Las Pirámides contra la transición energética

10 agosto 2014 | Categorías: Estatal, Opinió | 892 lecturas |

Emilio Juradonuevatribuna.es

Por descuidado que uno sea, los datos sobre las ventajas de las energías renovables y los logros experimentales en determinados territorios no dejan ya lugar a duda alguna sobre la inminencia de una transición energética, que eso sí, se resiste. Mejor dicho, la resisten, la combaten, la obstaculizan y sobre todo la desprestigian.

Uruguay está demostrando cómo un país puede llegar a la autonomía energética sin recursos fósiles. Y otro tanto ocurre en condados de algunos de los estados ricos en petróleo como Texas en EE.UU sin recurrir a la combustión. Incluso el emirato petroflotante de Qatar está realizando una apuesta total por las energías renovables. Datos inequívocos de que la transición está en marcha.

España ha desplegado parte de sus mejores empresas en el terreno de las energías renovables, tanto en el apartado de desarrollo tecnológico como en el apartado de construcción y mantenimiento de instalaciones, sean huertos solares, parque eológicos o plantas de tratamientos de biomasa. Gamesa, Acciona, Abengoa, etc y ciertos grupos mixtos de construcción y desarrollo de infraestructuras son reconocidos como vanguardia mundial en el campo de las renovables.

Entonces si, amén de los beneficios medioambientales, las soluciones tecnológicas están dadas, si las experiencias en el desarrollo y amortización de las inversiones están garantizadas y si además es una tendencia industrial que beneficia a un país como España, huérfano de otras oportunidades, ¿por qué no se acelera la transición energética?

Pues todo indica que tiene que ver con el modelo de negocio energético y su implicación en la presión política que pueda ejercerse desde él: Las pirámides y la sombra que proyectan. En la actualidad el modelo de negocio basado en la producción de energía a partir de la combustión de petróleo o derivados dispone de una estructura de funcionamiento de tipo piramidal en 3D. Es un negocio piramidal en la composición de la propia cadena de valor, con unas muy pocas empresas que controlan la extracción, la generación y la distribución de la energía. Es asimismo una estructura piramidal respecto de los usuarios o clientes, hay un vértice que está allá, en lo alto y una amplia base de usuarios, clientes financiadores o paganos de este desproporcionado modelo que concentra todo el poder ejecutivo en unas muy pocas manos y diluye la soberanía del comprador en una masa inmensa en la que la toma de conciencia se disuelve en su extraordinaria y múltiple casuística.

Es asimismo una estructura piramidal en su epidermis, en su textura funcional, en su superficie, lo que le permite filtrar y dejar subir muy pocas cosas y hacer rodar hacia abajo las apuestas innovadoras que no sintonizan con el modelo de negocio ejercido y con quien lo detenta. La apuesta por el fracking frente a otras alternativas tiene que ver con el impulso dado a la ingeniería geológica frente a la investigación en materiales acumuladores por ejemplo. Se puede rastrear el monto y el origen de la financiación de unos y otros programas investigadores. Así obtienen la estabilidad instrumental simbolizada en la pirámide, se presentan como algo eterno, para siempre jamás, en perpetuo equilibrio.

Una pirámide tetraédrica de este tipo, concentra en su cénit tal cantidad de poder que llega a rebasar con creces su perímetro de acción básico (el negocio de la energía) para expandirse allá donde pueda multiplicarse la potencia del control adquirido. Enseguida se llega al poder político mediante la injerencia en el desarrollo de políticas industriales que puedan limar el negocio o cuartear la base de la pirámide. Tras esta primera experiencia, el gabinete ejecutivo de estas maquinarias piramidales se apercibe de su enorme poder y lo proyectan a escenarios que poco o nada tiene que ver con su negocio, más bien con su visión del mundo que apoyada en las corrientes tradicionalistas y conservadoras dan y legitiman por bueno un mundo en el que ellos están en la cima.

Como resulta lógico, el proceso de aseguramiento de la posición de preeminencia de que disponen los monopolios energéticos tiende a conferirle mayor poder, de resultas que en la actualidad han dejado de hacer lobby o presión frente al poder político para dirigirlo directamente, como si del departamento de marketing o el de Responsabilidad Social Corporativa se tratara. Los expolíticos en nómina remiten para aumentar la abducción de gobiernos vía fundaciones, mecenazgos o directamente fijación de “astillas”, así por las bravas.

En esta tesitura, se entiende el freno legal y hasta la marcha atrás del gobierno del PP a la transición energética que tan bien podría venirle a un país como el nuestro y tan regular a una sección de la casta que ya aspira a la vida eterna, momificados en una pirámide de las de visitar y fotografiar.

 

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