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Merkel: triunfo con matices

24 Setembre, 2013 - Opinió, Unió Europea

Elena Martíelplural

La democracia cristiana (CDU) de la canciller Angela Merkel ha ganado las elecciones parlamentarias en Alemania en la dimensión aritmética (el partido más votado, un excelente 41,5 por ciento), pero el desastre de sus socios clásicos, el FDP (liberal-conservadores), que se queda fuera del Bundestag al quedarse lejos del 5% exigido, y el buen registro de los socialdemócratas y de La Izquierda post-comunista mas el mantenimiento de los Verdes le impiden formar un gobierno estable. Es probablemente lo que desea Merkel: una nueva “gran coalición” con los socialistas.

A su vez, el SPD parece contentarse con su 25,7% de votos y la entrada en una eventual coalición que se parecerá mucho a un genuino gobierno compartido, no a un apaño entre la poderosa Merkel y un socialdemócrata (que no será el candidato Peer Steinbrück, quien se autoexcluyó) como vicecanciller y ministro de Exteriores con pocas atribuciones, sino a un auténtico co-gobierno.

El inmediato porvenir
La CDU sabe lo que le conviene y que ahora toca lidiar la crisis europea en un ambiente de impaciencia, encabezar la recuperación técnicamente apuntada y recoger eventuales frutos de la rígida austeridad si aparecen y se consolidan.

Pero también toca atender ciertas reclamaciones sociales internas adormecidas por la gestión continental pero que los socialdemócratas han subrayado con éxito: un salario mínimo asegurado, el fin de las brillantes estadísticas sobre desempleo que tapan el paro de hecho que aflige a buena parte de jóvenes (los célebres “mini-jobs”).

Es decir, un combate frontal contra lo que es una gestión correcta de la macroeconomía que, en definitiva, encubre un auge constante de la vieja y persistente desigualdad social.

El calendario de los socios
El resultado, pues, da la victoria a “Angie”, que se lo ha ganado en buena lid, pero contiene un aviso: que los tres partidos opositores reúnan el 43 por ciento del total de votos indica una considerable insatisfacción que, sin el SPD dentro del co-gobierno sería difícil atender.

El calendario de los socios lo aconseja – también a los socialdemócratas, que desean ser percibidos como el factor progresista del nuevo gobierno – y los resultados lo imponen: son, más allá de que la CDU ha vuelto a ser el partido más votado, por completo diferentes de los de hace cuatro años, cuando los liberales alcanzaron su máximo de representación parlamentaria, con 93 escaños.

Este hecho es muy significativo: los votantes del FDP han cambiado de opinión en gran número, pero es difícil establecer con total seguridad dónde han ido, aunque bastantes, sin duda al neo-partido “Alternativa para Alemania”, eurofóbo y anti-euro que ha logrado el cinco por ciento.

Conclusiones provisionales
La lección política inmediata, según predijeron también los grandes medios y el consenso de los analistas, es que la sociedad alemana, tal vez la menos alterada de la UE, se las ha ingeniado para premiar la gestión de Merkel pero, de paso, enviarle un recado.

Una mayoría apreciable mostró en las encuestas que el público también prefería la “gran coalición”, que provee la doble oportunidad de ejercer tal comportamiento. Los socialdemócratas se dan por satisfechos con lo sucedido: han subido casi tres puntos y su campaña ha sido el elemento corrector suficiente que, administrado por el juicio popular, tan pragmático como ideológico o político, les devuelve a su condición de factor indispensable.

Tales son las conclusiones provisionales de lo sucedido. Angela Merkel entra en la historia de su país (tres victorias sucesivas, al nivel de los grandes de la CDU, Helmut Köhl incluido) puede presumir de haber impuesto el estilo ama de casa sobria y un punto sosa y de haber convertido el peso alemán en la UE en un activo político insoslayable. Definitivamente, quedó atrás la vieja descripción según la cual Alemania era “un gigante económico y un enano político”…

Elena Martí es periodista y analista político

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