El nacionalismo españolista como causa de la ruptura de España

28 abril 2014 | Categorías: Opinió | 653 lecturas |

Vicenç Navarro – Consejo Científico de ATTAC España

El día 8 de abril de este año fue un día importante en la historia de España. Una delegación del Parlament catalán, siguiendo las leyes del país, pidió a las Cortes Españolas que delegaran al Parlament de Catalunya la potestad de convocar una consulta al pueblo catalán para que este se pronunciara sobre distintas alternativas de articulación de Catalunya con el resto de España. Aunque predecible, las declaraciones de gran parte de los representantes políticos, y muy en particular de los representantes de las derechas españolas, fueron características del nacionalismo españolista, expresado en su forma más autoritaria y antipática, que gran número de catalanes encuentran ofensiva. Y no utilizo el adjetivo de españolista como un término peyorativo (como tampoco el ampliamente utilizado término catalanista lo es). Defino como nacionalismo españolista a aquellos que tienen una visión uninacional de España, excluyente de otras naciones que la componen, que pudieran estar unidas por un acto voluntario expresado por referéndum. Esta visión españolista está reflejada en el Estado español actual.

Esta visión del nacionalismo españolista alcanzó su máxima expresión durante la dictadura, de cuyo estamento e ideología departe el Partido Popular, dirigido por el Sr. Rajoy. Este partido nunca (repito, nunca) ha denunciado públicamente aquel régimen dictatorial, ubicándose dentro del espectro político europeo en la ultraderecha. Su discurso consistió en utilizar la Constitución como arma para decirle al Parlament catalán que ni pensarlo. El pueblo catalán no tiene derecho a ser consultado en un referéndum, y no puede votar sobre su futuro y su articulación con el Estado español. Con razón, el parlamentario de las Cortes del partido independentista (ERC) le dio las gracias al Sr. Rajoy, pues el PP es la mayor fábrica de independentistas en Catalunya. El rechazo hacia el fascismo (que es el término científico que debería utilizarse para definir la ideología que caracterizó a la dictadura. Ver mi artículo “Franquismo o fascismo” en Público, 09.07.13) en Catalunya es extenso debido a su memoria histórica, pues además de la opresión de clase hubo la opresión de nación. Y este rechazo incluye a sus herederos. El PP es un partido minoritario en Catalunya.

La segunda voz de este españolismo fue la de Rosa Díez y UPyD, que representan su versión más agresiva, y cuyo nivel expositivo es limitado, apoyándose en hechos falsos fácilmente comprobables. Quisiera aclarar que no estoy acusando a tal representante de mentir, pues mentir es asumir que el que miente conoce la verdad, lo cual raramente ocurre en esta persona. La ligereza en los datos que utiliza es bien conocida lo cual explica su escasa credibilidad. No es cierto, por ejemplo, que la Corte Suprema de EEUU le haya dicho al Estado de Texas que no puede independizarse o que el estado de Texas no puede hacer una consulta (tal como la Sra. Rosa Díez indicó). La confusión de este personaje político alcanza niveles denunciables. Es sorprendente que intelectuales como Fernando Savater o Francesc de Carreras, seguidores de esta dirigente política, no denuncien tales comportamientos. Por cierto, otros dirigentes, además de Rosa Díez, hicieron errores semejantes. No es cierto que no haya Estados federales que no permitan consultas y/o referéndums de autodeterminación. EEUU es un ejemplo que sí los permite. Y tampoco es cierto que no haya Estados soberanos pero no independientes que no puedan independizarse. Puerto Rico, entre otros, es un ejemplo de ello.

Los nacionalistas españolistas así como los nacionalistas catalanistas y los independentistas quisieron acentuar que el debate se centraba en independencia sí o independencia no de Catalunya. Ahora bien, como bien dijo el representante de Izquierda Plural, el Sr. Joan Coscubiela, este no era el eje central de la proposición que se estaba discutiendo: el tema central era si el pueblo catalán podría o no ser consultado sobre su futuro. Y la respuesta del nacionalismo españolista fue un rotundo NO.

