Syriza; Izquierda se escribe en griego

13 febrero 2015 | Categorías: Opinió, Unió Europea | 663 lecturas |

Jorge Faljo – jorgefaljo.blogspot.mx/

El pasado 25 de enero, en Grecia, la coalición de 13 partidos y grupos de izquierda, llamada Syriza, ganó el primer lugar del voto de los ciudadanos. Su ofrecimiento fue acabar con las políticas de austeridad que le han sido impuestas en los últimos años. La coalición se integra con grupos maoístas, trotskistas, comunistas, socialistas democráticos y euroescépticos y obtuvo 149 de los 300 asientos del congreso. Para lograr mayoría y formar gobierno, en ese sistema parlamentario, se alió con un pequeño partido de la derecha nacionalista. Aquí el calificativo de izquierda o derecha se queda corto; lo importante es que todos se oponen a la austeridad impuesta desde el exterior.

Alexis Tsipras, de 40 años de edad, es el nuevo primer ministro griego. Se formó como líder estudiantil y en las juventudes comunistas. Posteriormente ha mostrado sus habilidades de concertador entre corrientes políticas distintas. Lo que no se puede atribuir a su sola capacidad sino a la de toda la izquierda para dejar a un lado disputas menores e intereses personales y formar este nuevo partido.

Recién nombrado primer ministro Tsipras acudió a conmemorar a los héroes griegos masacrados en la segunda guerra mundial por los nazis. Una manera de recordarle a Alemania la deuda histórica que tiene con Grecia a quien no le pagó compensaciones de guerra ni la deuda por el dinero que le tomó “prestado” cuando la tenía bajo su dominio militar.

Que Alemania no pagara la mayor parte de sus deudas y compensaciones de guerra fue una decisión tomada en 1953 por los países aliados, en particular los Estados Unidos. El motivo de fondo era que deseaban que Alemania se desarrollara económicamente para alejar el fantasma del comunismo.

Tsipras nombró como representante ante el parlamento europeo a un veterano de 92 años de edad que continuamente ha reclamado el pago de esas viejas deudas alemanas y que, tomando en cuenta los intereses acumulados, sería hoy en día el doble de lo que Grecia debe.

Además Grecia no favoreció el aumento de las sanciones económicas que Alemania y Francia pretendían imponer a Rusia. El acuerdo fue que las sanciones continuarían pero sin elevarse. Como la decisión tenía que ser unánime la posición griega fue determinante para no aumentar el castigo a los rusos.

El cambio político en Grecia ha modificado los equilibrios de poder en varios niveles. En España el partido anti austeridad “Podemos” mostró una fuerza inesperada en la manifestación a la que convocó a fin de enero; lo que, según algunos, permite aspirar a ganar las elecciones de septiembre. No obstante eso dependerá de lo que ocurra con Grecia.

El nuevo gobierno griego aumentó el salario mínimo y las pensiones por vejez, detuvo el despido de trabajadores públicos, bloqueó la privatización del principal puerto griego, El Pireo, y otorgó electricidad gratuita a 300 mil hogares que perdieron el servicio por no poder pagarlo.

Son medidas contrarias a los acuerdos firmados con la llamada “troika” de acreedores, integrada por el Banco Central Europeo, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

Grecia coloca sobre la mesa dos fuertes disyuntivas. Una de ellas es si la prioridad es pagar o el bienestar de su población. La segunda es ¿Quién decide?; el pueblo griego en elecciones democráticas o la troika.

La respuesta de Alemania, Francia y la troika es que la renegociación es inaceptable y Grecia debe cumplir los acuerdos previos. El gobierno debe privatizar las principales propiedades que le quedan, reducir salarios, despedir empleados, elevar impuestos y reducir servicios públicos. Esto a cambio de refinanciar su deuda para que pueda seguir pagando a sus acreedores y funcionar al mínimo. En el pasado el refinanciamiento se fue en 89 por ciento a pagar intereses a los acreedores y el 11 por ciento restante a funciones de gobierno.

Esta política financiera ha hecho que en los últimos seis años Grecia perdiera el 25 por ciento de su producto, con una enorme mortandad de empresas y un gran desempleo. Se han deteriorado todos los servicios públicos y la población se ha empobrecido fuertemente. Hay jubilados, desempleados, trabajadores de salario mínimo y otros que no pueden pagar la electricidad de sus casas, duermen en la calle o buscan que comer en los contenedores de basura.

Cierto que en buena medida la culpa es de los griegos. El gasto fastuoso de los juegos olímpicos del 2004 (estadios e infraestructura ahora inútil), un enorme gasto en armamento, la corrupción rampante y la evasión fiscal de los poderosos han sido evidentes.

Sin embargo los efectos de las medidas de austeridad son paradójicos; lo que consiguen es el cierre de empresas y empleos. Impiden producir y trabajar.

Por eso es significativo el cierre del mitin de victoria que hizo Alexis Tsipras, “hoy cantamos y celebramos, desde mañana debemos trabajar”. De eso se trata, de reivindicar el derecho a trabajar y producir de los griegos y, con ellos, de todos los pueblos de mundo.

Para lograrlo Grecia tendrá que ir todavía más a fondo: orientarse a reactivar buena parte de los cientos de miles de empresas que cerraron en los últimos seis años. Y para ello necesita imponer aranceles a muchas de sus importaciones para proteger y desarrollar la producción interna; es decir, una estrategia de substitución de importaciones empleando recursos y fuerza de trabajo que hoy en día están paralizadas.

Lo segundo es que requiere una moneda propia. Esto podría darse sin abandonar el euro y como una segunda moneda no convertible (en divisas) para aquellos muchos que no pueden producir, vender y comprar en euros pero podrían intercambiar entre sí, dentro de Grecia, con esa segunda moneda. Emitir esa moneda serviría para prepararse a lo que parece inevitable, su salida de la unión europea y del euro.

La confrontación será muy fuerte; las posiciones son extremas: pagar o crecer; libre comercio o producción interna; seguir los dictados de la troika o democracia. En las próximas semanas y meses Grecia decidirá su destino y tal vez el de Europa.

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