Distribución de la renta

4 junio 2013 | Categorías: Justícia Fiscal y Financiera Global, Opinió | 759 lecturas |

Rafael Ramos Jaén – ATTAC Cádiz

El bienestar colectivo no es la suma del bienestar individual, el bienestar individual es la división del bienestar colectivo. El propio bienestar individual no se consigue de forma autárquica porque ningún individuo económico es autosuficiente, necesita para su bienestar la participación de otros semejantes. Si esos otros semejantes no tienen la renta o el trabajo que les permita satisfacer, además de las suyas propias, las necesidades de aquel, éstas se quedarán sin cubrir. Un ladrillo por sí solo es algo sin sentido. A largo plazo terminará siendo olvidado, deteriorándose. Es en unión de otros ladrillos como formará parte de un edificio. Ese es su sentido, lo que le dará vida y le permitirá un continuo mantenimiento.

Esperar a crecer para repartir es una ilusión, puesto que no es posible crecer sin reparto. Son todos los protagonistas de ese reparto los que hacen posible el crecimiento con su actuación (consumo, inversión). La aportación de un solo individuo económico, suponiendo que fuese posible su actuación y supervivencia en solitario, lograría una renta, a lo sumo, al límite de sus posibilidades, sin poder crecer más allá de ese límite. Es la aportación de otros elementos en la creación de riqueza lo que permitiría el crecimiento, no sólo colectivo sino de cada cual, más allá incluso de los límites posibles en solitario.

La renta global de la comunidad, entendida en su más amplio significado de sociedad, es generada por los factores productivos, esencialmente el trabajo. En tanto que esa riqueza no revierta justamente en los factores que la generan será una riqueza estéril que terminará perjudicando a los propios factores (los faltos de ella y los saturados de ella) y por tanto al proceso de creación de riqueza; esto es, concentrar la renta generada por muchas manos en pocas manos es frenar ese proceso creador de bienes y servicios, de bienestar en definitiva, y aunque a corto plazo afecte a los que menos perciban, el daño terminará contaminando a los que han acaparado en exceso, al tratarse de un exceso que, como tal, no retroalimenta la producción de riqueza, empobreciendo al conjunto.

Existe una falacia sembrada por Adam Smith que ya se ha mostrado como tal: considerar al mercado (o a los mercados) como entes en sí mismos y capaces de regular por sí mismos. Pero el mercado no es sino la actuación de ofertantes y demandantes y éstos no son sino personas (físicas o jurídicas) y, como tales, obedecen a unos intereses, a un pensamiento ideológico, a una doctrina, a unas necesidades o, en definitiva, a un actuar premeditado e interesado. Para que esa actuación independiente de cada ofertante y demandante tenga efectos positivos para el conjunto, puesto que efectos sólo sobre una de las partes terminan siendo negativos para ella misma, se hace necesario la actuación de un regulador eficaz y justo que permita canalizar las fuerzas individuales, estériles en solitario, hacia el bienestar de todas ellas. Para ello son imprescindibles mecanismos redistributivos de renta y trabajo que equilibren la ineficacia y el efecto negativo de las descompensaciones provocadas por el actuar descontrolado de los mercados. Mecanismos como una política fiscal que redistribuya la renta para hacerla productiva en su totalidad. Una concentración de renta en pocas manos, más allá de lo que es materialmente posible que esas manos reviertan a la economía real, convierte ese exceso de renta en desecho improductivo: esto es, el fruto de la actuación de todos los factores productivos habrá sido en vano. A los sumo, esa renta excedente en pocas manos será utilizada en el ámbito financiero de la especulación, para intentar mantenerla o incrementarla de forma ficticia en los ilusorios mercados especulativos. Sin embargo, esa renta excedente en manos que ya no pueden disponer de más renta, se convertiría en una renta creadora de riqueza global si estuviera en manos de los agentes económicos que aún tienen margen para inyectar renta (a través del consumo, la inversión, los impuestos…) en la economía real. En otras palabra, la renta excedente en pocas manos no produce mayor riqueza, a lo sumo el efecto negativo de su actuar especulativo en los mercados financieros. Pero en manos con margen de gasto serviría para retroalimentar (vía consumo, vía impuestos.etc.) el sostenimiento del sistema y el bienestar común.

Pero cuando se habla de redistribución pensamos siempre en el concepto renta, olvidándonos de otros campos de aplicación, como el del trabajo. Planteen a un niño o niña el siguiente problema: Si tenemos 5 personas trabajando 10 horas cada una y otras cinco personas sin trabajar, ¿cómo podría solucionarse el problema de las 5 personas paradas? La respuesta es inmediata: Que trabajen las diez personas cinco horas cada una. Esta solución, tan matemáticamente correcta, cuando se plantea a los adultos (economistas incluidos) provoca una inmediata contestación: la bajada de renta de los que pasan a trabajar la mitad de horas. Pero esta contestación olvida el hecho de que las rentas de los que trabajaban inicialmente es exageradamente dispar (injusta e inhumanamente dispar), poseyendo algunos ese exceso de renta estéril antes comentado. Con una previa redistribución de la renta (que es producida por los cinco trabajadores), la bajada de renta tras el reparto del trabajo sólo disminuiría el nivel de renta que en exceso percibía uno de ellos, sin causarle a éste perjuicio alguno en su bienestar, al tratarse de renta excedente. Siguiendo el ejemplo: si la renta de los que trabajaban era de 1+1+1+1+46=50, la nueva renta una vez repartido el trabajo podría ser de: 1+1+1+1+1+1+1+1+1+41=50. Trabajarían los diez la mitad de horas, obtendrían renta los parados y sólo se reduciría la parte de renta excesiva concentrada en una sola mano, sin que ello perjudicara su bienestar, al tratarse de renta sobrante. Con una gran ventaja para el conjunto: las nuevas rentas activarían más la economía real (vía consumo, impuestos…) al dejar de ser improductivas, hasta el punto muy probable de que el de mayor renta consiga el nivel anterior o más. Todo ello sin entrar en comentar las imperfecciones de un sistema que permite que una renta de 50 producida por 5 agentes económicos termine distribuyéndose de la manera 1+1+1+1+46.

En definitiva en el centro de la crisis económica hay una célula enferma que es la que ha causado la metástasis, su nombre: REPARTO (o distribución de la renta, llamémosla como queramos).

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