Otras Instituciones Internacionales para la otra economía

4 octubre 2013 | Categorías: Entitats financeres, Opinió, Organismes internacionals | 827 lecturas |

François Houtart - Adital

Otras Instituciones Internacionales para la otra economía
Una reflexión sobre nuevas instituciones debe primero recordar cuáles son las instituciones existentes y cómo obedecen al hecho de que la economía mundial no es espontánea, sino que responde a intereses muy precisos.

Las instituciones financieras y económicas existentes
Son de dos tipos. Unas son las oficiales, fruto de las decisiones de Bretton Woods (EEUU), donde fueron creadas en 1945: el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), y el GATT (Acuerdos sobre las Tarifas) que se trasformó en 1995 en la OMC. El BM fue fundado para la reconstrucción de Europa y el desarrollo de los países ex-colonizados. En la misma línea aparecieron los bancos regionales: África, Asia, América Latina. El FMI tenía que regular los flujos financieros internacionales y gestionar las crisis. Se pensaba en la Organización Internacional del Comercio (OIC), sólo funcionó durante 50 años el GATT. La OMC no forma parte del «sistema» de la ONU; es independiente, administrada por sus miembros. El órgano de coordinación económica de la ONU es el ECOSOC (Consejo Económico y Social).

El economista inglés John Maynard Keynes hizo la propuesta de una moneda internacional de referencia. EEUU la rechazó. Propuso después una Unión Internacional de Intercambio, que no tuvo mejor suerte. EEUU, el gran ganador de la segunda guerra mundial, quería aprovecharse a fondo de esta ventaja. La sede de la ONU se estableció en Nueva York y la de las organizaciones financieras mundiales en Washington. El dólar, todavía vinculado al oro, era la moneda de referencia. El presidente del BM debía ser de EEUU, y se concedió la presidencia del FMI a un europeo. Con el 17% del capital (y de los votos) un país tenía el derecho de veto, solamente el caso de EEUU. Los países del Sur han tenido una representación marginal.

Durante los 30 años siguientes a la segunda guerra mundial no hubo crisis mayores, gracias a la relativa regulación del sistema. En los 70 se inició el Consenso de Washington, es decir, la liberalización de los intercambios, la des-regulación de las economías y las privatizaciones, apoyadas por los organismos financieros establecidos en Washington, por la Reserva Federal de EEUU (la FED) y las grandes empresas transnacionales norte-americanas. Antes se dio la desvinculación del dólar respecto al oro y su trasformación en mercancía. Las organizaciones financieras internacionales se trasformaron en instrumentos de esta política, imponiendo normas neoliberales, especialmente a los países del Sur: los «programas de ajuste estructural».

La economía mundial creció de manera espectacular, pero también la desigualdad y el despilfarro irracional de materias primas, en particular de energía. Las crisis empezaron a multiplicarse, hasta la de 2008-2009, la más grande desde los años 1929-30. Las organizaciones financieras, supuestamente regulando la economía mundial, actuaron según la ley del mercado, acelerando el proceso de crisis. Se trató de decisiones pro-cíclicas, según la Comisión de la ONU sobre la crisis financiera y monetaria internacional (Comisión Stiglitz). Estas situaciones fueron denunciadas por muchos movimientos sociales, ONGs, Iglesias y otras instancias.

Hubo también instituciones privadas e informales, que ayudaron al sistema a funcionar según la lógica del mercado capitalista. Así, el Comité de Basilea, que agrupa los grandes bancos (incluso bancos centrales) para regularse entre ellos mismos, y las Agencias de Calificación, que juegan un papel esencial en la evaluación de los riesgos de los capitales financieros. Al ser financiadas por los mismos bancos y organismos financieros, no pueden evitar los conflictos de interés.

También hay un gran número de think tanks y grupos de encuentro. El Foro Económico Mundial de Davos agrupa cada año a los más ricos del mundo, con representantes del BM, FMI, OMC y altos líderes políticos, para discutir la orientación de la economía. La Comisión Trilateral ha tenido también influencia, con representantes de empresas, gobiernos y sindicatos. El Grupo de Bildenberg se reúne cada año; agrupa grandes capitalistas, hombres políticos neo-liberales y familias reales europeas, para elaborar propuestas de política internacional. Las principales organizaciones informales, pero de Estados, son el G-7 (+1), los países más ricos del mundo, más Rusia y últimamente el G-20, que incluye países «emergentes».

