“Hay que frenar de inmediato la ola de recortes y aumentar la demanda efectiva para salir de ésta”

28 junio 2013 | Categorías: Crisi sistémica, Opinió | 894 lecturas |

Entrevista a Eduardo Garzón – Consejo Científico de ATTAC España

Eduardo Garzón (1988) es economista. Licenciado en Economía y licenciado en Administración y Dirección de Empresas, actualmente finaliza sus estudios de Máster en Madrid (donde cursa el Máster de Economía Internacional de la Universidad Complutense de Madrid). Es un gran estudioso de la desigualdad económica, algo que investigó al detalle y fruto de ello publicó su artículo académico “Crecimiento económico, distribución de la renta e intervención del Estado en España (1998-2009)“, un artículo de lectura muy recomendable.

Es también miembro del Consejo Científico de ATTAC-España, donde escribe con mucha periodicidad, y colabora activamente con el diario La Marea. A pesar de su juventud, muestra gran sentido común en sus razonamientos bajo el que subyace un profundo conocimiento de la teoría económica. Nos atiende a Qué Aprendemos Hoy para reflexionar sobre el presente y el futuro de nuestra economía.

Pregunta: Eres una de las voces que más ha reivindicado la educación pública en España, ¿cómo mejorarías la calidad de la educación pública?

En primer lugar, frenando de inmediato la ola de recortes que se están produciendo sobre la educación pública en todos sus niveles, para evitar el deterioro de las condiciones de los centros, profesores, trabajadores y estudiantes. Tener menor cantidad de profesores, mayor número de alumnos por clase, peores condiciones laborales, menores y peores planes de ayuda y tasas de matrículas universitarias más caras… todo ello empeora la calidad de la educación pública.

En segundo lugar, revirtiendo precisamente esta tendencia. Necesitamos una educación pública a la que pueda acceder cualquier persona independientemente de su renta, unos centros que no tengan clases masificadas, unos profesores incentivados con buenas condiciones de trabajo (salario, horario, número de alumnos, etc.), programas de ayuda a los alumnos menos favorecidos, programas de formación y actualización del profesorado, etc. Para eso es necesario aumentar el gasto público en educación (recordemos que hay 19 países en la Unión Europea que dedican más gasto a la educación en porcentaje del PIB que España). Y ello es factible, a pesar de lo que nos pueda parecer a simple vista. En este sentido, el Estado debería combatir con fuerza el importante fraude fiscal que se produce en su territorio, pues alcanza en torno al 23% del PIB. Los esfuerzos deberían dirigirse hacia aquel fraude fiscal cometido por las grandes empresas y grandes fortunas, que supone aproximadamente el 73% del total. También deberían revisarse otros elementos del sistema tributario español, pues hay margen para realizar cambios sin comprometer la actividad económica de las empresas españolas.

En tercer lugar, deberían realizarse cambios importantes en el diseño de las instituciones de educación pública. Por un lado, habría que exigir una mayor preparación inicial para el profesorado, especialmente en los niveles de educación más bajos. Los primeros años de educación son los más importantes en la formación del alumno, pues ello condicionará las bases a partir de las cuales se desarrollará todas las aptitudes posteriores. Por otro lado, deberían modificarse los planes de estudios de forma que no marginen disciplinas que no están directamente relacionadas con el mercado laboral. Una educación de calidad requiere que el estudiantado sepa de historia, filosofía, música, educación física, plástica, y otras especialidades. Por último, se requiere un cambio drástico en el método de enseñanza, que relaje las exigencias en la memorización de la información, y que propicie un ambiente de discusión y debate, en el que los alumnos puedan reflexionar al respecto aportando algunas ideas y rechazando otras.

Pregunta: ¿Consideras una buena alternativa el establecimiento de un cheque escolar como se ha hecho en algún país nórdico?

No. Se ha implantado en algún país nórdico (Dinamarca y Suecia) pero también en otros países radicalmente diferentes a los primeros (Chile, algunos estados de Estados Unidos, Australia…). Este método va en contra de la educación pública, pues permite a los padres elegir cualquier centro para sus hijos, y en la situación actual de empeoramiento de la calidad de la educación pública, elegirían los centros privados ya que no están sufriendo los recortes. Además, sería una forma de que el Estado (y por lo tanto los contribuyentes) financiara a los centros privados, lo cual va en contra de toda lógica social.

Pregunta: Y, en general, con el gasto público, ¿Cómo mejorarías la calidad del gasto público?

Mejorando los actuales sistemas de control y creando otros nuevos y penalizando de diferentes formas el mal uso del gasto público. El gasto público es un gasto que realizamos todos y por lo tanto debe ser totalmente transparente para que la ciudadanía pueda ver si se le está dando un uso apropiado. En el caso de contemplar irregularidades, deberían accionarse mecanismos que penalizaran a los responsables y que revirtieran la situación. En este proceso los usuarios más directos deberían jugar un rol importante, ya que son precisamente quienes mejor saben cómo mejorar la calidad del gasto público. El control democrático y desde abajo se hace indispensable.

