Eva y los hechos

8 marzo 2015 | Categorías: Opinió | 627 lecturas |

 Marlis Gonzaleznuevatribuna

 

Mañana es 8 de marzo. Es el Día Internacional de la Mujer. Conmemoración que, en sus inicios, se dedicó a difundir las reivindicaciones de la mujer trabajadora pero que en la actualidad reivindica los Derechos de todas. Y entiendo que todos los Derechos.

Al hablar de todos los derecbos y los derechos de todas hablamos de toda la vida que conocemos, en todos los ámbitos, sociales, personales, etc.

Tomaré una  mujer imaginaria -por no referirme a ningún tipo concreto- , la llamaré EVA  en honor de la primera mujer en la tierra según el ideario cristiano. Eva porque ella fue lo que luego fuimos, Eva porque nos representa a todas.

Construyamos para Eva, y entre todos, el mapa, la radiografía, la pintura que puede ilustrar y  mostrar su situación en la sociedad en la que vive. Me referiré a la sociedad española y, en algún caso haré referencia a diferencias palpables con otras sociedades.

Eva vive en España, es una mujer adulta, cualquiera que sea el rango de edad que le demos a la adultez. Pongamos que tiene instrucción, sin especificar nivel, pues no será determinante.

Pongamos que Eva es una persona que vive su sexualidad y afectividad como cualquier otra mujer, sin detallar aún las formas de vinculación con su pareja.

Pongamos que Eva cumple con sus obligaciones ciudadanas: paga sus impuestos, trabaja, acude a votar, respeta las instituciones democráticas.

Pongamos que a EVA, aún a pesar de la crisis, no le ha ido mal. Puede sostenerse económicamente sin grandes sacrificios y ha decido pasar a la acción ayudando a los que menos tienen o incluso no tienen nada.

Se para a pensar para decidir la forma de hacerlo. Pero el pensar es un ejercicio autónomo, que se propaga por sí mismo, y Eva piensa de más. No se detiene en ver qué tipo de ayuda puede aportar ni cuando ni donde sino que le da por reflexionar sobre lo que ve y sus causas. Así, se encuentra con el  cliché anverso de la foto que le muestran cada día los medios y la sociedad bien pensante, políticos incluidos, en donde solo se habla de lo conseguido -mucho por cierto- mientras se obvia aquellos elementos que no funcionan.

Y ¿qué se encontraría nuestra Eva?

Se encontraría un país con un muy elevado nivel de igualdad formal pero escasa implantación de la igualdad real.

En este país las niñas desde el colegio caen en clichés antiguos favorecedores de futuras violencias contra ellas debido a la inexistente Educación sexual en escuelas e institutos. Ejemplos a miles, basta citar la encuesta del Ministerio de Sanidad según la cual los adolescentes ven normal controlar a sus novias, adolescentes también, a través del wusup, de la ropa, con quien hablan y salen, etc.  Donde más tarde, ya adultas, tienen una alta probabilidad de ser violadas, maltratadas, acosadas sexualmente o moralmente, vilipendiadas y catalogadas siempre -debido a su condición de mujer- culpables de aquello que les pase o, al menos, de no haber pensado que esto podía pasarles. Porque se sigue entendiendo que el poder y la razón en principio es de ellos, los que fueron sus compañeros de escuela e instituto. Y no se olvida Eva  que, debido a su condición de españolas, no es probable que caigan en redes de tráfico de personas para ser prostituidas como les ocurre a muchas otras que llegan a España como esclavas de mafias de proxenetas.

Hechos muy recientes lo demuestran:  una mujer fue vilipendiada en un campo de fútbol porque se había atrevido a denunciar por violencia de género a uno de los jugadores del Betis. Siguiendo con fútbol -el deporte rey, el que más gusta a nuestros varones- una joven linier fue insultada con palabras como zorra-guarra-puta y esa agresión solo mereció una multa de 50 €. Es decir, gratis total. ¿Qué pensará la Eva linier del futuro que le espera en este su país?

La falta de educación sexual no solo perjudica a las mujeres y niñas sino también a los chicos y hombres porque les priva de abrir su mente y pensamiento a otras posibilidades  de vida distintas de las que observa en su medio,; justo lo que es la base del progreso social. Hacerse preguntas, darse respuestas, considerar otras posibilidades y argumentar porqué sí o porqué no. Y la educación sexual no es disciplina que hable tan solo de genitales -ese es el error común- sino de igualdad, respeto y no discriminación por razón de sexo, género, identidad sexual etc. Y como todos somos seres sexuados todos nos vemos abocados a reflexionar y aprender sobre alguno de estos 3 constructos alguna vez en la vida. Una buena educación sexual hubiera evitado el bochorno a esas mujeres en esos campos de fútbol.