Para unas nuevas instituciones internacionales
La mayoría de las propuestas existentes, fuera de algunos cambios cosméticos propuestos por las Instituciones existentes o los Estados potentes, son de tipo reformista. Pueden ser bastante radicales, como las de la Comisión Stiglitz, pero ninguna de ellas va más allá de un neo-keynesianismo a la escala mundial. Pueden ser útiles en un proceso de transición, pero no cuestionan la lógica del sistema capitalista.

Una primera propuesta es la reforma de las organizaciones existentes, el BM y FMI. La Comisión Stiglitz presentaba esta exigencia como urgente para afrontar la crisis. Según ella, el BM debe redefinir sus objetivos en función del crecimiento, de la estabilidad y de la reducción de la pobreza. El FMI, para contribuir a la estabilidad financiera global, tendría que administrar un nuevo sistema de reservas mundiales, sobre la base de todas las monedas del mundo. El instrumento de los «derechos de emisión especial», ya existente, tendría que ser amplificado. Es una manera de crear una moneda internacional que no sea el dólar, que podría ser regionalizada, en el seno de instituciones propias, como el Mercado Sur (los países del Sur de las Américas) o el ASEAN (Asociación de los Países del Asia del Sur-Este) y con la creación de monedas regionales, como el «sucre» en América del Sur o lo que se propuso en la Iniciativa de Chien Mai (Tailandia) para la zona del ASEAN o también en el Grupo de Shanghai, que incluye China y Rusia. La Comisión Stiglitz propone también poner fin a la dominación de EEUU y de Europa sobre la presidencia de estos organismos, y asegurar una representación más internacional y democrática.

Según la Comisión Stiglitz, se deben crear además, nuevas instituciones. La primera es un Panel Internacional de Expertos permanente, capaz de alertar a tiempo sobre los peligros de crisis. Fue la única propuesta aceptada por la ONU. Pero se trata también de crear un organismo con capacidad de actuar sobre los mecanismos de la economía mundial: un Consejo Mundial de Coordinación Económica (GCEE, su sigla en inglés) a la par del Consejo de Seguridad. Este organismo podría coordinar todos los organismos de la ONU en el campo económico e imponer medidas contra-cíclicas en caso de crisis. Una Corte Internacional de Reestructuración de la Deuda de los Estados y un Sistema de Fiscalización Mundial para Objetivos Mundiales (clima, etc.) complementarían este panorama. Hasta aquí las recomendaciones de la Comisión.

Debemos añadir, desde la sociedad civil de abajo, en los campos social y político, la importancia del Foro Social Mundial para ampliar una consciencia social mundial y crear redes, y de la coordinación mundial de organizaciones políticas de izquierda (como en A.L., el Foro de São Paulo). Algunos lo consideran una Quinta Internacional sobre una base democrática.

Otras instituciones para un mundo post-capitalista
Sin embargo, la múltiple crisis (financiera, alimentaria, energética, climática) relacionada con la lógica del capitalismo, exige más que instituciones de regulación: pide un cambio de las orientaciones fundamentales (el paradigma) del desarrollo humano. Eso significa una redefinición del Bien Común de la Humanidad, sobre la base de los cuatro ejes de la vida colectiva en el planeta: 1) una relación de respeto con la Naturaleza como fuente de la vida (la Madre Tierra); 2) la producción de la base de la vida (economía) en función del valor de uso, y no exclusivamente del valor de cambio (como en el capitalismo); 3) la generalización de la democracia en todas las instituciones y en todas las relaciones sociales (también entre hombres y mujeres); y 4) la interculturalidad.

Nuevas instituciones correspondientes a estos cuatro ejes tendrían que ser creadas en el seno de la ONU, con poder de actuación, funcionamiento democrático y participación desde abajo. En cada campo sería creado un órgano de coordinación de todas las iniciativas, antiguas renovadas y nuevas. (1) La relación con la naturaleza, incluyendo el clima, la biodiversidad, los océanos, el derecho de la naturaleza y de los animales, etc.; la agricultura (FAO) y la extracción minera. (2) La economía mundial (Banco Internacional, Fondo de Regulación Financiera, Órgano de Regulación del Comercio, Organización Internacional del Trabajo, etc.). (3) La organización colectiva, con los Derechos Humanos, las Cortes Internacionales, la solución de conflictos, la igualdad de género… y (4) la cultura, con la UNESCO y sus diversas funciones, las culturas originarias, etc.

Se trata de una refundación de la ONU en el espíritu de la que fue propuesta por el Padre Miguel D’Escoto, que fue presidente de la Asamblea General.

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