¿Dónde está la clase media?

23 marzo 2015 | Categorías: Estatal, Opinió | 1.113 lecturas |

Luis Molina Temboury Economistas Frente a la Crisis EFC

En un artículo anterior, La imagen de la desigualdad en España en 2014, explicaba por qué es un buen método de análisis dividir la riqueza patrimonial en tramos del 10%, o deciles, que permitan distinguir las diferencias entre los de arriba y los de abajo. Siguiendo ese mismo método y utilizando la misma fuente estadística, el Global Wealth Databook 2014 de Credit Suisse (GWD-2014), se puede calcular el patrimonio promedio en cada uno de esos diez tramos. Así, cada cual podrá calcular el suyo propio y ubicarse en esa sintética escala social.

Cuando se habla de riqueza hay que referirse al patrimonio o propiedades, no a las rentas o ingresos. Es el patrimonio lo que distingue al rico de quien no lo es. Una renta salarial, por alta que sea, se evapora en un instante cuando se pierde el empleo. Por ello, quien percibe rentas altas procura transformar buena parte de ellas en patrimonio. Claro que también se puede perder el patrimonio, incluso dilapidarlo en poco tiempo en el gran casino financiero, pero en general las rentas son más volátiles. Un gran patrimonio se puede mantener por los siglos con sólo evitar el despilfarro.

Que los patrimonios son el verdadero poder económico es tan notorio que, a pesar del escandaloso crecimiento de la desigualdad, han dejado de pagar impuestos, progresivos o de ningún otro tipo. Los estados ya ni siquiera cuentan con estadísticas que puedan medirlos (por eso hay que acudir a datos de la banca suiza).  Y disfrutan descarados refugios a prueba de curiosos, aunque algún atrevido informático haya destapado últimamente sus vergüenzas.

Según el GWD-2014, el patrimonio global de los españoles en 2014 era 5,033 billones de dólares, unas 3,5 veces la suma de rentas, o PIB, de ese año. El patrimonio promedio (para una población que  se calculaba en 46,681 millones) fue, por tanto, 107.817 $USA por habitante (81.126 € al cambio de ese año). Pero conviene observar ese indicador en diferentes tramos. No olvidemos que en estadística cuando uno se come dos pollos y otro ninguno, en promedio se han comido un pollo cada uno.

Ordenando la población según su patrimonio, de menos a más, y dividiéndola en tramos del 10%, o deciles, se puede calcular el patrimonio promedio que corresponde a los ciudadanos que se encuentran en cada una de esas décimas partes de la población total.

Vemos en el gráfico que el 10% de españoles del primer decil, los que menos tienen, no sólo carecen de posesiones sino que tienen una deuda per cápita de -3.235 $USA. Una familia tipo de cuatro personas que esté en ese tramo deberá  -12.940 $USA, lo que contrasta con lo que le correspondería en un reparto igualitario (431.268 $USA).

Subiendo al siguiente escalón, el segundo 10% de españoles tendría 6.469 $USA en promedio por persona; en el tercer decil, 21.563 $USA, y así hacia los deciles de arriba. Cada cual podrá calcular en qué decil se encuentra dividiendo su patrimonio (descontadas hipotecas y deudas) entre el número de miembros que lo comparten, sin olvidar transformar los euros a dólares (1,329 $USA por €, según el cambio promedio mensual en 2014).

LMT-1

El hecho de que el promedio de la riqueza por habitante se sitúe hacia la parte alta del decil número ocho nos da un primer indicio de la acusada concentración de la riqueza en pocas manos, lo que termina de confirmarse por el abrupto ascenso del decil número diez.

El patrimonio promedio per cápita del último decil, el 10% que más tiene, se acerca a 600.000 $USA. Las posesiones de esa familia tipo de cuatro personas en dicho decil serían 2,4 millones de dólares, 5,6 veces más que el promedio. Téngase en cuenta que, como veíamos en el artículo anterior, ese 10% de la población posee el 55,6% de toda la riqueza.

Pero si se subdivide ese decil de más arriba en otras diez partes iguales, lo que serían centiles, se observa un nuevo salto espectacular hacia el final. No disponemos de datos de los diez últimos centiles, pero sí del 1%, del 5% y del 10% más rico, con lo que se pueden deducir los tres tramos representados en el segundo gráfico. En él observamos que el reparto en las alturas continúa siendo muy desigual.

El 1% de la población más rica posee, en promedio, 2.911.056 $USA por persona, lo que puede considerarse una buena fortuna (11,6 millones de dólares para esa familia tipo de cuatro). El siguiente 4% tiene un patrimonio per cápita apreciable, pero nada que ver con los cerca de tres millones de dólares de sus vecinos de arriba. Con 479.785 $USA de patrimonio (algo más de 360.000 € al cambio) per cápita se puede vivir bien, pero difícilmente mantenerse sólo de las rentas del patrimonio.

LMT-2

Con los gráficos anteriores puede uno hacerse a la idea de la estructura de las clases sociales en España. Parece existir, tal como manifiestan los indignados del 15-M, una superclase del 1% de la población que se distingue del 99% restante. Esa centésima parte de la población acapara el 27% de toda la riqueza nacional. Sólo éstos podrán permitirse vivir de las rentas de su capital si lo desean. De ahí para abajo toca trabajar.

Pero trabajar no significa “ser de la clase trabajadora” o que los parados no lo sean. Entre los trabajadores españoles habrá gente de clase alta, de clase media, muchos que vivan al día con un modesto patrimonio y también un alto porcentaje de trabajadores en la pobreza, algo verdaderamente difícil de asimilar en un país supuestamente desarrollado.

