El no ser no es

30 enero 2014 | Categorías: Estatal, Opinió | 722 lecturas |

Antonio Aramayona – ATTAC España

El Honorable President de Cataluña, Artur Mas, empeñado en seguir a la cabeza del movimiento más o menos soberanista catalán, ha conseguido que el Parlament catalán apruebe pedir al Congreso de los Diputados de la capital del Reino de España la celebración de una consulta para pulsar la opinión y voluntad del pueblo catalán sobre la independencia de Cataluña. Ante tal iniciativa, de la caja de Pandora españolista han surgido toda suerte de invectivas y amenazas con el propósito de disuadir al Gobierno catalán de tales propósitos independentistas.

Ingenuo de mí, me pregunto qué tiene de malo preguntar a la gente de un colectivo qué es lo que quiere, en lugar de que unos cuantos profesionales del politiqueo (que no de la política) se estén tirando los trastos a la cabeza augurando al adversario toda suerte de desgracias. Ingenuo de mí, sí, sigo sosteniendo que la democracia consiste en gobernar según la voluntad de la ciudadanía, así como garantizar y hacer efectivos sus derechos y libertades. Y no se puede ser buen gobernante sin discernir en qué consiste y qué desea esa voluntad del pueblo. En lugar de presentar la senyera frente a la rojigualda, sería bueno para todos conocer de una vez qué quiere y qué no quiere la mayoría de la ciudadanía catalana. ¿A quién le hace daño enterarse de ello? ¿Por qué tanto temor de celebrar una consulta o un referéndum o como se convenga en llamarlo sobre la voluntad soberana de un pueblo?

Basado en esas mismas razones, me pregunto también, ingenuo de mí, por qué no se realiza consultas sobre cuestiones aún mucho más urgentes y necesarias para el pueblo (catalán, madrileño, aragonés, sudanés o filipino). Por ejemplo, contemplando la destrucción sistemática del derecho constitucional al trabajo y el deber de trabajar, es imprescindible que el gobernante pregunte al pueblo si está de acuerdo o debería ser retirada la Reforma Laboral del Partido Popular, pues de nada sirve que la ministra Báñez advoque la ayuda de la Virgen del Rocío o que el ministro Fernández Díaz confíe en la intercesión de Teresa de Ávila, si la clase trabajadora cada vez está más desempleada, explotada, mal pagada y precarizada, y si cada vez es mayor la brecha entre ricos y pobres.

Por mucho que me esfuerzo, no encuentro explicación a que Mas se haya convertido en el adalid de la consulta soberanista en Cataluña, pero no haya creído necesario consultar a su pueblo, basado en las mismas razones, sobre la privatización de servicios públicos de salud, la depauperación creciente de los servicios públicos de educación, o que salgan de rositas muchos de sus amigos y correligionarios en asuntos tan turbios como el Palau o Banca Catalana. En este aspecto, Mas comparte con Rajoy y cía la misma cerrazón política de no consultar nada a nadie, ya que adivinan los posibles resultados de tales consultas.

En la historia de España de los últimos treinta y pico años solo ha habido un referéndum sobre la Constitución, otro más por donde se nos coló la OTAN (de entrada, sí-) y otro sobre Constitución europea. Una vez más, la Constitución española en su artículo 92.1 queda como mero papel mojado: “Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”.

El pueblo debería ser consultado, por ejemplo, sobre si la Infanta Cristina de Borbón, Miguel Blesa y otros miles de casos más análogos deben tener un juicio justo e igualitario como el resto de la ciudadanía. Igualmente, sobre los dineros del pueblo desviados a los bancos, sobre los dineros destinados al Ejército y a la iglesia católica, sobre el Concordato de 1953 y los Acuerdos de 1979 entre el Estado Español y el Estado del Vaticano, sobre las amnistías fiscales y los miles de indultos administrados por el Gobierno de turno, sobre qué tipo de ley reguladora del aborto se desea, sobre la subida de la luz y otros productos imprescindibles en manos de unos pocos oligopolios, sobre la existencia de un goteo constante de altos cargos colocados en grandes empresas (puertas giratorias) tras el desempeño de sus cargos, sobre la reforma constitucional de aspectos decisivos para la vida de la ciudadanía (por ejemplo, la reforma del artículo 135 realizada con nocturnidad y alevosía en el año 2011 sobre el déficit y la “estabilidad presupuestaria”), sobre las quitas de deuda a algunos partidos políticos y algunos sindicatos por parte de entidades financieras (¿a cambio de qué?), sobre el reciente proyecto de ley del PP sobre protección de la seguridad ciudadana…

Y puestos ya a consultar, confieso mi terca curiosidad en conocer por qué desde el poder nadie mueve un dedo acerca de la regulación y el control impositivo de los flujos financieros, una política fiscal realmente progresiva, la regulación e incluso persecución fiscal y policial de paraísos fiscales, y, en fin, el enjuiciamiento y el encarcelamiento de los chorizos en general.

Profesor de Filosofía

Artículo publicado en El Periódico de Aragón
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