Cuánto vale la vida, una sola vida

21 junio 2013 | Categorías: Estatal, Opinió, Serveis Públics | 904 lecturas |

Cuando las trabajadoras de la limpieza están en la calle, conciben la vida en términos de justicia y dignidad

Antonio Aramayona – ATTAC España

¿Cuánto vale la vida? ¿Cuánto vale una sola vida? Hay personas que dan su propia vida por defenderla. Hay personas que aman tanto la vida que no les importa ponerse en riesgo de perderla en situaciones límite si eso puede llevar a que otros vivan mejor. Son personas que poseen el don de la generosidad incondicional. Una de esas personas es Ana, una mujer intrépida, menuda de cuerpo y muy grande de corazón.

Siembra sus pensamientos en la Red, los expresa con bisturí de ímpetu y clarividencia. Tiene dos hijos y un marido de fina ironía, Antonio, cuya mirada revela cuánto se quieren. Ana trabaja desde hace muchos años en el servicio de limpieza del Hospital Clínico de Zaragoza. A raíz de los despidos y del conflicto en la limpieza de hospitales y centros de salud de Aragón, Ana resolvió iniciar una huelga de hambre con dos compañeros más, y al lado de otras 1.500 personas en huelga indefinida (llevan ya treinta y un días de huelga). Llegué a estar muy preocupado por ella y temí seriamente por su salud. Al undécimo día de huelga de hambre, a instancias de los médicos, comenzó a ingerir algo de alimento. José Luis y Ángel continúan en huelga de hambre.

Hace años, un amigo me regaló un librito alemán, cuyo título, traducido libremente, viene a decir “si existimos solo por un tiempo limitado, entonces vivamos a tope y plenamente”. En cambio, hay gente que parece conducir su vida con el freno de mano puesto, como si dispusiera de una cantidad ilimitada de tiempo y tuviese que prever cualquier contingencia para sentirse segura. Los griegos clásicos hicieron mucho hincapié en una virtud para ellos fundamental, la prudencia, a fin de resaltar que la vida humana adquiere su pleno sentido solo si y cuando busca en cada momento y circunstancia esa plenitud. La conciencia ética de una persona prudente no establece como ideal la tibieza como término medio entre el calor y la frialdad, sino el calor sin remilgos, con tal de que no llegue a escaldar el cuerpo y deteriorar la salud. Si esos pensadores griegos echasen hoy una ojeada a nuestra sociedad, quizá diagnosticasen que estamos enfermos de abulia y de apatía (literalmente significan carencia de determinación y de pasión).

Ana, José Luis, Ángel y sus 1.500 compañeras trabajadoras en huelga indefinida hacen que volvamos a preguntarnos cuánto vale la vida, cuánto vale una sola vida. Vaya por delante que la vida de un ser humano no consiste solo en respirar, comer, defecar, dormir o procrear sino que se despliega como tal en una compleja y maravillosa estructura de relaciones, entornos, valores, aprendizajes, derechos y obligaciones que convierten a un determinado individuo perteneciente a la especie Homo Sapiens y cuya secuencia de ADN está contenida en 23 pares de cromosomas en el núcleo de cada célula diploide en un ser humano, en persona, en sujeto de los derechos y obligaciones contenidos en la Carta Universal de los Derechos Humanos. ¿De qué vale comer si no puedes dar que comer a los seres que dependen de ti? ¿De qué vale respirar si algunos políticos y algunos patronos te están negando las condiciones mínimas para mantener la dignidad como humano y como trabajador?

Cuando Susana, Ana Mari, Ester, Coral, Lola y tantas otras trabajadoras de la limpieza hospitalaria en huelga indefinida están en la calle, hacen sonar sus cacharros o reparten octavillas en pleno centro de la ciudad, están compartiendo su determinación de que solo conciben la vida en términos de justicia y dignidad, a la vez que hacen apasionadamente patente que la vida merece ser vivida solo a tope y sin claudicaciones. Muchas de ellas lo están pasando mal, con muchas estrecheces y problemas sin resolver, pero no reblan. Es lo mismo que Maite, una mujer admirable de la PAH, con una enorme carga de incertidumbre económica para sí misma y para los suyos, pero que finaliza siempre sus mensajes con besos de chocolate o de bizcocho. Ahuyentan la frialdad, rehúyen la tibieza y abrazan cálidamente causas justas y fieles compañeros de camino y horizontes.

Quisiera que me contestasen a esa simple pregunta Rajoy y Rudi, Serrat y Wert, Oliván y Mato: cuánto vale la vida, cuánto vale una sola vida, cuánto vale la salud o la educación de un ser humano. Si respondieran en términos de rentabilidad económica, volvería a constatar que este país de una minoría cada vez más rica y una mayoría cada vez más pobre tiene unos presuntos gobernantes de mente abotagada y alma moribunda.

Sin embargo, ninguna huelga indefinida o de hambre serán en vano, si te decides a luchar por que la vida sea más digna y plenamente humana mediante tu compromiso real y concreto de cada día.

Profesor de filosofía

Artículo publicado en elPeriódico de Aragón
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