Ataque en la sede de los gürtelianos

20 diciembre 2014 | Categorías: Estatal, Opinió | 690 lecturas |

Ana Barba - Público.es

Esta mañana en el mercado de mi barrio no se hablaba de otra cosa. El alunizaje en la calle Génova ha desatado los comentarios de todo tipo, en especial los que justificaban lo ocurrido (y más que hubiera pasado); nada extraña dada la situación a la estamos llegando. Y todo esto en un barrio donde lleva ganando el PP desde que tengo memoria. Un barrio de pensionistas que antaño eran acomodados y que ahora deben acoger a sus hijos y nietos, arruinados por la crisis y el malgobierno. Un barrio donde la gente está cada vez más empobrecida, paga más impuestos municipales y recibe menos servicios. Ya no se escucha justificar las decisiones gubernamentales, pero se critica la corrupción que se ha enseñoreado de la vecina sede.

En ámbitos laborales llevo tiempo escuchando que fulanito va a hacer una locura o que menganito ya no sabe por dónde tirar. Así que, no es extraño que una persona desesperada haya decidido “dar la campanada”. Yo a veces estoy tentada.

Menos mal que Mariano ha decidido que la crisis se ha terminado.

Analicemos un poco la cuestión:

.- Llevamos en crisis desde 2008 (más de 6 años).

.- Los gobernantes han mentido sistemáticamente sobre la realidad económica, restándole gravedad. Mucha gente ha creído esas falsedades y ha obrado o invertido en consecuencia.

.- Mucha gente ha hipotecado todo lo que posee para eso que llaman eufemísticamente “emprender”, alentados por los anuncios institucionales y las supuestas facilidades.

.- Los pequeños negocios de nueva apertura están fracasando en su gran mayoría desde el inicio de la crisis, dada la caída de la demanda de consumo en general.

.- La rentabilidad de un pequeño negocio de bienes o servicios no es suficiente para pagar a los bancos que lo han financiado, el gasto estructural y un sueldo modesto para el “emprendedor”. La imposibilidad de “crecer” a causa de la falta de demanda interna causa la ruina del desdichado “empresario”.

Ignoro la historia del protagonista del incidente de hoy, pero podría encajar en el perfil tipo que acabo de describir. Y las gentes que hoy justificaban su acción en un mercado de Chamberí lo saben perfectamente. Puede que su hijo o su sobrino estén a punto de hacer algo parecido, así que, cómo no lo van a justificar.

Un poco de historia:

Los orígenes de todo esto, de la corrupción generalizada en los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas, de la práctica imposibilidad de “emprender” con éxito en esta desdichada sociedad, están conectados en un mismo punto. Voy a intentar justificar mi afirmación:

Con la Constitución de 1978 se confirieron a los ayuntamientos numerosas competencias sobre servicios ciudadanos, muchas de ellas sin dotación económica para poder acometerlas. Los alcaldes debían atender a sus conciudadanos y no tenían dinero para ello. Con las modificaciones de la Ley del Suelo se abrieron vías de financiación aparentemente inofensivas, aunque pronto se demostró que esa iba a ser la madre de la corrupción. Y es que, en un principio, muchos alcaldes de pocas luces no vieron ilícito financiar sus ayuntamientos mediante comisiones o mordidas a los constructores, “yo te recalifico aquí y tú me financias allá”. Otros eran muy conscientes de las connotaciones ilícitas e inmorales de todo aquello, pero hacían como que no lo sabían. Un tercer grupo, los “listos” de todo pelaje, hicieron de ello un modo de enriquecimiento personal sin mostrar el menor escrúpulo.

Lo que aparentemente era inofensivo, se convirtió en el cáncer de esta sociedad. Pagaban los constructores, “los ricos”, según parecía, aunque, en realidad, pagaban todas las personas que compraban una vivienda, cuyo precio se aumentaba para pagar la mordida municipal. De ese modo empezamos a devorarnos a nosotros mismos.

Lo peor de todo es que, en los consistorios, la mayor parte del personal municipal lo sabía. Sabían que esa práctica acabaría por arrastrarlos a todos al abismo de la corrupción. Unos por miedo y otros por connivencia, jamás han denunciado nada de todo esto. Los escasísimos funcionarios municipales que han decidido no callar, han sufrido acoso y ataques laborales, descrédito y ostracismo. Los consentidores, por acción u omisión, han fomentado las redes clientelares de sus municipios, integrándose en muchos casos ellos o sus familiares en dichas redes. La total dependencia de los funcionarios respecto de los alcaldes ha favorecido este proceso de corrupción. Y a los díscolos se los ha defenestrado inmediatamente.

Hasta aquí hemos llegado:

En este entramado municipal que acabo de describir se justifica la dificultad de ser “emprendedor” en todo lo que tiene que ver con los servicios ciudadanos, veamos por qué:

Tanto en las Comunidades Autónomas como en los Ayuntamientos, las contrataciones de servicios se hacen siguiendo las mismas prácticas corruptas que se iniciaron con los constructores y que ya hemos descrito. La mayoría de los contratos se adjudican sistemáticamente en todo el país a empresas de tan solo tres grandes grupos empresariales (FCC, ACS y Ortiz), sin posibilidad de que otra empresa ajena a ellos pueda “meter la cabeza”, ya que los pliegos de condiciones se elaboran ad hoc para que nadie más pueda cumplirlos. En el proceso de “externalización” o privatización de todos los servicios públicos se han eliminado todas las demás empresas casi en su totalidad. Por otro lado, buena parte de las concesiones municipales se hacen a empresas subsidiarias de las empresas públicas municipales, empresas públicas que se montan para escapar al derecho administrativo y poder hacer las concesiones “a dedo”.

En la mayoría de los ayuntamientos el 80% del presupuesto está cautivo en gasto corriente y no existe la posibilidad de acceder a la contabilidad oficial para establecer la composición de la partida 227 (donde se consignan los servicios privatizados), ya que hay opacidad total.

Pero hay más irregularidades: muchos contratos de servicios privatizados se prorrogan de modo ilegal, sin que exista concurrencia, por lo que se podría declarar la nulidad de oficio. Además, nunca se justifica de modo objetivo la contratación (explicar la razón de la privatización del servicio por imposibilidad del Ayuntamiento de dar el servicio), lo que supone otra causa de nulidad.  No hay controles en la contratación, ni en la financiación, ni en la ejecución de las obras. También es obligatoria la rendición de cuentas anual y no se cumple.

En esta situación de saqueo brutal en los ayuntamientos no hay control, ni hay acciones de oposición. Los corruptos son libres de hacer lo que quieran.

Los medios de comunicación no denuncian nada aunque lo sepan porque tienen como anunciantes a esas tres grandes empresas, lo que los hace cautivos.

La alternativa a todo esto es algo tan revolucionario como aplicar la Ley y velar por su cumplimiento. Pero, para eso hay que recuperar el control ciudadano. No va a venir nadie a hacer ese trabajo por nosotros. Hay que conseguir una correlación de fuerzas suficiente para obligar a aplicar la Ley. La ciudadanía debe mandar sobre los que gobiernan y hacerles sentir que nosotros somos el pueblo soberano.

Para saber más:

“Corrupción en la España democrática”, de Alejandro Nieto

“Corrupción municipal y poder ciudadano” y “Como ganar la batalla del agua”, de Fernando Urruticoechea.

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