El régimen del 78 esta caducado ¿Pero cómo construir lo nuevo?

24 enero 2013 | Categorías: Estatal, Opinió | 1.066 lecturas |

Carlos Martínez – ATTAC Andalucía

La encuesta de la cadena SER, grupo PRISA, desde luego inocente no es. PRISA no es sino una empresa neoliberal más, con intereses económicos y políticos tanto en el estado español, como en Europa y por supuesto en Latinoamérica. Pero como empresa informativa también debe hacer algo y justificarse. La encuesta del 23 de Enero de 2013 es muestra de ello.
Pero ese sondeo de opinión no hace sino corroborar lo que muchas personas llevábamos tiempo denunciando. Algunas hace ya años y otras menos, pero multitud afortunadamente tras el 15 de Mayo de 2011. La conclusión es que el régimen del 1978 por la fecha de la Constitución vigente, esta finiquitado, podrido y alejado cada vez más de la voluntad popular.

La legitimidad política no solo la otorga el Parlamento –cosa que por supuesto así es pues representa la soberanía popular- pero las personas son cada vez más conscientes de que ese parlamento está electo por medio de una ley que contiene en si misma el pucherazo, que refuerza un bipartidismo corroído por casos de corrupción y del que se desconfía cada día más. Un bipartidismo que al igual que el régimen ha fracasado o al menos se muestra incapaz de seguir rigiendo las esperanzas de los pueblos del estado español.

La legitimidad del 78 se basaba en el advenimiento de la democracia tras el franquismo. Pero también la democracia que ni fue un regalo, ni se la debemos a nadie en concreto, sino a la determinación de los pueblos de España y de su clase obrera por conquistarla y dotarla además de derechos sociales y laborales, no puede basarse en una pata: el estado de derecho. La Constitución del 78 constantemente obviada en su apartado de conquistas sociales y ciudadanas no puede aportarnos tan solo un rey ya desprestigiado, unos partidos muy discutidos en su conformación y estructura actuales, así como en su relación con la ciudadanía y un poder judicial lento, clasista y encima ahora con unas tasas que hacen imposible a las personas de las clases trabajadoras acceder a él.

La legitimidad democrática desde el siglo XX y por supuesto en el XXI se sustenta en el bienestar del pueblo, el reparto equitativo de derechos y obligaciones y en la posibilidad democrática de avanzar hacía mayores cotas de justicia y de igualdad, así como de los pueblos de un estado plurinacional a decidir. Si el estado no es social, falta una pata y por tanto hay que refundar el estado y redactar una nueva Constitución que garantice los derechos y libertades. En esta etapa del régimen, los derechos sociales, y perdón por las constantes cacofonías, están siendo conculcados, los recortes y privatizaciones en salud, educación, desempleo y pensiones, la perdida de la libertad sindical y derechos laborales y la desigualdad ante la justicia así como ante la fiscalidad, diseñada solo para favorecer a los ricos, las grandes empresas y bancos, ha roto cualquier atisbo de reconocimiento social y perdido los sagrados fundamentos de la democracia. En el Reino de España, ni somos iguales ante la ley, ni existe un bienestar garantizado, ni se aporta en función de las ganancias y beneficios. Es decir reina la injusticia más palmaria. El estado social está siendo robado en beneficio de los de arriba.

La Transición se basó en un pacto social roto ya definitivamente, cuyo basamento estuvo en la consecución de demandas sociales y sindicales duramente conseguidas, pero que ahora una vez eliminadas ya no sustentan el acuerdo. Por tanto defender en estas circunstancias un régimen caduco no tiene sentido excepto para liberales doctrinarios que solo creen en el estado policía y en la preeminencia de la riqueza y la propiedad sobre el bien común y la igualdad.
Por tanto es el momento de organizarnos con más fuerza y lograr en convergencia entre movimientos sociales, cívicos y partidos o fuerzas políticas no contaminadas por la corrupción, al objeto de crear el actor político que nos permita alcanzar la vuelta a la democracia y el reparto equitativo. Es el momento de aunar esfuerzos y no dispersarnos en múltiples convocatorias. Pero también de dejar de pensar que nadie solo puede. No se trata ya en un momento de emergencia social y democrática de contentarnos con subir algunos puntos porcentuales en el computo electoral, sino de gobernar, es decir de alcanzar una mayoría sólida que permita un regeneración democrática y el gobierno del pueblo y para el pueblo.

