Crisis de Régimen, ciclo electoral y escenarios posibles

24 noviembre 2014 | Categorías: Estatal, Opinió | 732 lecturas |

Jaime PastorTribuna Viento Sur

El debate celebrado en Madrid el miércoles 19 de noviembre por el Foro VIENTO SUR, con presencia de miembros de Izquierda Unida, Podemos, Ganemos Madrid e Izquierda Anticapitalista (http://www.vientosur.info/spip.php?article9592), ayudó a conocer mejor las opiniones de algunas de las corrientes presentes dentro del amplio y plural bloque social y político que, esperemos, se puede ir conformando en los próximos tiempos. Comentaré aquí algunos de los temas que me parecieron relevantes, incluidas intervenciones que se hicieron desde el público, y añadiré algunas reflexiones que tienen que ver con lo tratado.

Partiendo de lo que fue objeto de acuerdo general, parece evidente que hay una amplia coincidencia en el diagnóstico del momento actual, caracterizado por una crisis de legitimidad del régimen, así como por la gravedad de la que afecta a algunos de los pilares de su “gobernabilidad” (partidos, Estado autonómico, monarquía, sindicatos de ámbito estatal) en un contexto de desigualdad social y empobrecimiento crecientes. Este final de la larga etapa que tiene su origen en la “Transición” permite concluir que, gracias al ciclo de movilización iniciado por el 15M y a su “efecto contagio” en la sociedad, era necesario y posible aprovechar la ventana de oportunidad que se había ido abriendo para proponer un nuevo horizonte de ruptura democrática. Así lo entendió Podemos con ocasión de las elecciones europeas demostrando su capacidad para conectar con un amplio espectro de la ciudadanía indignada. Desde entonces, el “efecto Podemos”, ratificado en los sondeos, está contribuyendo a extender la convicción entre los y las de abajo de que “Sí, se puede” echar a “la casta”. Esta hipótesis es la que está haciendo que el miedo cambie de bando, como estamos viendo con la ofensiva que desde arriba se está emprendiendo contra esta nueva formación y su equipo dirigente.

Entramos ahora en la preparación del intenso ciclo electoral de 2015 y queda mucho tiempo por delante. Ni la crisis del régimen es irreversible ni el clima de desmovilización social y sindical ayuda a ir cambiando a mejor la relación de fuerzas, pese al desgaste creciente que los partidos dinásticos están sufriendo y al sombrío panorama de estancamiento secular en la eurozona y continuidad del austericidio. No podemos menospreciar el margen de maniobra que, todavía tienen el gobierno del PP, por un lado, cohesionando a su electorado frente a las amenazas catalana y de Podemos y el PSOE, por otro, blandiendo la bandera de la reforma constitucional y explotando el temor a la ruptura.

Por eso, con toda la cautela necesaria se mencionaron distintos escenarios posibles frente a las expectativas que se están generando en torno a una posible victoria de Podemos: desde una gran coalición PP-PSOE hasta un golpe de estado financiero en toda regla -con un gobierno “tecnocrático” bajo el dictado de la troika-, pasando por el temor de que la expulsión de “la casta” se vea sustituida por un mero recambio de elites en nombre del “realismo político”. O también, como se sugirió igualmente, un “empate” electoral que permitiera una “prórroga”, cuyo resultado final se aplazaría a un nuevo momento electoral en el que, entonces sí, el dilema reforma o ruptura se plantearía ya definitivamente.

Dentro de este panorama incide el desafío soberanista catalán, con notables incógnitas respecto a su evolución después del pulso en torno al 9-N. Una prueba de fuerzas de la que, gracias sobre todo a Rajoy y a la Fiscalía General del Estado, ha salido reforzado Artur Mas cuando parecía que su estrella, tras el escándalo Pujol y sus vacilaciones ante la ilegalización de la consulta, iba perdiendo fuerza de atracción. En todo caso, la exigencia del reconocimiento del derecho del pueblo catalán a decidir su futuro se encuentra en el centro de la agenda política y ya no puede ser dejada de lado o abordada con “ambigüedad calculada” por ninguna fuerza anti-régimen de ámbito estatal; una tarea sin duda necesaria y compatible con la búsqueda de la confluencia con quienes desde Catalunya buscan articular esa demanda con la denuncia de la parte de “la casta” que sigue gobernando allí.

La convergencia entre ambos procesos, el de ámbito estatal y el catalán, con el fin de ir creando el mejor de los escenarios posibles para una doble ruptura democrática, tanto en el plano político-social como en el plurinacional, debería ser una preocupación creciente de un lado y de otro. Sólo así parece posible salir del empate actual entre Catalunya y el Estado y, a la vez, desbordar los marcos limitados en que Artur Mas quiere mantener al movimiento soberanista y profundizar las grietas abiertas en el régimen a escala estatal. De todo esto, sin embargo, apenas se habló en este Foro pero esperemos tener oportunidad de hacerlo en el futuro con portavoces de fuerzas afines catalanas y, también, vascas y gallegas.