Situar a la clase media no es fácil porque ni siquiera hay consenso entre sociólogos y economistas sobre lo que significa tal cosa. Si nos atenemos a lo que opina la gente de sí misma en las encuestas del CIS, la clase media sería muy amplia. El problema es que esos datos son poco consistentes porque la respuesta suele estar muy sesgada por la pregunta. La mayoría no se siente rica pero tampoco quiere ser pobre ni “de clase baja”. Además, como se observa en los gráficos, salvo para el 1% de arriba, los patrimonios siguen una progresión sostenida que hace difícil delimitar las fronteras.

A la vista de la distribución del patrimonio cada uno puede sacar sus propias conclusiones sobre la magnitud y la ubicación de la clase media. Personalmente me apunto a la tesis del profesor Vicenç Navarro en su artículo El mito de las clases medias en el que explica que lo que verdaderamente abunda es la clase trabajadora. En mi opinión, los españoles podríamos clasificarnos en cinco grupos, tal como se resume en el cuadro adjunto.

LMT-3

En la cúspide estaría el 1% o clase capitalista, una centésima parte de la población que en 2014 atesoraba el 27% de la riqueza conjunta. Su patrimonio promedio per cápita sería 2,2 millones de euros, con una concentración todavía creciente hacia arriba, por increíble que parezca. Baste señalar que el límite inferior sería un millón de euros, pero el superior llegaría a los 50.000 millones de euros, la fortuna del español que más tiene según Forbes.

A continuación habría una clase media-alta que englobaría al siguiente 9% de la población y que en 2014 poseían el 28,6% de toda la riqueza conjunta. No son capitalistas, pero disponen de un patrimonio que a poco que lo cuiden prosperará.

El siguiente 20% sería esa clase media que buscamos, con un límite inferior en la divisoria de los deciles 7 y 8, unos 65.000€ de patrimonio per cápita, y un límite superior entre los deciles 9 y 10, alrededor de 145.000€. Comparten el 22,2% de la riqueza total, cerca de lo que les correspondería si el reparto fuese equitativo, y su patrimonio promedio per cápita sería 90.000€. En un país de escasos servicios sociales y con una altísima tasa de paro, como es España, no es para tirar cohetes. Pero, por otro lado, varios miembros de una misma familia sumarían un patrimonio conjunto que les proporcionaría cierto bienestar y estabilidad.

De ahí para abajo estaría la clase trabajadora, que englobaría al 70% de la población y a la que le correspondería el mismo porcentaje del patrimonio conjunto que a la clase media, el 22,2%. Pero he reducido esa clase trabajadora al 50% para descontar los dos primeros deciles a los que denomino “precariado”, pues por abajo la cosa pinta exageradamente mal. Ese 20% del precariado sólo tenía en 2014 el 0,3% de la riqueza, y más de la mitad de ellos tenían un patrimonio negativo. Sus pertenencias promedio y per cápita serían 1.000 €. Un coche viejo y poco más para una familia que estuviese en la parte alta del segundo decil, por ejemplo.

Se puede deducir hacia dónde tiende esta clasificación de los patrimonios observando su evolución. En la cúspide, el proceso de acumulación viene siendo descomunal. Según una serie revisada del GWD-2014, la proporción de riqueza que se lleva el 1% de arriba pasó del 22,3% al comienzo de la crisis, en 2008, al 27,0% en 2014. Quedó, por tanto, un 4,7% menos a repartir entre el restante 99% de la población. Una auténtica barbaridad teniendo en cuenta que, en 2014, el 30% de la población debía conformarse con el 2,3% de la riqueza total. Si todo ese flujo de patrimonio hubiese ido a triplicar las posesiones de ese 30% más necesitado, la demanda interna, y por ende la economía española, estaría ahora boyante. La triste realidad es que gran parte de ese patrimonio que ha seguido fluyendo hacia una ínfima parte de los de arriba habrá acabado oculto en algún paraíso fiscal contribuyendo bien poco a impulsar el consumo y, de paso, a reducir el paro.

El reparto de las rentas afecta a la distribución de los patrimonios. En los dos primeros años  de gobierno del PP, las rentas salariales del 29% de la población que compondrían las clases media y media-alta evolucionaron a mejor. Según el decil de salarios del empleo principal de la EPA –estadística, esta sí, oficial y del INE- entre 2011 y 2013, último dato publicado, los salarios medios del último decil subieron el 3,5%. Los del decil 9 subieron un 2,4%, y los del decil 8, el 3,2%. En contraste, los salarios medios del primer decil bajaron nada menos que un -10,8%, los del segundo el -6,0% y todavía los del tercero bajaron el -2,3%.

Es decir, que las rentas salariales, como los patrimonios, vienen redistribuyéndose con fuerza a la inversa, de lo que se deduce que la desigualdad seguirá creciendo y que el escaso  patrimonio de la mayoritaria clase trabajadora seguirá disminuyendo. Todo un desafío a la lógica de un sistema económico que se pretenda mínimamente sensato.

Para terminar, observando el reparto de los patrimonios y su evolución, resulta curioso que en este año crucial de la política los dos grandes partidos, PP y PSOE, y alguno de los emergentes, como Ciudadanos, dirijan su discurso a la mayoritaria clase media. Tratar a la gente como lo que le gustaría ser, y no es, puede que sea una estrategia electoral rentable. O igual es una metedura de pata de cierta clase política demasiado proclive a confundir su situación y entorno personal, entre el 10% de arriba, con la realidad de los dem

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