Y cuando Eva mira al mundo del trabajo en el que está inmersa ¿qué es lo que ve? Un panorama desolador. Mayor tasa de desempleo femenino según cualquier encuesta, sale del paro más tarde, más problemas para la incorporación tardía al ámbito laboral, de conciliación (una cosa mayormente de ellas), jubilaciones más reducidas y -lo más sangrante- menor sueldo por igual trabajo. Es decir: que si nuestra Eva ha conseguido superar todas las barreras mencionadas o no estar incluida en ellas el premio que la espera es cobrar mucho menos, un 30%, por igual trabajo que sus compañeros de colegio e instituto. Todo esto dicho a pesar de que las Evas de nuestro país son las que obtienen mejores notas y más titulaciones en los centros formativos que sus compañeros varones.

Agobiada ya por la desazón que le produce todo lo que ve, nuestra Eva se fija en la institución clave para administrar consuelo en nuestro país, según viene presumiendo desde siempre. Hablo de la Iglesia, sí. Y Eva se pierde entre tanto  desprecio y paternalismo. Obispos que califican a la ideología de género de estar enfocada a acabar con la humanidad -¿qué querrá decir esto se pregunta Eva?- , que el feminismo es una doctrina asesina como los nazis. Hombres santos, en el ideario cristiano, que consideran como única función de la mujer la de la reproducción de la especie, a cualquier precio, incluso la vida de las Evas de turno, y que intentan implantar de forma dictatorial su manera de pensar a la que, casualmente no califican como ideología. Ellos -todos varones- que nunca van a verse en la tesitura de traer al mundo otro ser porque su biología se lo impide. Institución que, por lo demás, no cumple con los parámetros de igualdad puesto que la mujer no ocupa ninguna función relevante salvo la de ser objeto de obligaciones reproductoras y cuidadoras y directo recipiente de la moral de la iglesia. Santos que miran para otro lado en los casos de abusos sexuales, tanto a Evas como a sus compañeros varones, porque el placer está prohibido y hay que silenciarlo, las víctimas no tienen derechos, estos son de los victimarios.

Y Eva no acaba de agobiarse, porque piensa entonces en los derechos que necesita ejercer día a día. Ya no es solo el trabajo, es el acceso a la educación y sanidad que está directamente relacionado con el trabajo. Si no tiene trabajo, si es peor, si cobra menos, si tiene peor jubilación sus derechos de acceso a la educación y a la salud se verán restringidos para Eva y sus congéneres. Así lo ha expuesto el informe de médicos del mundo que acredita que la reforma sanitaria ha supuesto impacto negativo en los colectivos más vulnerables como las mujeres y las menores.  Un ejemplo son las mujeres víctimas de violencia de género a las que se les exige estar ingresadas una noche en el hospital para considerarla como víctimas, ,mujeres embarazadas a quienes se les niega el acceso al seguimiento del embarazo, el postparto o al aborto. La mayor vulnerabilidad de las mujeres en general se da también en la aplicación de la reforma sanitaria. Una nueva exclusión, la exclusión sanitaria.

Si esto me puede pasar a mí, si les pasa a las Evas de España ¿qué les ocurre a las otras Evas, extranjeras, de otra raza, emigrantes? Mucho peor, en todo. Son víctimas tantas veces de prostitución y explotación sexual, tienen dificultades de agrupamiento familiar, están excluidas de atención sanitaria si no tienen documentos, no logran acceder a atención sanitaria si son mayores y tienen enfermedades crónicas, si son víctimas de la trata se les da acceso limitado a aquellas a las que se les otorga el periodo de restablecimiento y reflexión  mientras que al resto no se les reconoce el derecho. Y puede que muchas sean mujeres mutiladas genitalmente, personas que necesitan una atención específica en muchos momentos de su vida; qué problema tan delicado, piensa nuestra Eva.

Y Eva se cansa. Decide no mirar más. Sigue sin saber donde va a arrimar el hombro porque ya no le importa. Quizá incluso no sea preciso arrimarlo según modelo de éxito en alguna organización, quizás baste con levantar la voz, esa que no pueden quitarle, en todos los sitios.

Acabando este ejercicio, este cuento, pongo el único final lógico que le encuentro: Eva se ha hecho feminista para reivindicar sus derechos. Tiemblen señores obispos, señores y señoras políticas, personas con poder porque no hay nada más efectivo que una persona que está convencida de aquello que ha pensado, que ha elaborado con su propio ser.

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