En consecuencia como hay propuestas ya lanzadas de unos Estados Generales sociales y políticos, unifiquemos rápidamente todas las iniciativas dispersas y planteemos una nueva coalición convergente que nos permita avanzar. Pero tampoco quiero olvidarme de la responsabilidad de los movimientos sociales, puesto que nosotros –los movimientos- hemos elaborado el discurso y las propuestas y las alternativas socio-políticas, en consecuencia y en mi opinión, quiere decir que hemos de abandonar nuestra torre de marfil teórica –es cierto que estamos en calles y plazas y dando la cara- pero los tiempos exigen otra cosa, otra actitud y más decisión. Tal y como ocurrió en Latinoamérica por mucho que se nos mienta en este reino bananero sobre sus procesos. O tal y como ahora está ocurriendo en Túnez, donde todas las fuerzas democráticas, laicas y anti neoliberales se han unido en un Frente Popular. Si Túnez fue ejemplo para las revueltas ciudadanas y la reacción frente a la ausencia de democracia real, bien podía seguir siendo ejemplo ahora, pues los protagonistas de la Revolución tunecina se agrupan, insisto, en el Frente Popular que incluye a partidos, movimientos y sindicatos y no lo digo por importar el nombre, sino el espíritu.

Las fuerzas sociales transformadoras antineoliberales y por el socialismo democrático y superador del capitalismo no tenemos nada de qué avergonzarnos, al revés llevamos años luchando en condiciones muy duras y denunciando los efectos negativos de las prácticas tanto ultraconservadoras como de los que han renunciado a la emancipación. Los movimientos y fuerzas agrupadas en torno a los presupuestos del Foro Social Mundial estamos desde 1998 denunciando lo que iba a llegar con el neoliberalismo y hemos soportado una soledad ya finiquitada, pues teníamos razón y coraje. Por eso las fuerzas de izquierdas consecuentes, no debemos ocultarnos, pero debemos ser generosas, abiertas y capaces de elaborar una nueva forma de organización más democrática y transparente. Más comprometida si cabe y aprender de los movimientos.

Estamos ante una emergencia y eso requiere generosidad, valores y prácticas claramente diferenciadas de los que ejercen el poder. Pero sobre todo hemos de buscar una alternativa puesto que fuerzas ocultas y no tan ocultas de la extrema derecha y de la derecha económica, ya la tienen. El mismo PP tiene su estrategia de cambio confusión y perpetuación. Es ya muy antiguo, renovemos todo para que todo siga igual. Denunciemos el desorden para proponer un orden nuevo, es decir el fascismo que hoy se esconde tras la excusa del gobierno de los técnicos y de los supuestos sabios.

Nadie pues de los que creemos que otro mundo es posible, nos podemos apartar, pero para construirlo las propuestas son simples y en varias direcciones aunque convergentes:

- Movilizarnos contra la corrupción y los recortes y privatizaciones, la mayor parte de las veces, por no decir todas, corruptas.
- Apoyar la convocatoria de la Alter Summit o Cumbre Alternativa europea convocando las manifestaciones del 13 o 14 de Marzo, según sea la reunión del Consejo Europeo de la UE, en contra de sus políticas de austeridad y por una Europa diferente de esta que está bajo el dominio de la dictadura de los mercados. A la calle ya. No podemos seguir sin reaccionar.
- Marchas y acciones por la dignidad.
- Estados Generales de ciudadanía y movimientos sociales y socio-políticos al objeto de crear al actor político coaligado que nos permita vencer a la corrupción y luchar por la justicia.
- Exigencia ya del fin de las amnistías fiscales, el fraude fiscal consentido y auditoria de la deuda. No pagar la deuda ilegitima. No consentir más que la deuda privada y de los bancos la paguemos los y las ciudadanas.
- Reconquista de la soberanía popular hoy secuestrada y de la independencia del Estado Español vendido a intereses del capitalismo europeo e internacional. Por una Europa de los pueblos.

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