Pero sorprendió también Rubalcaba, que inició su discurso con una declaración que inmediatamente trasladó el debate a un nivel erróneo e incorrecto. Dijo que él no era nacionalista, sino socialista, implicando que todos los que pedían la consulta eran nacionalistas (nacionalistas catalanistas), lo cual es claramente incorrecto en el caso de Izquierda Plural. Pero lo que es también cuestionable es que él dijera que no es nacionalista. Sí que lo es, pues tiene una visión de España que se corresponde con la del nacionalismo españolista. Es interesante que este nacionalismo es el único en España que se presenta como no nacionalista, siendo el más asfixiante e intolerante de todos los nacionalismos. Rubalcaba tiene una visión de España que es la que tiene el nacionalismo españolista, prevalente en el establishment españolista, centrado en Madrid. Asume que España es una nación única e indivisible, cuya unidad está garantizada por el Ejército. No admite que en España haya otras naciones con el poder de decidir sobre su articulación con el resto del Estado (tal como el PSOE creyó hasta el año 1976). Pero sorprende también que no hubiera un portavoz del socialismo catalán que contribuyera al debate, estando callados los representantes del PSC. Tal partido apareció como una rama del PSOE, imagen que le está haciendo mucho daño en Catalunya. Felicito a Izquierda Plural, que escogió como portavoz a un catalán miembro de la izquierda catalana. Fue también el dirigente de la coalición formada por ICV y EUiA, Joan Herrera, quien relacionó el tema nacional con el tema social. El mismo Estado, hoy gobernado por el PP, que niega la plurinacionalidad de España (al no permitir a cada nación decidir sobre su futuro) es el mismo estado que mantiene a España a la cola de la Europa social.

También erró Rubalcaba en cuanto a datos empíricos. Su definición de autodeterminación (limitando tal derecho solo a las colonias de una imperio) ignora, como acabo de indicar, la propia experiencia española y la propia historia del PSOE. Este partido pedía, en sus manifiestos y resoluciones durante la clandestinidad, el derecho de autodeterminación para Catalunya y para todas las naciones del Estado español. El PSOE nunca explicó por qué varió esta postura durante la Transición. Es más que probable que lo hiciera debido, en parte, a la presión del Monarca y del Ejército. Un indicador de ello es que cuando tuvo lugar el golpe de Estado en 1981 fue cuando, para aplacar al Ejército, el Monarca insistió en diluir cualquier intento de plurinacionalidad en las instituciones representativas, lo que causó que el PSC dejara de tener grupo político propio en las Cortes, convirtiéndose, en la práctica, en una sección del PSOE.

El fin de un periodo, el comienzo de otro

La derecha española actúa predeciblemente. Pero lo peor no es que dijera no, no, no y no, sino que con su comportamiento no es consciente de que esta decisión es un eslabón hacia una ruptura inevitable del Estado español. La única esperanza (y hay factores e indicadores de que una alternativa es posible) es que la España real, bien representada en las Marchas por la Dignidad del 22M, consiga establecer los inicios de un nuevo Estado español. El hartazgo de los distintos pueblos de España, que está alcanzando niveles muy elevados hacia este Estado (la mayoría de la población española está de acuerdo con el eslogan del 15M de que “no nos representan”), se refleja en una exigencia de cambio radical. Es interesante señalar que la llegada del contingente catalán (que, además de banderas catalanas, incluía algunas banderas independentistas) a las Marchas de la Dignidad fue aplaudida por los manifestantes del 22M de otras partes de España, y es también muy significativo que Izquierda Unida, la tercera fuerza política en España, una fuerza que está ascendiendo, también haya apoyado el derecho a decidir del pueblo catalán. Estos son datos de una enorme relevancia. La posible alianza de estos movimientos contestatarios, tanto en Catalunya como en el resto de España, ofrece la posibilidad de otro futuro, con otra España, que no la que tenemos.

Y no es extraño que esta movilización en varias naciones de España, y el apoyo del movimiento 22M y de IU al derecho a decidir hayan sido ignorados por las derechas catalanistas. Es significativo que en el agradecimiento que el portavoz de la Generalitat, el Sr. Homs, a todas las fuerzas políticas que apoyaron el derecho a decidir, no citara a IU. Y es porque son conscientes que esta alianza puede también significar un reto a las derechas nacionalistas catalanas, contra las cuales el rechazo popular dentro de Catalunya se está extendiendo.

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

Artículo publicado en Público.es
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