El fin de la España de los 705

24 abril 2015 | Categorías: Estatal, Opinió | 684 lecturas |

Hugo Martínez Abarca - cuartopoder

No es fácil encontrar metáforas a la altura de los 705 personajes políticamente relevantes (más relevantes que alcaldes y concejales, que no entran en los 705) que evadieron dinero, lo colaron por la amnistía fiscal y aún así parecen haber cometido delitos económicos no amnistiados. La primera metáfora que se viene a la cabeza, obviamente, es Alí Babá. Pero sus ladrones cabían en una cueva porque apenas eran 40, qué escasez. Quizás el esqueleto, para explicar que la corrupción es estructural… pero nuestros huesos son poco más de 200, menos de un tercio de esos 705. La única metáfora que no aparece excesivamente menguada es la de la musculatura: tenemos más de 600 músculos. Sí, podríamos decir que la musculatura del Estado, de eso que con rigor llamamos “el régimen”, está podrida.

Bajada la marea de la filtración, las piruetas institucionales y el espectáculo en el barrio de Salamanca con registro y pseudo detención de Rodrigo Rato parece claro que pese a que la operación sea terriblemente nociva para el PP ha sido diseñada para evitar daños mayores.

¡De qué nivel será el escándalo que tengamos en ciernes si la demoledora caída de Rodrigo Rato es sólo un cortafuegos! Rodrigo Rato no es sólo “un referente del Partido Popular” como estamos escuchando. Es el referente de un modelo económico. Por supuesto es el modelo del PP, del aznarato del que presumía Rajoy a su llegada al gobierno (nos sacarían de la crisis porque el PP ya había demostrado en tiempos de Rato hacer la política económica que necesitaba España). Pero es también el modelo que continuaron Zapatero-Solbes-Salgado hasta ubicarnos en “la Champions League de la economía”. Rodrigo Rato llegó a la gerencia del FMI con acuerdo del PP y del Gobierno del PSOE, a la presidencia de Cajamadrid por consenso (político, sindical, patronal…). Rato era el modelo de lo que en estas últimas dos décadas se ha considerado racionalidad económica, prosperidad, sensatez.

Pese a que Rato los representa a todos, les parece menos destructivo que lo que hay detrás, que los otros 704.

El incendio es demoledor para el régimen político: tras el 15M y desde las elecciones europeas se han venido sucediendo respuestas desde arriba para debilitar la pulsión de cambio de nuestro pueblo. La sucesión en la Corona es quizás el más relevante de todos los cortafuegos habilitados: la monarquía es el candado de candados de 1978, es el candado que todo lo cierra, cuya apertura todo lo abre, la clave de bóveda de la arquitectura institucional (y financiero-económica) de la Transición. Hay otros cortafuegos como el relevo de Rubalcaba o la emergencia de Ciudadanos que, junto a Felipe VI, nos intentarán mostrar que es posible un cambio amable, sin estridencias; que con pintar la fachada de un color distinto ya habrán desaparecido los fallos estructurales del edificio.

Las llamas que suponen Rato y sus 704 compañeros de saqueo recuperan contundentemente la energía destituyente que ya tenía ardientes brasas tras tantos escándalos suficientemente demoledores. No estamos ante manzanas podridas sino ante una musculatura podrida y eso queda evidente en un año de un potencial político transformador inmenso.

La construcción de una nueva institucionalidad es la diferencia entre el cambio (un nuevo país) y el recambio (el mismo modelo pero dirigido por quienes hasta ahora no han robado o no se les ha notado mucho). La explosión de los 705 músculos podridos del régimen permite volver a traer al sentido común popular la necesidad del proceso constituyente. No otra cosa es la construcción de la hegemonía sin la que es imposible construir un cambio de raíces populares.

Es ahora, es el año del cambio, un año en que toca convocar los Estados Generales de la Revolución Democrática. Hay que convocarlos, por supuesto, en las urnas, en las municipales y autonómicas inmediatas, en las catalanas y finalmente en las generales, pero no sólo en las urnas. También en las calles. Y también, es muy importante, en los espacios y tribunas de pensamiento y reflexión colectiva: no son pocos los artículos interesantísimos de los últimos días que reflexionan críticamente sobre cómo recuperar la hegemonía del cambio y destapar las operaciones reactivas.

Nada puede dar más miedo que seguir caminando con una musculatura podrida tras echar algo de colonia para que deje de oler mal. Ese conservadurismo es una apuesta suicida segura: no hubo manzanas podridas sino un modelo que necesita engrasar con corrupción la musculatura para caminar en la dirección adecuada, en su dirección adecuada. El recambio consiste en limpiar la musculatura y seguir el mismo rumbo hasta que la podredumbre vuelva a ser imposible de ocultar. El cambio consiste en construir colectivamente otra musculatura que nos lleve a otro camino, éste sí, próspero, democrático, razonable, sostenible y popular.

El carácter estructural del saqueo y la corrupción y el proceso constituyente como única salida próspera y razonable es la base que necesitamos situar en el centro del sentido común popular. Por eso tienen pánico a que conozcamos los nombres de los 705. Por eso es democráticamente urgente que se conozcan. Esos 705 son la prueba de que lo podrido no son unas manzanas sino los cimientos, la musculatura del régimen que cae.

Hugo Martínez Abarca es miembro de Convocatoria por Madrid y candidato a las elecciones autonómicas en la lista de Podemos. Es autor del blog Quien mucho abarca.

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