La realidad lejana

18 julio 2013 | Categorías: Estatal, Opinió | 683 lecturas |

 

Manuel Buendía – ATTAC Castilla – La Mancha

Hay algo perverso en la mayoría de los dirigentes políticos que no acierto a comprender. La reiteración en mentir y manipular los datos llega a tal punto que es muy posible que se crean sus propias mentiras, y esa misma es la causa de que sean tan convincentes (para algunos).

Creo que ello tiene que ver con un alejamiento progresivo de la realidad social y de la gente de la calle. Desde sus torres de marfil observan a sus súbditos como cualquier gobernante absolutista. Es posible que a todo ello contribuya la endogamia social a la que se entregan desde el momento en que empiezan a vivir de la política. También ocurre que los aparatos de los partidos son como una secta que les hace entregarse en cuerpo y alma a la organización si esto resulta rentable, y entran en un bucle de dependencia de la que es más difícil salir que de una compañía telefónica.

Es muy significativo el hecho de que un gran porcentaje de ellos llevan viviendo de la política casi toda su vida, y sólo algunos tienen unos pocos años cotizados a la S.S. como trabajadores por cuenta ajena, o autónomos. También es significativo que muchos de ellos han pasado a la política desde la administración, pero la regla general es empezar joven militando en el partido e ir escalando dentro de él, los sueldos en política suelen ser generosos por lo que es una apuesta muy atractiva, y una vez que ya estás colocado (concejal, alcalde, diputado, asesor, consejero, senador, etc.) es muy difícil que te echen, si algunos se van es porque desde las empresas a las que ha favorecido le ofrecen un sustancioso contrato con poca responsabilidad.

Me resulta patético ver como individuos que llevan casi toda su vida viviendo de la política ejercen de perros guardianes del honor del partido, defendiendo lo indefendible con argumentos bastardos, mentiras y manipulación, todo ello por seguir en la poltrona por muchos años, y después de todo ello se atreven a criticar a otros, sin pudor alguno, porque quieren conservar sus privilegios.

El alejamiento de la realidad les hace ignorar las demandas de la ciudadanía, demandas que en muchos casos son producto de un incumplimiento de programa electoral. Pero también les hacen ignorar las encuestas de opinión o de intención de voto y se permiten incluso afirmar públicamente que sus políticas las respalda el 90% de la población. Es más, están convencidos de saber qué es lo que quiere la gente sin preguntárselo.

Siempre he defendido que un político debe estar bien pagado, pero no mejor que cualquier trabajador especialista. No debemos olvidar nunca que ese sueldo se lo pagamos entre todos y que es a nosotros a quién nos sirve, y por lo tanto debería conocer las inquietudes, los problemas y las aspiraciones del pueblo, y sentirlas junto con ellos. Mientras un político no sufra en sus carnes un desahucio o un E.R.E., mientras no tenga que sufrir dolores por una enfermedad y tenga que soportar una lista de espera de dos años, mientras no tenga un familiar dependiente, en definitiva: mientras no sufra los problemas que sufre la mayoría de las personas comunes, éste seguirá viviendo en su torre de marfil ajeno a la realidad. Pero no debemos olvidarnos de lo más importante: es el pueblo el que tiene que controlarlos porque ellos están ahí simplemente para representarnos, trabajando para nosotros.

Puede que conozcáis a algún político a los que me he referido, pero sólo de vista, porque ellos no os conocen a vosotros y no les importáis lo más mínimo, sólo les importa mantener el chollo. En las manos de todos nosotros está cambiar esto.

Artículo publicado en Por amor al arte.

 

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