Capitalismo y Postcapitalismo: Tres consideraciones

30 octubre 2014 | Categorías: Crisi sistémica, Internacional, Opinió | 962 lecturas |

Francisco Morote Costa – ATTAC Canarias

Primera. Crear y distribuir riqueza

Que el capitalismo es capaz de crear riqueza es un hecho tan incuestionable como que, a la vez, es incapaz no ya de distribuirla con equidad o justicia, sino de hacerlo siquiera con un mínimo de racionalidad.

Preguntémonos, ¿podría el capitalismo satisfacer las necesidades humanas básicas de alimentos, agua potable, ropa, calzado, instalaciones sanitarias, salud, vivienda, educación e información de toda la población mundial? ¿Podría satisfacer aquellas necesidades básicas cuya privación severa define, según la ONU, la situación de pobreza, en el mundo actual, de miles de millones de seres humanos en un planeta pletórico de abundancia de bienes y servicios?

La respuesta es que no cabe la menor duda de que sí podría. Baste como botón de muestra el dato de la producción alimentaria. En un mundo habitado por algo más de 7.200 millones de seres humanos (2014), según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se producen alimentos suficientes para 12.000 millones de personas… Y, sin embargo, todavía más de 800 millones de ellas padecen hambre crónica y alrededor de 24.000, según el Proyecto Hambre de Naciones Unidas, mueren cada día de hambre o de causas relacionadas con el hambre. Surge, pues, la interrogante de por qué si producimos alimento para 12 mil millones de personas todavía existe el hambre. El relator de la ONU para el derecho a la alimentación, Olivier de Schutter, tiene una respuesta tan cruda como precisa: por que “El hambre es un problema político. Es una cuestión de justicia social y políticas de redistribución”. Pero esa es la cuestión, si hay algo de lo que el capitalismo ni sabe ni le interesa per se es de “justicia social y políticas de redistribución”. Para el capitalista, como muy bien ha dicho Noam Chomsky, “el beneficio es lo que cuenta” y el capitalismo es solo la suma de los capitalistas que ven el mundo como un campo de batalla en el que obtener las mayores victorias-ganancias posibles.

No. Al capitalismo, a los capitalistas, no les preocupa la distribución de la riqueza, más bien al contrario, su actividad les conduce a concentrar en sus manos, en cada vez menos manos la riqueza mundial. Así lo demuestra el Informe no desmentido, “Gobernar para las élites. Secuestro de la democracia y desigualdad económica”, de la organización Oxfam Intermón, según el cual el 1 % de la población mundial acapara casi la mitad de la riqueza del planeta y tan solo 85 personas tienen tanta riqueza como los 3.570 millones de personas más pobres del mundo, lo que conduce a los autores del Informe a afirmar que esa concentración de la riqueza en manos de una minoría supone un nivel de desigualdad “sin precedentes”, que amenaza con “perpetuar las diferencias entre ricos y pobres hasta hacerlas irreversibles”.

Segunda. Redistribuir riqueza

Que el capitalismo distribuye la riqueza de un modo absolutamente inequitativo y hasta irracional, provocando desigualdades sociales incontestables lo ha demostrado palmariamente el economista francés Thomas Piketty en su obra “El capital en el siglo XXI”, de reciente aparición. Utilizando datos estadísticos de una veintena de países del mundo capitalista desarrollado de los siglos XVIII, XIX y XX, el libro de Piketty ha puesto de manifiesto que el capital, al concentrar la riqueza en sus manos, ha tendido a lo largo de su historia a producir cada vez mayores niveles de desigualdad social.

Luego, si es inherente al capitalismo histórico distribuir la riqueza de un modo que genera cada vez mayores desigualdades sociales y, por otra parte, condiciona a los gobiernos para que inhiban a los Estados de cualquier intervención, con doctrinas clásicas o actualizadas del “laisser faire, laisser passer” (Dejar hacer, dejar pasar), no habrá más alternativa que imponerle, vía poder político del Estado, una corrección de esa tendencia natural, mediante la redistribución fiscal de la riqueza. Fue lo que sucedió ya durante un período excepcional que para unos discurrió entre 1932 y 1980 y para otros desde 1945 hasta avanzados los años 70 del siglo pasado. Ese paso sólo podrán darlo fuerzas sociales y políticas decididas a terminar con la pobreza social y laboral de la inmensa mayoría que, en el marco democrático, hagan del Estado el instrumento que ponga fin, a cuenta de la escandalosa riqueza de esas exiguas élites (1% de la población mundial), a las injustificables desigualdades sociales del planeta.

Tercera. El límite planetario de la riqueza

Sea bajo el capitalismo o bajo cualquier sistema postcapitalista la creación de riqueza, incluso la que se pudiera distribuir con criterios de justicia social para satisfacer las necesidades humanas básicas de toda la población, deberá tener en cuenta los límites, las líneas que no deberán cruzarse para mantener el estado saludable del planeta y su capacidad para proporcionar recursos vitales a la humanidad. Como señaló cáusticamente el economista francés Serge Latouche “. “Quien crea que un crecimiento ilimitado es compatible con un planeta limitado o está loco o es economista.” Desgraciadamente esos límites se han atravesado ya bajo el capitalismo y el desafío de este siglo consistirá en transitar a un nuevo modo de producción que haga compatible vivir en un planeta limitado con la creación de la riqueza necesaria para satisfacer las necesidades humanas básicas de la población mundial.

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