Grecia y España ayudaron a Alemania a recuperarse tras la Segunda Guerra Mundial. Encuentra las diferencias

8 marzo 2013 | Categorías: Unió Europea | 1.213 lecturas |

Hace 6 años la mitad de las deudas de guerra alemanas fueron canceladas para reconstruir su economía. Sin embargo, hoy en día, la deuda está destruyendo a esos mismos acreedores.

Nick Dearden – Jubilee Debt Campaign
Hace 60 años se llegó a un acuerdo en Londres para cancelar la mitad de la deuda alemana. Esa cancelación, y la manera en que se llevó a cabo, fueron vitales para la reconstrucción de Europa tras la guerra. Llama la atención por el terrible contraste con el sufrimiento de los pueblos europeos a cuenta de la deuda actual.

Alemania emergió de la segunda guerra mundial todavía debiendo la deuda que se había originado en la primera guerra mundial: las reparaciones impuestas al país tras la Conferencia de Paz de Versailles en 1919. Muchos, incluyendo John Maynard Keynes, argumentaron que estas deudas eran impagables, de hecho, llevaron al resurgimiento Nazi y la segunda guerra mundial.

En 1953, Alemania debía también los créditos que había pedido para la reconstrucción del país inmediatamente después de la guerra. Los acreedores de Alemania eran Grecia y España, Pakistán y Egipto, así como EEUU, Reino Unido y Francia.

La deuda alemana estaba muy por debajo de los niveles vistos en Grecia, Irlanda, Portugal y España en la actualidad, representando aproximadamente un cuarto del PIB. Pero incluso a este nivel, había una seria preocupación sobre su impacto en la reconstrucción.

Ya que se necesitaba una Alemania occidental fuerte como barrera contra el comunismo, los países acreedores se reunieron en Londres y demostraron que entendían qué había que hacer para ayudar a un país devastado.  Demostraron que comprendían que la deuda nunca es sólo responsabilidad del deudor. Los países como Grecia quisieron tomar parte en un acuerdo para ayudar a crear una Europa occidental estable y próspera, a pesar de los crímenes que los alemanes habían cometido sólo unos pocos años antes.

La cancelación de la deuda alemana  se llevó a cabo antes de que diera lugar a una crisis, cancelándose el 50% de su deuda, lo que incluía a deudas del sector privado e incluso de individuos. También incluyó a todos los acreedores. A nadie se le permitió resistirse y sacar mayores beneficios que los demás. Se decidió que cualquier problema que surgiera sería arreglado en negociaciones entre iguales, y no a través de sanciones o imposiciones de políticas antidemocráticas.

Quizás, la característica más innovadora del acuerdo de Londres fue que Alemania occidental sólo debía pagar sus deudas del superávit comercial, y que cualquier pago estaba limitado al 3% de las ganancias provenientes de las exportaciones para ese año.

Esto significó que esos países a los que se les debía la deuda, debían comprar productos exportados por Alemania occidental. Significó que sólo se podía pagar con parte de las ganancias que el país estaba obteniendo, lo que no daba lugar a pedir más créditos. Significó que los acreedores de Alemania se interesaban por su crecimiento económico y sus dificultades para crecer.

Tras el acuerdo de Londres y con el problema de la deuda resuelto, Alemania experimentó “un milagro económico” y años de crecimiento económico. Sin embargo, la medicina aplicada a los países endeudados en los últimos 30 años no ha podido ser más diferente. En su lugar, la práctica común ha sido, desde principios de los 80, rescatar con nuevos créditos a la vez que se forzaba a los gobierno s a implementar la austeridad y liberalizar sus mercados para ser “más competitivos”.

Como resultado, desde Latinoamérica y África en los años 80 y 90 hasta Grecia, Irlanda o España hoy en día, la pobreza se ha incrementado y la desigualdad se ha extendido.  En África en los años 80 y 90, el número de personas viviendo en la pobreza se incrementó en 125 millones, mientras la economía se reducía. En Grecia actualmente la economía se ha reducido más de un 20%, mientras una de cada dos personas permanece desempleadas. En ambos casos, la deuda, se infló.

En la actualidad, la prioridad de un país es pagar su deuda, no importa qué cantidad de los presupuestos sea consumida con este fin. En contraste con el límite del 3% de los pagos de la deuda alemana, en la actualidad el FMI y el Banco Mundial  valoran los pagos de la deuda hasta el 15 o 25% de las ganancias obtenidas de las exportaciones  como algo “sostenible”  para los países empobrecidos. Los pagos de deuda externa en Grecia, representan el 30% de las ganancias provenientes de sus exportaciones.

Cuando las deudas han sido “reestructuradas”, solamente es una porción del total adeudado, y sólo con aquellos acreedores que están interesados en participar. En 2012, sólo los acreedores privados de Grecia redujeron la deuda. Los acreedores que se amparaban en las leyes británica o suiza pudieron oponerse a esta reestructuración, y por lo tanto, perseguirán a Grecia durante muchos años.

La “estrategia” en Grecia, Irlanda, Portugal y España es poner el peso de todo el reajuste sólo en el país deudor para hacer su economía más competitiva a través del desempleo y los recortes salariales. Sin embargo, sin acreedores como Alemania  deseando comprar sus exportaciones, su economía no crecerá y el sufrimiento será eterno.

El acuerdo sobre la deuda alemana fue esencial para su recuperación tras la devastación de la segunda guerra mundial. En Europa hoy en día, la deuda está haciendo girones el tejido social. Fuera de Europa, países muy endeudados son todavía tratados con paquetes de medidas de austeridad y “reestructuración”. Pakistán, Las Filipinas, El Salvador, Jamaica, gastan entre el 10 y el 20% de las ganancias de sus exportaciones en deuda extranjera gubernamental, y esto es sin incluir los pagos de deuda del sector privado.

Si no tuviéramos ninguna evidencia sobre cómo se resuelve una crisis por la deuda, podríamos quizás considerar las políticas de los líderes de Europa como erradas. Pero tenemos los ejemplos positivos de Alemania hace 60 años, y ejemplos de la devastación de Latinoamérica por la crisis de la deuda  hace 30 años. Las acciones de los líderes europeos no están lejos de llamarse criminales.

Fuente: www.guardian.co.uk.

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