeres el que decía pertenecer a esa exclusivísima élite en 2007 (es improbable que haya variado mucho en estos años dado que la crisis apenas está afectando a ese grupo salvo para mejorar sus condiciones: tampoco hay muchos estudios, el CIS agrupa “clase alta y media-alta”).
Son, pues, categorías utilísimas para volver a conseguir que cuajen identidades colectivas emancipatorias en el conflicto social, que haya mucha gente que se sienta apelada por estas categorías que nombran lo mismo (el 1% es lo mismo que aquel gran capital; los de arriba y los de abajo” es lo mismo que “opresores y oprimidos”. Negarse a usar instrumentos que están funcionando y que reafirman lo que siempre dijimos es absurdo, es simplemente intentar que no avancemos, que no sumemos fuerzas. No apostar por ser un 99% es tender cada vez más a ser un 1% de gente muy convencidas de la superioridad de su conciencia de clase y de un lenguaje que no dice cosas distintas pero sí con un lenguaje no compartido: lo mismo que hacen las élites sociales para no mancharse en el contacto con la chusma. Quizás se trate de eso.
 

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