Pregunta: De hecho, mucho se ha escrito sobre el gasto público (algunos defendiendo recortarlo, otros aumentarlo), pero poco sobre la calidad del mismo, ¿a qué se debe?

Por un lado, porque valorar y medir la calidad del gasto público es una labor complicada y subjetiva. Lo que para algunos haría aumentar la calidad del gasto público, para otros la disminuiría. Algunos piensan que el cheque escolar aumentaría la calidad de la educación, y otros pensamos que no. Esto es así porque detrás de cualquier decisión política se esconden ideales, principios, valores… Y no todos compartimos los mismos, evidentemente.  Por eso el debate sobre mejorar la calidad del gasto público se hace muy difícil. En cambio, apostar por aumentar o disminuir su volumen se presenta como un ejercicio menos subjetivo, más riguroso, e incluso más fácil de defender.

Por otro lado, porque desde un amplío espectro ideológico y político se ha defendido a ultranza la reducción del gasto público, sin importar variables como la eficiencia o la calidad. Por ejemplo, hay muchas personas que desearían abolir la educación pública, y por lo tanto no les importa la calidad que pueda tener (incluso desean que sea reducida para que la privada le tome ventaja). Esto origina un campo de batalla en el que se enfrentan aquellos que desean reducir el gasto público con los que desean aumentarlo o mantenerlo, dejando en un segundo plano la calidad del mismo. Es una lástima, pero es cierto que la batalla más importante reside ahí. Si la ganan los que desean reducir el gasto público a su mínima expresión, entonces el debate sobre su calidad tendrá poco sentido.

Pregunta: Otra partida fundamental del Estado del Bienestar es la sanidad, ¿qué propondrías al respecto?

Vías de actuación parecidas a la educación en tanto en cuanto considero que habría que evitar por todos los medios cualquier recorte en sanidad (¡incluso dándole más importancia que a los recortes en educación!) y en relación al aumento de las partidas presupuestarias destinadas a la sanidad. La calidad se logra invirtiendo en estos sectores, mejorando su tecnología, recursos y métodos, aunque por supuesto se hace indispensable un estricto control del gasto público para evitar malos usos. No obstante, en España tenemos (¡teníamos!) un sistema de sanidad pública bastante bueno y eficiente, aún siendo muy mejorable.

Pregunta: Hablemos de las pensiones de jubilación. Se están estudiando reformas en las mismas (que, básicamente, sólo entrañan recortes sobre unas pensiones que ya son bajas), ¿es posible mejorar el sistema actual sin necesidad de reducirlas?

Por supuesto. De hecho, no hay ninguna necesidad de reducirlas. Se argumenta que se tienen que reducir porque el sistema de pensiones no es sostenible. ¿Pero y sí lo son la Defensa del Estado, las fuerzas de seguridad, la Corona o la Iglesia? Aquí, como siempre, nos encontramos con un problema político, y no técnico o económico. Si se quiere que el sistema de pensiones siga funcionando igual, se puede hacer transfiriendo recursos desde otras partidas presupuestarias como las comentadas (¡u obteniendo nuevos recursos mediante el combate al fraude fiscal!). Hay muchas alternativas factibles para dejar intacto el sistema de pensiones (o mejorarlo) que no pasan por reducir la cuantía de las pensiones. El problema es que el gobierno actual  prefiere esta opción a otras.

Pregunta: ¿Qué opinas sobre un sistema de capitalización de rentas al estilo chileno? ¿Qué ventajas o inconvenientes le ves respecto a un sistema de reparto?

Se trata de un sistema de pensiones socialmente insolidario, dependiente de la evolución de los mercados financieros, y caracterizado por ser un lucrativo negocio para determinadas empresas financieras. Las ventajas que tiene respecto a un sistema de reparto son todas de carácter individualista: por parte del trabajador, le permite decidir cuánto y cómo recibirá sus pensiones, así como qué hacer con ellas en el caso de fallecimiento temprano; por parte de las empresas financieras, les reporta grandes ventajas al hacerse con un negocio que puede ser muy rentable. Los inconvenientes son más numerosos y de mayor importancia: las pensiones dependen de la evolución de los mercados financieros, que al igual que pueden ofrecer grandes rentabilidades pueden ocasionar grandes pérdidas (tal y como hemos visto con el crack financiero de 2008); el sistema pierde su carácter de solidaridad y de reciprocidad social, puesto que cada trabajador cotizará para sí mismo y no contribuirá en un fondo común ni será beneficiario prácticamente del esfuerzo del resto de la sociedad; a largo plazo este sistema ahondará en las diferencias de renta entre ciudadanos; los costes de gestión pueden ser muy elevados, así como los costes derivados de su transformación y materialización a partir de un sistema de reparto; el mayor ahorro nacional que pudiera producirse en este sistema repercutiría negativamente sobre la demanda efectiva y por lo tanto conduciría a procesos deflacionarios y a mayor desempleo en el presente, sin garantías de que la capacidad productiva y el empleo aumentaran en el futuro.

