La miseria moral del Reino de España

10 febrero 2014 | Categorías: Estatal, Opinió | 656 lecturas |

Carlos Martínez – Presidente de ATTAC Andalucía

El Reino de España es profundamente desigual, corrupto, dominado por unas oligarquías crueles y clasistas. Reina una familia torpe, poco preparada y menos inteligente, excepto para sus negocios. Distante, altanera y que el pueblo que habita el estado español, de grado o por fuerza, no se merece.

Pero lo que creo es más sangrante en estos momentos es la tremenda falta de igualdad que sufrimos. Me explico, en este Reino el concepto ciudadanía y los derechos ciudadanos no existen. Franco masacró a la ciudadanía republicana y todavía no hemos sido capaces de superarlo (En caso contrario, ni sufriríamos ya esta monarquía bananera, ni Rajoy estaría imponiendo un golpe de estado neoliberal). Pero esta desigualdad no se muestra tan solo en el triste espectáculo vivido el sábado 8-02-014 en los juzgados de Palma de Mallorca, no. Se percibe en temas tan simples como el recibo de la luz.

Para los dos partidos del turno dinástico, las compañías privadas de electricidad son sagradas. Pueden discutir si aprueban sus subidas o no, incluso echarse en cara el si tal o cual subida (la última por ejemplo) es injusta o no. Pero ninguno discute ni propone el cambio por irresponsable y delincuencial del oligopolio de la energía eléctrica y el control público de este sector estratégico que no puede ser abandonado en manos de unos gansters que extorsionan no solo a las familias y a personas pobres, sino a pymes y economía productiva. Por lo que este sector por sentido común debiera ser público.

De esta forma Botín, Florentino Perez y seis millones de personas paradas pagamos lo mismo por la luz y las estufas en nuestros hogares. Pero no, sale un tipo como Soria, que encima es ministro de España, y dice que es por beneficiar a los más pobres con más hijos, y las calles no se llenan de ciudadanos y ciudadanas airadas.

Lo mismo ocurre con el repago de los medicamentos o con lo que sea que afecta a los servicios públicos. El pago de los combustibles con una gasolina de precios hinchados y sometida igualmente a otro oligopolio fraudulento puede ser otro de los muchos ejemplos. La desigualdad nos asfixia y tal vez ese debiera ser el eje de nuestro discurso.

Este país ya no es para pobres. Este reino está hundido en la miseria moral que provoca no solo la corrupción y el autoritarismo de sus élites sobre todo económicas, sino también una profunda desigualdad que mina la vida cotidiana de sus habitantes, sobre todo las clases populares. Una parte muy importante del pueblo está adormecida por valores religiosos conservadores, atavismos políticos heredados de la dictadura franquista, televisiones basura e información pública controlada por las empresas grandes y vinculadas o más bien controladoras del poder, los grandes partidos y que ahora incluso se quieren infiltrar en sectores del pensamiento critico y ciertas izquierdas, pues también han encontrado en esos sectores un nicho de negocio.

Hay también motivos para el optimismo. Desde las marchas mineras a Gamonal, pasando por las luchas de las Mareas o las Huelgas Generales y las cada vez más numerosas manifestaciones contra la ley Gallardón anti-aborto, la represión o la LOMCE entre otras muchas por conflictos locales como el histórico y lo volvemos a citar de Gamonal.

Tenemos por delante dos oportunidades para enfrentarnos con decisión al poder que impone las desigualdades: la primera es, las Marchas de la Dignidad que están agrupando a personas paradas y precarias frente a las injusticias y la desigualdad que provoca pobreza, desahucios y mal nutrición. Mientras en cambio se paga la llamada deuda a bancos, banqueros y poderes financieros extranjeros. En segundo lugar las elecciones europeas, que son una oportunidad histórica para vencer al turno dinástico y a todos los partidos neoliberales comenzando por supuesto por la extrema derecha y ultra-conservadora gobernante. Pero claro, esto solo se dará si somos inteligentes, generosos y realmente queremos la confluencia y la convergencia política del pueblo de izquierdas.

Por tanto una luz carísima, la alimentación de las clases trabajadoras, cada vez de peor calidad, la gasolina impagable y con unos trasportes públicos muy deficientes en casi todo el estado- lo que obliga fuera de las ciudades muy grandes a utilizar el vehículo privado- y el repago sanitario, exigen tomar Madrid el 22 de Marzo y hacerle una demostración de fuerza a nuestras corruptas oligarquías. Pero también el aparcar cálculos electorales y divismos al objeto de converger y sacar de la abstención a varios millones de votos del pueblo de izquierdas. Es imprescindible. Hemos de cercar a los miserables morales que nos dominan, les hemos de vencer.

Es la lucha de clases. Sí, si bien y hasta ahora los que más la ejercen son los ricos, los poderosos y sus siervos neoliberales, con una dureza que provoca muertes. Sí, muertes de desahuciados, de parados y paradas y personas excluidas, de niños mal nutridos, de viejos que deben elegir entre sus medicamentos y comer.

Politólogo y activista social

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