Mirando al futuro, conviene tener en cuenta, por tanto, que no hay garantía alguna de que “ganemos” y, en el caso de que fuera así, no podemos olvidar las enseñanzas de la historia y subestimar a los poderosos enemigos que tenemos delante, como se recordó abundantemente por quienes intervinieron en este Foro.

Varias son las cuestiones que surgieron a propósito de todo esto. Una, sin duda, la del programa que pueda aglutinar a una mayoría social. Cuestiones como el rechazo al pago de la parte de la deuda ilegítima, los derechos sociales, el reparto de la riqueza y de los trabajos, la democracia en su sentido más radical en las distintas esferas, aparecieron como ejes que deben ayudar a dar un contenido al “cambio político”, desafiando a los “poderes fácticos” y siendo capaces de hacer frente a las descalificaciones apocalípticas que está sufriendo ya Podemos por algunas de sus propuestas.

Un programa de emergencia social y democrática es necesario pero no parece que, una vez llegados al gobierno, se pueda “convencer” sólo con el “mejor argumento” de los “expertos” en los que se quiera apoyar, sobre todo si éstos son “independientes” y no están identificados con un proyecto rupturista. Hará falta demostrar una voluntad efectiva de romper las reglas del juego existentes hasta entonces y contar para ello con un bloque social y político plural dispuesto a movilizarse a favor de ese programa, apelando además a la solidaridad de los pueblos del sur de Europa y a la conjunción de fuerzas también con ellos en la lucha contra la deudocracia y el golpismo financiero. La posibilidad de una victoria electoral de Syriza, de hacerse realidad en el próximo año, ayudaría a pasar a una escala superior de confrontación más favorable y contribuiría a contrarrestar las olas tanto “austeritaria” como xenófoba que se extienden por Europa.

Con todo, como se insistió también en este Foro, la conquista de un poder institucional que pueda verse arropado por un poder social y popular va a tener que pasar, primero, por la prueba de la presentación de candidaturas de unidad popular en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Es en ellas, y especialmente en las grandes ciudades y en ámbitos autonómicos como el de Madrid y el País Valencià, en donde se juega la posibilidad de dar un nuevo salto adelante en el camino hacia la derrota de las fuerzas del régimen. Es en esas escalas donde existen también más posibilidades de reconstruir y consolidar nuevos lazos entre los partidos y corrientes sin patriotismo de siglas, por un lado, y una gran mayoría de personas no organizadas, por otro, con toda la fuerza necesaria para generar ilusión en ganar.

Quizás el trabajo en esos ámbitos ayude a ser más consecuentes con lo que ha representado el nuevo aliento que trajo el 15M en cuanto a democracia participativa y nuevas formas de hacer política, contribuyendo así a un mayor mestizaje entre las distintas sensibilidades que se impliquen en ellos. Porque hace falta insistir una vez más en que democracia y eficacia no tienen por qué ser incompatibles, aun reconociendo que más de una vez, como recordó un ponente, se han producido paradojas en la historia en las que herramientas no democráticas han permitido abrir oportunidades de cambio. El problema está en que, más pronto o más tarde, se acaba pagando el precio de esa “eficacia” en beneficio de nuevas formas de elitismo que van en detrimento del empoderamiento popular o, lo que es peor, de la mera perversión de los fines proclamados.

Todo esto tiene que ver también con el modelo organizativo del que se ha dotado Podemos y con el método de elección adoptado, con los consiguientes riesgos de convertirse en un “partido electoral de audiencia”, basado en la centralidad del liderazgo mediático y su relación plebiscitaria con la gente adscrita a través de las redes sociales. Un modelo que corre el riesgo de ir reduciendo la ilusión participativa inicial y, lo que sería más grave, de desactivar unos Círculos que son los que deberían asegurar su anclaje territorial y sus lazos de comunicación con los distintos movimientos sociales.

En resumen, como muy bien enfatizó un amigo asistente al Foro, es posible que, en el mejor de los casos, se logre que una mayoría social indignada llegue a ser mayoría electoral en el nuevo ciclo de 2015. Aun así, sin su movilización, autoorganización y empoderamiento en torno a un imaginario rupturista no hay garantías de que éste llegue a ser hegemónico en la sociedad. Esa tarea no puede ser dejada para “el día después” sino que ha de prepararse desde ahora evitando convertir al conjunto de “seguidores” en espectadores y meros “clickactivistas” alrededor de un liderazgo cada vez más expuesto a las presiones mediáticas para adaptarse a un interesado “realismo político”. No se trata de ser agoreros porque es fundamental mantener una “retórica optimista del cambio” y, con ella, la ilusión de ganar ante el inminente ciclo político-electoral. Empero, uno no puede dejar de expresar su preocupación por los riesgos que entraña el camino que se está tomando desde el “nuevo” Podemos surgido de la Asamblea Ciudadana. No viene mal a este propósito recordar aquel consejo que hiciera Manuel Sacristán frente a la senda que acabaría recorriendo el eurocomunismo en Italia y en el Estado español a finales de los 70 y comienzos de los 80 del pasado siglo: “no engañarse y no desnaturalizarse” deberían ser principios de precaución saludables para toda fuerza con vocación de transformación de la sociedad.

Jaime Pastor es profesor de Ciencia Política de la UNED y editor de VIENTO SUR

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