Pregunta: Pasemos a hablar del desempleo, el Gobierno ha celebrado el dato del paro registrado de mayo, ¿realmente hay motivos para celebrar con más de un 25% de paro?

Por supuesto que no hay motivos para celebrar nada. Mayo suele ser un mes que arroja cifras positivas del desempleo, debido en buena medida a que los días son muy largos y ello invita a salir a la calle y consumir. Lo que importa es la tendencia, que es claramente ascendente y por lo tanto preocupante, así como la cifra total de parados, que es verdaderamente escalofriante.

Pregunta: ¿Cómo se revierte la actual situación del desempleo?

Revirtiendo la actual ola de recortes en el gasto público, la caída estrepitosa de los salarios (debido en buena medida a las recientes reformas laborales), y llevando a cabo un plan que transforme de forma importante la estructura productiva del país (para lo cual el control de las grandes empresas –especialmente las bancarias– debería ser la punta de lanza). Las pequeñas y medianas empresas generan hoy día el 63,9% de todos los puestos de trabajo (antes de la crisis y de los recortes representaban mayor porcentaje), y lo que nos dicen los informes del Banco Central Europeo sobre la situación de nuestras pequeñas y medianas empresas es que su principal problema es el de encontrar clientes, seguido de cerca por el de encontrar financiación (el problema de los costes salariales es muchísimo menos importante). Por lo tanto, lo que se requiere en la actualidad para generar empleo es aumentar la demanda efectiva de la economía, mediante programas de gasto público que aumenten la inversión pública y el consumo privado, para que de esta forma las empresas tengan clientes y puedan reactivar su actividad y con ello contratar más trabajadores. Ello no tiene por qué conllevar problemas de déficit si al mismo tiempo se realizase una actuación importante en materia de ingresos, como comentaba antes. Además, la reactivación de la actividad económica permitiría una mayor recaudación al Estado y por lo tanto el déficit podría irse reduciendo poco a poco (no hay motivos sólidos para tener que reducirlo en poco tiempo, como se nos suele decir).

No bastaría sólo con realizar estos planes de aumento de la demanda efectiva, ya que la estructura productiva española adolece de grandes deficiencias. Debido a ello, habría que dedicar importantes esfuerzos a la transformación de la misma, para lo cual el sector de las energías renovables parece ser el horizonte más loable y apropiado.

Preguntas: Una de las propuestas es ampliar la plantilla de funcionarios públicos, ¿en qué administraciones públicas se necesitaría más personal?

Como decía antes, donde habría que aumentar la plantilla de funcionarios debería ser en las actividades relacionadas con la educación y sanidad públicas, especialmente, y siempre en función de las necesidades de nuestra sociedad.

Pregunta: Otra propuesta, esta del Banco de España, es suspender el salario mínimo interprofesional, ¿qué opinión te merece esta propuesta?, ¿es un problema del SMI o tal vez de todos los costes asociados a la contratación (contingencias a la seguridad social, retenciones del IRPF, etc.)?

Esa propuesta es una barbaridad en términos sociales y económicos. Lo que lograría sería empobrecer todavía más a las capas populares, y en absoluto sería una solución para las empresas. Como comentaba, los costes salariales no es ni de lejos el mayor problema de las pequeñas y medianas empresas españolas. Lo que necesitan estas empresas es encontrar clientes y financiación. Si no lo consiguen, podrían incluso no pagar absolutamente nada en salarios o en impuestos que se verían irremediablemente abocadas a la quiebra. El problema no está en los salarios ni en los impuestos (aunque se puedan mejorar ciertos cuestiones al respecto), sino en la ausencia de clientes y de financiación.

Pregunta: Terminando con el mercado laboral, ¿tiene España un problema estructural de desempleo juvenil?, ¿qué incentivos necesitan las empresas para abrir las puertas a las nuevas generaciones?

Sí lo tiene, y desde hace tiempo. Lo único que pudo maquillar este desempleo estructural (que no simplemente afecta a los jóvenes) fue el desarrollo de la burbuja inmobiliaria, que al fin y al cabo se basó en un crecimiento virtual, ilusorio y finito. Desgraciadamente los incentivos ya los tienen: hoy día las empresas cuentan con diversos instrumentos (gracias a las recientes reformas laborales) para contratar a jóvenes trabajadores de una forma muy barata. Esto es una gran ventaja para estas empresas, pues jóvenes formados realizan las mismas funciones que trabajadores más experimentados pero a un coste mucho menor. Sin embargo, no creo que sea esto lo que deseemos como sociedad. Nuestro modelo a seguir no debería ser el alemán o el de otros países centroeuropeos, donde el “mini-job” parece ser la medida estrella. Lo que necesitamos es una potente y profunda transformación de la estructura productiva y de su diseño institucional, de forma que el trabajo pueda repartirse sin demasiadas repercusiones negativas en materia salarial.

