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¿Alguien sabe qué hacer?

7 Gener, 2014 - Estatal, Opinió

Vicente Soria – ATTAC-PV Ya ha habido muchas reflexiones, muchos artículos, muchas propuestas, pero los éxitos conducentes a un cambio irreversible siguen siendo escasos, o incluso insignificantes, si se tiene en cuenta la voracidad con la que avanza la maquinaria neoliberal de la élite político-económica que nos tiene atemorizad@s. Hoy, por ejemplo, debemos sumar un […]

Vicente Soria – ATTAC-PV
Ya ha habido muchas reflexiones, muchos artículos, muchas propuestas, pero los éxitos conducentes a un cambio irreversible siguen siendo escasos, o incluso insignificantes, si se tiene en cuenta la voracidad con la que avanza la maquinaria neoliberal de la élite político-económica que nos tiene atemorizad@s.
Hoy, por ejemplo, debemos sumar un nuevo recorte en nuestra piel: el de la congelación del salario mínimo. Y sí, hoy una de las noticias sobre el recorte a nuestras vidas es esta, pero llevamos varias decenas, e incluso cientos, y nos dejamos hacer. ¿Sería útil estudiar las causas de esta pasividad ciudadana?, ¿Conocemos algunas respuestas a este hecho?. Sin duda tenemos algunas pistas, desde el clásico -protestar no sirve para nada-, hasta medidas de represión subliminal como la mal llamada “ley de seguridad ciudadana”. Todas ellas incentivarían la no acción del ciudadan@.
Llevamos a nuestras espaldas miles de manifestaciones y un gran abanico de diferentes acciones de protesta y de denuncia, aunque quizá en este aspecto la imaginación a la hora de planificar protestas consideradas legales (compatibles con dicha nueva ley anti-protesta) no ha dado de sí todo lo que podría.
La manifestación al estilo clásico (una vuelta a la ciudad correspondiente, sea cual sea el motivo) sirve como válvula de escape según algunos sociólogos. Parece que con las redes sociales más o menos sucede lo mismo. En los dos ámbitos cada un@ de nosotr@s encuentra a su igual, se siente acompañado, consolida y refuerza la indignación, comparte y contrasta argumentos, etc. Así pues, nos sentimos reconfortados formando parte de un todo simbólico que eventualmente conseguirá llevar al plano real algunas de las reivindicaciones que caben en un Twit o en un comentario en una de esas manifestaciones. Pero lo cierto es que, en el caso de las redes sociales, la realidad de cada Twit o comentario en Facebook, están totalmente desvinculados de su representación en la calle, fuera del alcance de quienes no acceden jamás a estas formas de comunicación social.
No pongo en duda el papel clave que han tenido para diferentes fines cuyo objetivo ha sido señalar las dinámicas y sujetos que intervienen en esta crisis-estafa. Pero al mismo tiempo podría darse que la mera rutinización en la canalización de la frustración a través de las redes sociales, haya mermado de forma natural el estímulo de la imaginación para ingeniar, como apuntábamos más arriba, nuevas acciones de la protesta (legal, como decimos) en el plano real, sustituyendo de esta forma una posible respuesta en la calle.
No deberíamos olvidar que la eficacia de las redes sociales es limitada en su alcance, número y variedad de perfiles sociales.
Las personas que eligen un papel que depositar en una urna para elegir a quienes nos gobiernan, conforman su opinión a partir fuentes de diferente naturaleza, en interacción y adecuación a su propia ideología. Y en la consolidación de esa opinión, los medios de difusión masiva como la televisión juegan un papel fundamental, y más aún cuando precisamente, en muchos casos se trata de sujetos que se nutren exclusivamente de este medio.
Es cierto que algunos programas o algunos fragmentos en tertulias políticas pueden llegar en ocasiones a favorecer un mayor entendimiento en torno a orígenes, dinámicas y responsabilidades de la estafa, pero de momento, y a efectos prácticos, no se traduce, ni parece que se vaya a traducir, en una respuesta social contundente en las calles.
Con todo esto, e intentando contestar un poco a la pregunta inicial, lo que parece claro es que ese -qué hacer- pasaría en todo caso por una reeducación global e integral de la ciudadanía, reempoderándola de todo el argumentario necesario que alimentara una respuesta indignada y masiva en la calle. Y dicha respuesta no debería tener lugar un día, sino que debiera convertirse en simple rutina el reconquistar los espacios comunes que nos ayuden a visibilizar nuestra aplastante mayoría y potencial poder.
¿Qué hay de esas neuronas espejo? ¿Qué tal si las hacemos servir? Lo hacen SUS medios de comunicación constantemente para transformarnos en zombis inactivos. ¿No sería justo explotar todo tipo de posibilidades narrativas emocionantes que además se sustentan en nuestro deseo de cambio? ¿Sería tan difícil conseguir emocionar para la movilización?
Propongo que nos propaguemos como un virus, trascendiendo la pantalla y llegando a la ciudadanía que nos rodea, a nuestr@s vecinos, familiares, amigos, etc. No deberíamos perder ni una ocasión para, desde la emoción, contagiar a quien tenemos al lado de que somos realmente nosotr@s quienes, si realmente existe una democracia, deberíamos decidir cómo organizar nuestro futuro.
No es imposible generar una nueva conciencia social. Es evidente que no.
Pensemos en ello.

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