Que les vote su tía

25 abril 2014 | Categorías: Opinió | 648 lecturas |

Antonio Aramayona – ATTAC España

Todo el mundo quiere pertenecer a un grupo (sea la sociedad en general, un clan de amigos o el club deportivo de su ciudad), y encajar en los grupos a los que pertenece. Uno habla, piensa, viste, hace y deja de hacer para ser aceptado por los miembros del grupo, por sentirse parte del conjunto. Esto no constituye una deficiencia para el individuo, sino todo lo contrario: como otras muchas especies animales generalmente buscamos vivir en grupo, en sociedad, en manada, en rebaño, pues de ello parece depender la propia supervivencia, la vida o la muerte, o simplemente vivir con normalidad o socialmente frustrado o marginado. Solo es preciso llevar una vida “normal”, es decir, sujeta a las normas sociales que uno debe acatar y cumplir.

Ciertamente, los humanos estamos dotados de una cierta racionalidad y de una cierta libertad. De hecho, podemos apartarnos del grupo a la distancia que queramos, aunque ateniéndonos a las consecuencias. De hecho, nuestra capacidad de decidir y elegir va encaminada principalmente a obtener una buena aceptación, sin problemas, por parte del grupo. Pensamos, compramos, nos vestimos, nos acicalamos, salimos a la calle o nos quedamos en casa a fin de ser mejor aceptados en la sociedad, dentro de un determinado grupo. En nuestros genes hay restos de la conducta animal que heredaron nuestros ancestros primates y por ello está en nuestro subconsciente que quien va por libre, fuera de la manada, corre el riesgo de sobrevivir menos o de forma más difícil. Asimismo, tenemos la experiencia de que trabajar en equipo reporta más cohesión y efectividad, lo cual redunda en beneficio de los integrantes mismos del grupo.

Quizá esos mismos genes nos garantizan mayor sensación de seguridad si nos vemos integrados dentro de la manada, el cardumen, la bandada o el rebaño. Solo debemos atenernos a los movimientos coordinados del grupo en una misma dirección. En la manada eres nadie, pero eres, ya que los aspirantes a ser alguien pueden acabar más fácilmente en el estómago del depredador de turno. Con ello se pone en manos del grupo cualquier iniciativa que no esté conectada con la decisión de seguir a otro, un líder, que garantiza vivir más y mejor.

Dentro del grupo se busca asimismo relaciones más estrechas de colaboración y confianza, mayormente guiadas por el principio do ut des, facio ut facias, (te doy para que me des, te hago para que me hagas). Lo esencial es no atentar contra la cohesión social y la conformidad de uno mismo con el grupo y sus normas: quien se atiene, se adapta y se conforma a las normas, las costumbres y las leyes del grupo disfrutará del suficiente anonimato para vivir sin problemas ni acosos y se le garantiza el espacio vital suficiente para organizar el lugar asignado dentro de la manada. Olvidan, sin embargo, los conformistas que las normas seguidas fueron un día producto de algún inconformista que se opuso a las normas, costumbres y leyes anteriores.

Casi todos los grupos, manadas o conglomerados sociales necesitan de un líder, de algún individuo de la comunidad con mayor rango, que guía y decide por todos, a quien los demás siguen. Buena parte de esos líderes son “alfa”: machos alfa, hembras alfa o pareja alfa. En cualquier caso, son poderosos, de mayor rango social y cuya supremacía ha de ser defendida casi permanentemente frente a otros miembros potenciales alfa dentro de la sociedad. Más allá de la esfera estrictamente sexual y reproductora, el individuo humano alfa actual es poderoso en la medida que puede pagar, recompensar o castigar al resto, pues la razón de la fuerza reside hoy sobre todo en el dinero: el líder más admirado en un grupo humano es aquel para el que más individuos trabajan, quien acumula más dinero y poder disfrutando de total impunidad.

Dentro del marco político español, hay –simplificando quizá en demasía- el grupo conservador (derecha) y el grupo progresista (izquierda). La derecha tiene una cohesión social envidiable: basta recordar la mañana en que el candidato del PP para las próximas elecciones europeas, Arias Cañete, fue designado a dedo, con asentimiento generalizado y sin disensos apenas perceptibles. En la izquierda, sin embargo, en el río revuelto de la disgregación y la desunión, van formándose subgrupos, liderado cada uno de ellos por un ente-alfa y en cuyo seno cada miembro está convencido de poseer la verdad y de que el resto está equivocado a no ser que se integre en el subgrupo propio. Todas estas alternativas de izquierda, sin entrar en detalle en el mar de siglas ya actualmente existente, son una prueba de la autodestructiva falta de unidad y de responsabilidad política y social que sigue aturdiendo a las fuerzas de la izquierda.

Algún ñu desadaptado de la manada dice: “¡Que les vote su tía!”.

Artículo publicado en El Periódico de Aragón
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