Pregunta: Cambiando de tercio, ¿es el Euro una buena moneda?

Depende de para quién. Para las grandes empresas transnacionales y, sobre todo, para las grandes empresas financieras, el euro es una excelente moneda. Les permite realizar actividades internacionales sin riesgo de cambio, y con una estabilidad que no alcanzarían si dispusiesen de una moneda más débil. En cambio, para el resto de la sociedad, tal y como está diseñada la actual Unión Económica y Monetaria, el euro es una moneda que está causando mucho dolor. A los países periféricos, puesto que no pueden competir vía depreciación externa, no les queda más remedio que competir a través de devaluación interna (disminución salarial, fundamentalmente). Además, la imposibilidad de poseer una política monetaria propia ata las manos a la mayoría de los gobiernos nacionales, dejándolos a merced de determinadas inclemencias económicas y financieras.

El euro podría ser una buena idea si viniese acompañada de mecanismos de redistribución que compensaran las asimetrías económicas que existen entre las diferentes economías de la Zona Euro (como ocurre en Estados Unidos). El problema es que los actuales dirigentes de la Unión Europea no están por la labor.

Pregunta: ¿Y la Unión Europea? ¿Compensa seguir perteneciendo a la misma?

La Unión Europea surgió como un proyecto muy esperanzador y que podría haber sido muy beneficioso para los pueblos de Europa. Sin embargo, por diversas razones que no comentaré aquí, los gobernantes de la Unión Europea poco a poco fueron adoptando una determinada ideología y la cristalizaron en el proyecto europeo. Como consecuencia, hoy día existen más ventajas para las élites económicas, financieras y políticas que para el resto de la población. Parece ser una Unión Europea pensada para los poderosos, y no para el pueblo en general.

Lo ideal sería transformar el proyecto comunitario de forma que adoptara otros valores muy diferentes a los actuales. Sin embargo, y siendo realistas, ese objetivo se presenta prácticamente inalcanzable, por lo cual parece no quedar más remedio que abogar por la saluda de la misma para romper estos círculos viciosos que tanto perjudican a la población. Si no se puede cambiar la Unión Europea desde dentro, habrá que cambiarla desde fuera.

Pregunta: ¿Cuáles han sido sus mayores errores desde 2007?, ¿algún acierto?

1)    Orientar todos los esfuerzos y recursos hacia el salvamento del sector financiero, sin establecer límites o contraprestaciones, ni depurar responsabilidades.

2)    No reformar en profundidad el diseño del sector financiero, culpable en buena medida del descalabro de 2008.

3)    Anteponer las políticas de austeridad fiscal y monetaria frente a cualquier otra medida política o económica.

4)    Permitir la especulación financiera contra la deuda pública de algunos países periféricos.

5)    Empeñarse en aconsejar reformas estructurales radicalmente mal encaminadas, como las reformas laborales orientadas a “flexibilizar” (precarizar) la fuerza laboral.

6)    No legislar en contra de los paraísos fiscales, verdaderos agujeros negros de dinero que ahogan las finanzas públicas de las economías europeas.

En cuanto a los aciertos, no se me ocurre ninguno de relevancia.

Pregunta: Finalizando ya con la entrevista, en Qué Aprendemos Hoy creemos en la necesidad de la educación complementaria a la académica en la etapa universitaria, ¿cómo de fundamental la consideras?

Absolutamente fundamental. Todo el conocimiento que venga recogido por los planes de estudio será poco atendiendo a las preocupaciones de la sociedad en general. La educación académica debe ser la base y reflejar un hilo conductor, pero será muy pobre si no se complementa con otro tipo de educación que la enriquezca. Las personas más brillantes que me he encontrado a lo largo de mi vida lo son gracias a una formación autodidáctica que ha complementado la establecida según los estándares reconocidos.

Pregunta: ¿Piensas que estas plataformas pueden ser una vía de diferenciación para los jóvenes españoles?

Sí, aunque no me gusta hablar de “diferenciación”, sino más bien de enriquecimiento personal. Los jóvenes no sólo tenemos que formarnos para poder aportar valor a nuestras sociedades en términos económicos, sino que también debemos formarnos y educarnos para ser mejores personas y ayudar a que este mundo en el que vivimos sea más respetuoso con el ser humano y con la naturaleza.

Artículo publicado en Qué aprendemos hoy

Pijus Economicus

 

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